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4 Opinión LUNES 15 11 2004 ABC Directores Adjuntos: Eduardo San Martín, Juan Carlos Martínez Subdirectores: Santiago Castelo, Rodrigo Gutiérrez, Carlos Maribona, Fernando R. Lafuente, Juan María Gastaca Jefes de área: Jaime González (Opinión) Alberto Pérez (Nacional) Miguel Salvatierra (Internacional) Mayte Alcaraz (Sociedad- Cultura) Ángel Laso (Economía) Pablo Planas (Reportajes- corresponsal político) Jesús Aycart (Arte) Adjunto al director: Ramón Pérez- Maura GUILLERMO LUCA DE TENA PRESIDENTA- EDITORA: CATALINA LUCA DE TENA CONSEJERO DELEGADO: SANTIAGO ALONSO PANIAGUA PRESIDENTE DE HONOR: DIRECTOR: Redactores jefes: V. A. Pérez, S. Guijarro (Continuidad) A. Collado (Nacional) F. Cortés (Economía) A. Puerta (Regiones) J. Fernández- Cuesta (Sociedad) A. Garrido (Madrid) J. G. Calero (Cultura) E. Ortego (Deportes) F. Álvarez (TV- Comunicación) L. del Álamo (Diseño) J. Romeu (Fotografía) F. Rubio (Ilustración) Director General: Héctor Casado Económico- financiero: José María Cea Comercial: Laura Múgica Producción y sistemas: Ignacio Sanz IGNACIO CAMACHO BATASUNA VUELVE A ESTELLA A pesar de su situación de ilegalidad, Batasuna finalmente celebró ayer el acto público en San Sebastián y dio a conocer su propuesta política para el futuro del País Vasco. Los siete compromisos en que se resume la oferta de la izquierda abertzale no constituyen más que una versión actualizada del Acuerdo de Estella: superación del conflicto ámbito vasco de decisión, consulta en un escenario sin violencia y respeto a la voluntad popular. Al igual que se preveía en la estrategia nacionalista de 1998, la propuesta desdobla el papel de los agentes de este proceso. Por un lado, el acuerdo entre las formaciones políticas vascas; por otro, la negociación entre ETA y los Estados español y francés, para tratar la desmilitarización del conflicto, los presos deportados, refugiados y víctimas Batasuna también declara que apuesta por vías exclusivamente pacíficas y democráticas que es lo mismo que lleva diciendo la izquierda abertzale desde su aparición en el panorama político vasco, precisamente para evitar su ilegalización. No hay, por tanto, un salto cualitativo en este pronunciamiento de la izquierda abertzale, cuyos efectos están destinados al consumo interno del frente nacionalista y, con carácter indirecto y éxito evidente, a introducir confusión en las zonas adyacentes del socialismo vasco. La respuesta a este documento tiene que venir dada por el nivel de exigencia que el Estado y los firmantes del Pacto Antiterrorista quieran mantener en la presión sobre ETA y la izquierda abertzale. En sí mismo, el documento de Batasuna no representa novedad alguna de tácticas anteriores, que ahora se agudizan por las necesidades operativas de la banda terrorista y la asfixia política y financiera del entramado proetarra, desmantelado pacientemente durante los últimos años gracias al trabajo de la Audiencia Nacional y a la aplicación de la Ley de Partidos. El documento no condena la violencia etarra ni requiere a ETA para un cese definitivo e incondicional del terrorismo. Sin estas premisas, sería un grave error que la política antiterrorista y la marginación de la izquierda proetarra fueran modificadas por una interpretación benéfica de las ambigüedades o medias palabras de la propuesta de Batasuna. Ya no es momento de interpretar a ETA y a sus cómplices, sino de ver actos concretos de renuncia a la violencia, de resarcimiento a las víctimas y de sujeción a los Tribunales de Justicia. En este baile de máscaras, Batasuna insinúa una cierta influencia sobre ETA al comprometerse a tomar las medidas necesarias para que la consulta popular se haga en condiciones pacíficas. A estas alturas, Batasuna no puede pretender que se le crea con capacidad de dirección sobre la banda terrorista, menos aún para garantizar al pueblo vasco una tregua o cese de la violencia. En todo caso, ese compromiso no es más que un intento apremiante de aparentar- -y sólo esto- -la existencia de un nivel político superior a la cúpula etarra. Pero esto no es más que esconder a ETA en una apariencia inverosímil. Es en el plano nacionalista donde el documento de Batasuna encontrará mayor eco, porque la propuesta anunciada por Otegi representa la convergencia de la izquierda abertzale con el plan soberanista del lendakari. Para entenderlo así, resulta decisivo constatar que Batasuna no criticó la propuesta de Ibarretxe, como venía haciendo hasta ahora, sino que postuló la misma doctrina autodeterminista- -con los adornos del diálogo y el pluralismo- -que se encierra en el preámbulo de la iniciativa de libre asociación presentada por el Gobierno de Vitoria. En definitiva, Otegi anunció ayer lo que Ibarretxe venía anunciando- -con sospechosa seguridad- -desde 2001: que habría consulta popular