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ABC LUNES 15 11 2004 Nacional 15 tos días he podido hablar con Condoleeza Rice y Colin Powell. ¿Ha hablado con Aznar de la victoria de Bush? -No he tenido ocasión, pero entiendo que esté satisfecho. Una victoria de Kerry no hubiera supuesto ningún cambio sustantivo de la política exterior norteamericana. Sin embargo, las relaciones personales son las que son y se fraguan especialmente en los momentos difíciles con aquellas personas con las que hemos compartido situaciones muy críticas. En este contexto hay que situar el encuentro de Bush con Aznar. Además, una derrota de Bush podría haber sido interpretada desde diversas esferas, especialmente por el radicalismo islámico, como un debilitamiento de Occidente. ¿A qué atribuye el antiamericanismo que existe en Europa? -Es un fenómeno antiguo que no se puede relacionar exclusivamente con Bush. Recuerdo las risas y las caricaturas que se hacían en Europa sobre Reagan, mientras que ahora nadie se atreve a no admitir que fue un político esencial, protagonista en primera línea del derribo del muro de Berlín. En su momento, las críticas a Reagan no eran en absoluto distintas a las que ahora se hacen sobre Bush. ¿Por qué? Es muy complejo, porque hay antiamericanismo de izquierdas y de derechas de etiologías muy distintas. Europa ha dejado de ser hegemónica y durante el periodo de la guerra fría el resentimiento de fondo contra Estados Unidos se compensaba con el hecho de que El cáncer te enfrenta a tus límites -Debutó como ministra con Perejil y tuvo que asumir la defensa de la intervención en Irak. ¿Siente alivio o echa de menos la cartera? -Esta pregunta me recuerda una cena con Madeleine Albright en la que me decía: Disfruta, disfruta incluso de los malos momentos, porque habrá gente que te diga que cuando dejes de ser ministra estarás más descansada, más tranquila, tendrás más tiempo. No es verdad, echarás de menos cada minuto Eso es así. ¿Ha superado para siempre el cáncer? -Estoy aquí. Nunca he querido hablar demasiado del cáncer porque es algo de mi vida privada y no quise que para nada interfiriera en mi vida pública. Es más, si en algo me he pasado es de actividad, por aquello de que nadie esgrimiera el factor cáncer. ¿Quería dar ejemplo? -Cuando uno vive un cáncer, lo último que piensa es en dar ejemplo. El cáncer es un viaje iniciático, algo que te enfrenta a tus propios límites. Nosotros formamos parte de una generación que no ha pasado hambrunas, que no ha vivido guerras, y tenemos pocas oportunidades de probarnos. El cáncer te descubre que el cuerpo humano es una máquina maravillosa. Que hay mucha más gente generosa- -y compasiva en el mejor sentido de la palabra- -que gente ruin, que también la hay. Y eso es algo muy reconfortante. De esa época guardo recuerdos entrañables, personales, de reacciones de gente que estaba a mi alrededor a la que yo ni tan siquiera conocía. el comunismo se entendía como una amenaza existencial, real. Hoy el terrorismo no se percibe en toda Europa como una amenaza existencial real. Además, durante la guerra fría, los Estados Unidos tenían el contrapeso de la Unión Soviética, y hoy no hay ningún contrapeso a la gran potencia. Ahí surge el sustrato antiamericano. ¿Cree que la muerte de Arafat puede despejar el camino a la paz en Oriente Medio? -La muerte de Arafat abre un nuevo capítulo y lo que tenemos que hacer es que ese capítulo sea de avance. No va a ser fácil. La situación entre lo que son las distintas facciones en la Autoridad Nacional Palestina, los jóvenes que han tomado fuerza a partir de la intifada y el mundo de Hamas, nos debe preocupar. Por otra parte, para avanzar tenemos que trabajar de la mano con los Estados Unidos, con Israel y, por supuesto, con las autoridades palestinas.