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78 Espectáculos DOMINGO 14 11 2004 ABC CLÁSICA Ciclo de Lied Schumann: Aus Myrten Dichterliebe y otros lieder. Int. Christian Gerhaher, barítono. Gerold Huber, piano. Lugar: Teatro de la Zarzuela. Fecha: 8- XI. TEATRO Santa Juana de los Mataderos Autor: Bertolt Brecht. Traducción: Salvador Oliva y Joan de Sola Llovet. Dirección y adaptación: Àlex Rigola. Escenografía: Bibiana Puigdefàbregas. Música: Oriol Rossell. Vestuario: M. Rafa Serra. Coreografía: Ferran Carvajal y Àlex Rigola. Iluminación: Maria Domènech. Intérpretes: Pere Arquillué, Àurea Márquez, Alícia Pérez, Ivan Benet, Joan Carreras, David Cuspinera, Nao Albert, Quim Dalmau, Daniela Freixas, Nathalie Labiano, Keith Morino, Ana Roblas, Eugeni Roig, Àngels Sànchez y Jacob Torres. Festival de Otoño. Lugar: Teatro de la Abadía. Madrid CLÁSICA Ibermúsica Obras de: E. S. Tüür y J. Sibelius. Int: Cincinnati Symphony Orchestra (Dir: P. Järvi) Lugar: Auditorio Nacional, Madrid. Fecha: 9- XI. CAMINAR EN MÚSICA ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE FORMIDABLE SINFÓNICA DE CINCINNATI ANTONIO IGLESIAS H ace ahora año y medio, el barítono Christian Gerhaher actuaba en el Ciclo de Lied con un programa dedicado a la música de Franz Schubert. Su vuelta se ha producido ahora, teniendo a Robert Schumann de por medio. Gerhaher no se anda por las ramas e insiste en interpretar esa parte trascendental del repertorio, que por serlo siempre soportará la inevitable comparación con otras versiones y la curiosidad de un público que, a estas alturas, ya está muy versado en estos pentagramas. A él se debe el considerar que quizá el punto culminante de este recital debió estar en la interpretación de un ciclo tan lleno de filigranas expresivas como Dichterliebe Puede ser, pues ahí Gerhaher dio nuevas alas al buen gusto, la naturalidad y la sencillez vocal con la que había atendido previamente las canciones de Aus Myrten Ante Dichterliebe fue más allá y disfrazó la frescura inicial con algunos acentos insospechados, cuidando motivos y conceptos antes que la definición del total en algunos lieder incluso perdiendo fuerza, apoyo y hasta afinación al tratar de concentrarse en la media voz. Estuvo noble y concentrado, medido en ese punto de evocación y poesía que parece adherido a cada nota del ciclo. No obstante, cualquier observación al trabajo de Gerhaher no es más que una mínima pincelada en un ciclo que globalmente fue grande, llevado con la seguridad, afirmación y solvencia de quien es todo un narrador de músicas. En este sentido, también Gerhaher es, de alguna manera, un colaborador del pianista Gerold Huber, a quien se le nota su afición a Bach por la forma de explicar y diseccionar el entramado del acompañamiento y sentido sonoro de un instrumento que fue haciéndose más cristalino. Por eso llegadas las romanzas y baladas finales todo pareció cobrar una dimensión distinta. Más severa y atemperada, más cercana a quien se le entiende lo que dice y sabe lo que ha de contar. Caminar por el ánimo y profundizar en la progresiva horizontalidad de los Sechs Gedichte y el Réquiem o aún atender a la largura de La novia del León El pobre Pedro o Baltasar fue la mejor forma de concluir un recital digno de un cantante al que se le adivina un poso de conocimiento, un grado de sensibilidad y un ápice de rectitud realmente admirables. BRECHT ROLL JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN H abía ya cumplido treinta años Bertolt Brecht (1898- 1956) cuando escribió esta didáctica fábula sobre cómo la miseria de unos engorda los bolsillos de otros. La fecha de creación de la obra se sitúa (tomo 4 del Teatro completo de Brecht; Alianza, 1990) en el periodo 1929- 1931, al compás de los crujidos de los cimientos de un mundo perplejo ante el terromoto que había devastado Wall Street y que, testigo de las últimas boqueadas de la República de Weimar, ni siquiera intuía el cataclismo que se avecinaba mientras al creciente Partido Nazi se le hacía la boca agua ante la inminencia del poder, guiado por aquel a quien Brecht bautizó como el pintor de brocha gorda El origen de Santa Juana de los Mataderos parece estar, por otra parte, en Happy End una pieza de Elisabeth Hauptmann, en esos años muy próxima a don Bertolt, quien, según su leyenda, tenía especial habilidad para vampirizar el esfuerzo de sus colaboradoras. No es probablemente uno de los más redondos trabajos del dramaturgo alemán, pues se trata de una