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14 Nacional LUNES 15 11 2004 ABC ANA PALACIO Ex ministra de Asuntos Exteriores y diputada del PP Una victoria de Kerry no habría supuesto cambios en la política exterior de los EE. UU. Viaja más que cuando era ministra de Exteriores. Participó como invitada en la convención republicana y en la demócrata; preside una comisión del Congreso y mantiene que el terrorismo está en guerra no sólo con los EE. UU. sino con Occidente TEXTO: PABLO PLANAS FOTOGRAFÍA: IGNACIO GIL ¿A qué atribuye el convencimiento generalizado en Europa de que Kerry iba a ganar las elecciones? -En Europa caemos en la falacia de pensar que los estadounidenses son como nosotros, y no es así. La típica encuesta sobre las preferencias personales de los norteamericanos revela que hasta los que no le votaron prefieren tomar una cerveza con Bush en vez de con Kerry. Tenemos una cierta tendencia a ser paternalistas con los norteamericanos y no nos damos cuenta de hasta qué punto sus valores, su individualismo, hacen que su planteamiento de la política sea muy distinto. -Se extendió también la idea de que la política exterior de Kerry iba a ser muy distinta a la de Bush... -Sí, los medios de comunicación son en parte responsables porque, en general, abordaron la campaña desde un punto de vista muy sesgado y dieron a entender que Kerry cambiaría la sustancia de la política exterior. Y ha habido quien, como nuestro actual Gobierno, ha llegado a pensar que desaires gratuitos a la Administración Bush le facilitarían una relación privilegiada con los demócratas. Cualquiera que conozca un poco los Estados Unidos sabe que eso no iba a suceder. Los norteamericanos tienen un sentido del país y sus símbolos muy profundo. Son norteamericanos antes de ser demócratas o republicanos. Por otra parte, Kerry hubiera mantenido los mismos fundamentos de la política exterior y, en particular, la misma posición en relación al protocolo de Kyoto y la pena de muerte, o respecto al Tribunal Penal Internacional. -En España se han extrapolado los resultados de los Estados Unidos a la dinámica partidista. ¿Se sienten reforzados en el PP? -En lo que es la política con los Estados Unidos, el mensaje del PP es el mismo con una Administración Bush que con una Administración demócrata. Lo que el PP defendía y defiende es la importancia del vínculo con los Estados Unidos. No hay que olvidar la excelente relación que tuvo Aznar con Clinton. Partíamos de un análisis coincidente sobre dos cuestiones fundamentales. La primera es el terrorismo. Entre los líderes mundiales que primero entendieron la trascendencia del terrorismo está Aznar. Ésta es la primera conexión. Recordemos que es después del 11- S cuando Aznar consigue en dos meses que la UE apruebe la orden de La ex ministra de Exteriores durante la entrevista en su domicilio de Madrid detención y entrega y la definición común de terrorismo. El segundo asunto es América Latina y lo hispano. España es el segundo inversor en América Latina, y por lo tanto, es una prioridad. El Gobierno de Zapatero también dice que es una prioridad, pero hay que ir más allá de la retórica. El primer inversor es Estados Unidos y en ese país se está produciendo un fenómeno trascendente, el de la pujanza de lo hispano, a lo que España no puede ser ajena. En esta triangulación de relaciones entre Estados Unidos, América Latina y Europa, España dispone de bazas importantes que tiene que jugar. Por lo tanto no se trata de hacer dinámica partidista. Mariano Rajoy ha ofrecido un pacto de Estado y lo importante es que el Gobierno rectifique su política cuanto antes. -Sin embargo, gran parte de la opinión pública entendía que las relaciones con los Estados Unidos eran de subordinación. -La realidad es que España con los Gobiernos de Aznar contaba, en Europa y en el mundo. El PP hizo muy bien las cosas y las explicó, a veces, francamente regular, por no decir mal. Hubo un déficit de comunicación. ¿Fueron conscientes del rechazo al apoyo a la intervención en Irak? -En política, a veces, hay que tomar decisiones impopulares. Lo hicimos por responsabilidad En unas circunstancias muy difíciles, con una campaña de comunicación muy contraria, nos faltó capacidad de explicar. -Pero la realidad es que no había armas de destrucción masiva ni vínculos con Al Qaida. -A mí me han mirado todas mis declaraciones de ministra con lupa para encontrar una referencia a Al Qaida. Nunca la hice. Por otra parte, que Sadam Husein tenía armas de destrucción masiva era algo que compartían todos los servicios secretos del mundo occidental. Ahora parece que lo de las armas de destrucción masiva fue un invento. No es verdad, fue una equivocación, sí, pero de todos. -Hay muchos líderes políticos que sostienen que las intervenciones bélicas de los Estados Unidos aumentan el fenómeno del terrorismo. -Estamos en guerra. No es una guerra convencional, pero estamos en guerra. Yo no comparto el lenguaje que, a este lado del Atlántico, insiste en hablar de la lucha contra el terrorismo como se habla de la lucha contra el crimen organizado o el tráfico de seres humanos. Y es un error que la Constitución europea descafeinara la propuesta española de solidaridad en caso de atentado o amenaza terrorista, incluyendo en el mismo artículo las catástrofes naturales o causadas por la mano del hombre, lo que equivaldría a poner en pie de igualdad el huracán de Florida y el atentado contra las torres gemelas. Y eso, los norteamericanos no lo entienden. ¿Mantiene usted también las buenas relaciones con quienes eran sus interlocutores norteamericanos? -En general, sí, y es un gran privilegio, porque las relaciones se establecen en función del cargo, y sólo algunas se conservan como personales. Es- AZNAR Y BUSH Las relaciones personales son las que son y se fraguan en los momentos difíciles En este contexto hay que situar el encuentro de Bush con José María Aznar