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ABC LUNES 15 11 2004 Opinión 7 JAIME CAMPMANY Ahora, los moros, los llames como los llames, vienen de nuevo, sin Averroes, sin caballos y sin cimitarras, pero con pateras y con hambre MOROS Y CRISTIANOS sea, que aquí estamos todos hablando con tacos, escribiendo con tacos, soltando tacos, que no hay novela, obra de teatro, película o colección de artículos donde no salga una retahíla de palabrotas. Hasta los niños sueltan ternos y hablan como arrieros o descargadores de muelle, y dicen coño, cabrón, joder, me cago en la leche y de puta madre. Ahora, todo lo bueno es de puta madre. La verdadera libertad de expresión consiste en hablar así. Ah, pero en cambio existe una prohibición no codificada para llamar a algunos sujetos por su nombre genérico. Eso es ofensivo. Al negro no se le puede llamar negro, ni al maricón se le puede llamar maricón, ni al moro se le puede llamar moro. Con las profesiones pasa lo mismo, y se buscan sustitutivos y ñoñismos para no designar los oficios por sus nombres. La criada es empleada del hogar, la puta es una profesional del sexo, y en Italia los barrenderos son asistentes ecológicos. Si lleváramos hasta sus últimas consecuencias la prohibición de llamar moro al moro, según lo políticamente correcto que circula ahora por estos páramos aproximadamente cristianos, nos veríamos en la necesidad de prescindir de muchas frases hechas, tan bellas como expresivas. No podríamos decir, por ejemplo, lo de bajarse al moro, que es algo que de vez en cuando hace Felipe González. Ni avisar de que hay moros en la costa, que los hay, y ahora sin Colin Powell y con Moratinos los habrá más todavía. En el Diccionario fraseológico de Manuel Seco se recogen algunas de las más frecuentes frases con moro, tales como el moro Muza persona imaginaria que se une a los dos moros Muza que de verdad hubo danzando por la Reconquista; o moros y cristianos que, además de esos de las fiestas, se le llama así a la olla de arroz y judías pintas; ser un moro que se dice por ser muy celoso y o todos moros o todos cristianos que se usa para pedir esa igualdad de los hombres, sobre todo ante la ley, que tanto se pregona y que tan poco se cumple. Por ejemplo, Mario Conde es moro, y los Albertos son cristianos. Todavía podría añadir algunas más, que tal vez se le hayan escapado a Manuel Seco o puede ser que las haya desechado por algún motivo, no sé. Se usa estar moro para indicar elestado delniño al que todavía no seha bautizado, y por tanto no es cristiano. O la frase, que es un prodigio de expresión, a moro muerto, gran lanzada que es, verbigracia, la que le dio Alfonso Guerra a Pilar Miró al sacar a la luz aquellas facturas de ropa que Paco Umbral llamaba las braguitas de Loewe La verdad es que a los moros se les puede llamar de muchas maneras, y además los hay de múltiples y diversas especies, y muchas de ellas ami tierra vinieron y aquí sequedaron durante casi ocho siglos. Como después de la Reconquista hemos tenido nuevos dimes y diretes con ellos que me tengo que ir a la guerra del moro se cantaba hace apenas cuatro días) resulta que nuestra Historia es un revoltijo de moros y cristianos. En mi tierra de Murcia, todavía fuman en cuclillas debajo de los naranjos. Y ahora, los moros vienen de nuevo, sin Averroes, sin caballos y sin cimitarras, pero con pateras y con hambre. O JUAN MANUEL DE PRADA La publicidad que la propaganda gubernativa ha dado al encuentro albaceteño delata esa actitud un tanto zascandil del advenedizo que trata de reparar sus deslices mediante efusiones más bien serviles PELOTEANDO A BUSH DESESPERADAMENTE E L ministro Moratinos se empeña en explicar la invitación que Bush ha cursado a los Reyes de España como una muestra de la cordialidad que rige las relaciones entre España y Estados Unidos. Naturalmente, nadie se traga la bola. Pues lo que el gesto de Bush evidencia es un deseo de distinguir sin ambages el asquito que le suscita el Gobierno presidido por Zapatero del respeto que le merece el pueblo español, representado en la figura de su monarca. Considerando que la forma de gobierno consagrada en nuestra Constitución debe de resultar bastante exótica y abstrusa para un gobernante estadounidense (como demostró el hermanito de Bush, designando oficiosamente a Aznar Presidente de la República la cortesía del inquilino de la Casa Blanca denota un muy sutil discernimiento que subraya aún más la premeditación de su gesto. Sutileza que, por cierto, contrasta con la tosquedad mostrada en reiteradas ocasiones por nuestra facción gubernamental, que nunca supo deslindar la antipatía o aversión que profesaba a Bush de la deferencia debida a una nación por tantas razones admirable, quizá porque el antiamericanismo de pandereta que tantos réditos electorales concede no podía permitirse el lujo de reparar en matices. Dicha tosquedad alcanzó su expresión más ostentosa cuando Zapatero permaneció sentado al paso de la bandera de las barras y las estrellas, durante la penúltima celebración del Día de las Fuerzas Armadas; pero aún encontraría nuevas oportunidades para la fanfarronería, como cuando el ministro Bono explicó la ausencia de tropas americanas en el último desfile como una demostración de que se habían acabado la subordinación y el ponerse de rodillas ante Estados Unidos. Al propio Bono le ha faltado tiempo para comerse el orgullo con patatas y correr a rendir pleitesía al papá de Bush, que descansa en una finca de Albacete. ¿Ha- bría Bono aceptado la invitación del papá de Bush si el resultado de las elecciones americanas hubiese favorecido a Kerry? Seguramente, habría alegado razones de fuerza mayor para evitar el marrón; o, en caso de haber cargado con él, se habría preocupado de mantenerlo en la clandestinidad. La publicidad que la propaganda gubernativa ha dado al encuentro albaceteño delata esa actitud un tanto zascandil del advenedizo que trata de reparar sus deslices mediante efusiones más bien serviles. Idéntico afán sorprendemos en la celeridad con que Zapatero felicitó a Bush por su triunfo electoral; felicitación que, por cierto, Bush aún no ha agradecido, pues debe de hallarse muy entretenido atendiendo las llamadas de los mandatarios de Andorra y San Marino, que ya se sabe que cuando cogen el teléfono es que no lo sueltan. Para entretener la espera, Zapatero ha recibido durante hora y media al embajador Argyros, con quien departió, según la propaganda gubernativa, muy amistosamente; el mismo Argyros, por cierto, cuya ausencia en el desfile de las Fuerzas Armadas fue tildada por Rubalcaba de desaire al Rey Entre la hostilidad displicente de hace apenas un mes y la pringosa obsequiosidad de hoy se detecta un contraste demasiado aparatoso y abrupto. Nuestro Gobierno ha pasado de hacerse la estrecha a abrirse inmoderadamente de patas. Ayer reproducía Álvaro Delgado- Gal unas palabras de Zapatero, proferidas poco después de ganar las elecciones, que si en su día estimulaban la hilaridad hoy incitan al alipori: Tengo la sensación de que la victoria del Partido Socialista en España tendrá un impacto muy grande en lo que suceda en los Estados Unidos en noviembre Definitivamente, aquel tratamiento por vía rectal que aconsejaba Rodríguez Ibarra al Gobierno habrá de ampliarse a otros campos de su acción, más allá de la concesión de indultos.