obra preñada de didactismo con vistas al público fabril que era su destinatario primero; tal vez por ello resulta demasiado prolija en el subrayado de los vaivenes del mercado de la carne de Chicago, en trazar de forma concienzuda el paralelismo entre el trasiego de los bueyes hasta el matadero y los movimientos de la mano de obra, que, para los empresarios de la industria cárnica, tiene la consideración de mercancía barata y molesta en ocasiones, en hacer evidente que unos pocos especuladores sin escrúpulos pueden controlar, dirigir y sacar provecho de la pobreza y la necesidad de cientos de miles de personas... El autor- -según Rigola, su trazo es aquí tan grueso que permite pintar encima sin que el fondo se pierda- -denuncia el rostro más feroz del capitalismo y, al tiempo, pone en evidencia las coartadas tramposas de una caridad que termina siendo cómplice de quien tiene la sartén por el mango, una caridad cuyos gestores necesitan que la miseria se prolongue para que no se detenga la maquinaria de la industria de la beneficien- Àlex Rigola JAIME GARCÍA cia que a ellos les sustenta. Brecht dibuja una situación en la que lo que importa es sobrevivir y en la que quien como Johanna Dark (un guiño fonético a la doncella de Orleáns) intenta preservar la pureza, termina siendo vejado y utilizado. Una obra contra la explotación y la depredación financiera escrita, desde la fe comunista del autor, en un tiempo de convulsiones políticas y sociales, un texto que Àlex Rigola aborda- -a mí me lo parece- -de manera muy brechtiana, trayéndolo a nuestros días con referencias a conflictos laborales actuales en una pantalla de texto, con oportunos y rabiosos elementos musicales, singularizando las operaciones de los especuladores en una enorme urna transparente, acompañando el desarrrollo de la acción con imágenes de tiburones o de lo que ocurre sobre el propio escenario proyectadas sobre una gran pantalla... Un montaje multidisciplinar (palabra, vídeo, música en directo, coreografías, acciones simultáneas... político, nervioso, vivo, confuso, tumultuoso, reivindicativo, mestizo, subyugante, muy bien dirigido (Àlex Rigola obtuvo el pasado verano en Salzburgo el premio Max Reinhart por este trabajo) y muy bien interpretado por el amplio y joven elenco del Teatre Lliure. spléndido el concierto de la tarde del martes, dentro de los extarordinarios ciclos de Ibermúsica: la Orquesta Sinfónica de Cincinnati, bajo la batuta titular del estoniano Paavo Järvi, nos ofrecía un programa centro- nórdico formado por un estreno de su compatriota actual, Erkki- Sven Tüür (1959) seguido por dos de las más auténticas figuras de aquellas latitudes: Zoltan Kodály y Jan Sibelius, seguidor del romanticismo musical europeo de su más alta medida, sin renunciar como Kodály y Bartók al asentamiento de sus composiciones partiendo del dato popular más reconocible, por múltiples giros y cadencias que, siempre, nos conducen a lo realizado sobre el piano genial de un Franz Liszt. En sus diez minutos de duración aproximada, Tüür, del que escuchamos por primera vez su obertura Aditus si bien es cierta una oscilación entre nuevos y viejos procedimientos, construye muy bien este momento dominando una orquesta de gran plantilla, que añade cuatro percusionistas, y parte de una ambiente sombrío, tenebroso, para, inmediatamente, jugar con atractivos climas de opuestas intensidades sonoras, aunque la brillantez parezca preferible; interesante su progresiva suma de notas para construir verticalmente grandes acordes, aunque estime conveniente insistir en los lograods tutti orquestales: su extensión delicada, el aspecto logrado. Las Danzas de Galanta de Kodály, dieron ocasión a la eficaz batuta de Paavo Järvi, mando segurísimo tendente a penetrar en los pentagramas con armas de la más reconocida clase, hizo maravillas con la maravillosa Sinfónica de Cincinnati, si magnífica en todas sus familias, realmente extraordinaria en una cuerda que vamos a recordar con la admiración más subida; los lunares de cierta borrosidad son hasta superados por un magistral dominio, muy en particular de los violines, asombrosos en su unidad de expresión. La interpretación de la Quinta Sinfonía de Sibelius, nos atrajo por sus acentuaciones apasionadas, también por el ejemplar de unos desarrollos motívicos bien aprehendidos como emanados de la partitura. El éxito se repitió como en un concierto celebrado el día anterior para Juventudes Musicales Españolas, en la misma sala. E