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ABC LUNES 15 11 2004 11 El Gobierno aplaza las inversiones reales del Plan Galicia hasta dentro de 3 ó 4 años La iniciativa de reclutar a hijos de inmigrantes en otros países levantó suspicacias en 2001. Hoy, las Fuerzas Armadas dedican guiños y facilidades a los extranjeros para que se alisten Un caladero de reclutas que se resiste TEXTO: L. L. C. Un marinero despide al buque Galicia, que parte con ayuda humanitaria añadidura, la vida en los buques, donde- -insiste Defensa- cuando falta personal, se produce una sobrecarga de trabajo que hay que realizar de todas formas, con lo que el esfuerzo que se exige a los que se quedan es cada vez mayor, y al final acaban decidiendo no seguir No obstante, las mismas fuentes rechazan que la búsqueda de personal en los caladeros de Extranjería para cubrir esos puestos sea una solución a la desesperada para intentar atajar el rechazo de los españoles a tales plazas. Su inserción en el Ejército ha sido una experiencia positiva, en cuanto al rendimiento y a la adaptación, y su nivel de funcionamiento y académico es incluso superior al de los nacionales aseguran. Al tiempo, el departamento de Defensa recuerda que la ampliación a un 7 por ciento del cupo de extranjeros en las Fuerzas Armadas no significa que tengan reservado un cupo específico para ellos, puesto que optan al acceso a ABC cada una de ellas en competencia con los españoles. A pesar de la medida que va a ampliar las oportunidades de los extranjeros en los tres Ejércitos, no existe garantía de que la apertura de los barcos a aspirantes de otros países vaya a resolver el problema de personal. Poco atractivo, por ahora La referencia es que, en las unidades a las que ya tienen acceso- -Brigada de Infantería Ligera rey Alfonso XIII II de la Legión; la Brigada de Infantería Ligera Paracaidista Almogávares VI el Tercio de la Armada y el Escuadrón de Zapadores Paracaidistas- -se contabiliza hoy la presencia de sólo 1.051 extranjeros, un 1,46 por ciento de los 71.711 miembros de tropa y marinería, cuando la horquilla prevista les permitiría ocupar hasta 1.434 plazas, el 2 por ciento. De ellos, sólo 125 están en la Armada, 900 en Tierra y 26 en el Ejército del Aire. Desde que en 2001 el Ejército español saliera de campaña folleto en mano a países como Argentina y Uruguay a buscar hijos de inmigrantes que incorporar a sus filas, mucho han cambiado las cosas. La experiencia piloto allende los mares exaltó entonces las iras patrióticas de quienes, con nombre y apellido, tacharon de un poco triste la iniciativa de recurrir a canteras de otras países y temieron en voz baja que una avalancha de forasteros adulterara sin solución el carácter nacional de la institución. No faltaron quienes aventuraron para ellos un papel de carne de cañón a desempeñar no se sabe bien en qué operaciones perversas. Tres años y un Real Decreto después, el 1244 2002 que aprobó el Reglamento de acceso de Extranjeros a la condición militar de tropa y marinería la realidad es que la presencia de jóvenes hispanoamericanos o de Guinea Ecuatorial en las unidades de tropa y marinería a las que tienen acceso, limitado y condicional, no alcanza siquiera el 2 por ciento que se puso como techo. Sólo ocupan 1.051 de las 1.434 que podrían, un 1,46 por 100, reflejo de que ni ha habido efecto llamada ni invasión. Muy por el contrario, hoy son las Fuerzas Armadas las que parecen volver los ojos a este caladero fuente alternativa de reclutamiento, al que el Ministerio de Defensa ha anunciado que ofertará en 2005 el 7 por 100 de las nuevas plazas. Cubrirlas exigirá esfuerzos añadidos para convertir en atractiva una profesión que, ahí están los datos, tampoco entusiasma a los extranjeros. Y es que, por lo que se ve, la profesionalización romana o lo que es lo mismo, utilizar el Ejército como vía de integración y nacionalización de inmigrantes, no parece anzuelo suficiente. Tampoco las campañas publicitarias que muestran una trepidante vida en caqui, digna de un superhéroe de Hollywood, han convencido. A modo de guiño a los extranjeros, desde las Fuerzas Armadas se recalca hace mucho tiempo que se querría contar con más forasteros entre la tropa una vez que se han apreciado su gran nivel funcional y académico, superior al de los españoles y su perfecta capacidad para ser uno más Las Fuerzas Armadas no tendrían la altura que tienen si no supieran abrir sus puertas a quienes quieren servir lo que la Constitución dice subrayó el ministro José Bono en su reciente visita a Afganistán. No obstante, la falta de vocación, las generaciones enteras educadas muchas veces en el antimilitarismo, los bajos sueldos y la excesiva temporalidad de los compromisos pesan demasiado para los jóvenes de aquí y de allá a la hora de decidirse por el uniforme. Los últimos, además, con el agravio añadido de una casi imposible promoción. Ante este recelo de propios e invitados, aflora de manera recurrente un débil debate sobre la posibilidad de incorporar al Ejército español a soldados y marineros de credo musulmán, a imagen del antiguo cuerpo de Regulares, cuya recluta ha sido tradicionalmente marroquí. Un debate este, que, por ahora, despierta en contra razones de dobles lealtades- -el norte de África sigue siendo zona sensible para la defensa- -y el temor a reacciones xenófobas que recomiendan, en conjunto, poner la idea en cuarentena.