en ausencia de violencia para que los vascos y vascas decidan su futuro. Sobre un tablero de necesidades recíprocas, ETA, PNV y Batasuna han reeditado un guión común para hacer más nacionalista al País Vasco, con el reclamo de la paz como señuelo. El Gobierno y el PSOE deben ser conscientes de que las cartas puestas sobre la mesa por el nacionalismo vasco- -en cualquiera de sus variantes, ETA incluida- -no conducen a un proceso de paz, sino a un proceso de hegemonía nacionalista, bajo la tutela amenazante de ETA. SALDOS MILITARES L PALESTINA JUEGA CON FUEGO ESDE la conferencia de Madrid, los palestinos no habían tenido una ocasión más propicia para lograr sus justas aspiraciones, y es poco probable que vuelvan a tener otra si la desaprovechan. El tiroteo registrado ayer en el entorno de Abu Mazen y Mohamed Dahlan, cuando apenas habíantranscurrido unas horas desde el entierro de Yaser Arafat, confirma los peores presagios y alza grandes dudas sobre la capacidad de los dirigentes palestinos para mantener el orden y evitar que este atribulado pueblo se deslice hacia su propia aniquilación a través de una dolorosa anarquía. Aunque lo deseable sería que los autores de este confuso episodio pertenecieran a un grupo aislado y sin apoyos políticos, desgraciadamente parece más probable que estemos asistiendo al comienzo de un periodo de turbulencias, a una continuación de aquella expresión caóti- D ca de los sentimientos de dolor que el mundo entero pudo ver durante el entierro de Arafat en Ramala. Durante los funerales en El Cairo, algunos responsables internacionales, que simpatizan con la causa palestina, dijeron que sería injusto pedirle al que será el sucesor de Arafat que desmantele de la noche a la mañana las estructuras terroristas que durante años han estado alimentando la espiral de violencia con Israel. Pero si ahora mismo los líderes palestinos no son capaces de controlar a los partidarios de las armas, todo lo demás será inútil. Los palestinos en su conjunto han de comprender que la democracia es su única posibilidad de salvación, que ahora su fuerza no reside en sus fusiles kalashnikov, sino en su determinación por demostrar al mundo que son una sociedad responsable y capaz de vivir en paz. AS expectativas de que Europa consolide una capacidad militar autónoma siguen estando en el terreno de los deseos, principalmente porque no existe disposición política- -tampoco económica- -de los Gobiernos de la UE para compaginar su seguridad colectiva con el bienestar de sus ciudadanos. Por su parte, Estados Unidos ya ha anunciado que va a retirar buena parte de su contingente europeo, revisando así sus intereses estratégicos y su papel de protector del Viejo Continente. Ante este panorama, España está llamada a hacer crítica de su capacidad militar. Lamentablemente, las conclusiones, si se hicieran en la actualidad, sólo podrían ser pesimistas. La supresión de la mili decidida por un gobierno de centro derecha, fue una decisión ajustada a la mentalidad de la sociedad española, especialmente de su juventud, pero también a la ineficacia del sistema tradicional de reclutamiento para atender las exigencias militares del escenario internacional en el que participa España. Lo que sigue fallando es la consolidación del tránsito a unas Fuerzas Armadas profesionalizadas, bien dotadas y atractivas como servicio a la nación y, por supuesto, como opción laboral. La reciente Directiva de Defensa aprobada por el presidente del Gobierno señala al terrorismo internacional como la primera amenaza contra España y compromete la participación de nuestros militares en operaciones humanitarias, siempre bajo mandato de la ONU, pero la escasez presupuestaria para el Ejército y la insuficiente respuesta a las convocatorias de empleo militar no permiten a España presentarse como una potencia protagonista de la comunidad internacional. La solución no es ampliar el cupo de extranjeros que pueden alistarse en el Ejército, como reacción ante el desinterés de los nacionales, sino dar al oficio militar un respaldo económico y profesional acorde con la responsabilidad que se le atribuye. El reclutamiento de ciudadanos de otras nacionalidades es admisible como fórmula de integración social, pero una extensión de la medida puede mermar el sentido nacional que debe impregnar a todo Ejército. No en vano, la construcción de un Ejército nacional fue uno de los acontecimientos históricos que certificó la abolición del Antiguo Régimen a finales del XVIII. La experiencia está demostrando que es difícil, por no decir imposible, que las condiciones salariales y el corto recorrido de la vida profesional militar compitan con las ofertas generales del mercado laboral. Si se quiere un Ejército profesional, ágil y disuasorio, acorde con el papel internacional que se pretende asignar a España, no hay más opción que pagarlo.