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68 Sociedad DOMINGO 14 11 2004 ABC Una relojería con medio siglo de historia persiste sola ante el avance de los comercios de productos árabes, que han hecho de la famosa calle del Albaicín granadino un auténtico zoco lleno de teterías y referencias musulmanas El último cristiano da la hora del Albaicín TEXTO: ROCÍO MENDOZA FOTO: CELIA MONDÉJAR GRANADA. El tic- tac de los viejos relojes que descansan en las vitrinas de su comercio ha cedido ante la furia de los ritmos árabes que colorean cada esquina de la calle. Y el brillo de las teteras, los aromas de cardamomo e incienso y las babuchas de puntas retorcidas expuestas a cada lado de la angosta calle poco tienen que ver con su antiguo muestrario de madera y cristal. Un sello de tradición al que el paso del tiempo le ha dado la vuelta para enclavarlo en la excepción. Eduardo, dueño que la relojería que lleva su nombre y el de su padre, se ha convertido en el último cristiano de una calle convertida en un zoco. Un bazar que ofrece un escaparate de las raíces musulmanas de Granada a través de una veintena de comercios regentados por árabes, paquistaníes, marroquíes y, sobre todo, españoles convertidos al Islam: la calle Calderería. El negocio de Eduardo lleva abierto al público desde 1956. Entonces, la calle Calderería tenía el aspecto de una calle de comercios de barrio. En frente tenía una frutería. Al lado un comercio que vendía leche y embutidos. Un poco más arriba estaba la pescadería. Y, por la calle, sólo se veía gente del barrio. Las casas estaban ocupadas por grandes familias. Ahora, todo ha cambiado relata Eduardo con nostalgia, mientras atiende a un cliente que trae un reloj para que lo despierte de un letargo de décadas. Hace unos veinte años que comenzó el cambio. Los comercios de alimentación se exiliaron a barrios como el Zaidín y la Chana, junto con las familias, y la calle quedó semivacía, pero a punto de iniciar su transformación. Fue una mujer convertida a la religión musulmana la que plantó la semilla de la actual imagen de la calle albaicinera. Nuevos territorios a la vista La transformación que se ha producido hasta el límite en la calle Calderería, en el bajo Albaicín granadino, es un fenómeno que asoma la punta de sus orejas en otras zonas de la ciudad. Es el caso de la Carrera del Darro. El sabor tradicional que tienen la calle empedrada que discurre a lo largo del río atrae, cada vez más, tiendas de artesanía con productos de importación marroquí abren sus puertas en la zona. El camino hacia el barrio del Albaicín es ahora la Carrera del Darro, porque la mayoría de los turistas cogen el autobús que sale desde Plaza Nueva para subir. Ya pocos suben a pie por Calderería. La pionera, una mujer convertida En 1982, esta mujer abrió la primera tetería de la calle, llamada As- Siriat felicidad Y tal ha sido el éxito de la iniciativa y ha sido secundada por tantos que, hoy, la calle es más la calle de las teterías que la calle Calderería. A partir de aquel momento, los establecimientos con aires árabes avanzaron en su reconquista hasta coparlo todo. O casi todo. Se instalaron más teterías, se abrieron comercios que venden productos importados como alfombras multicolores, marroquinería, chilabas, inciensos, productos de cuero, orfebrería, etc. Hasta hoy, cuando la imagen de la calle ahora es radicalmente opuesta. Es un zoco donde las alfombras han sustituido a las alpargatas; y los dulces fritos de almendras y miel y el cordero a las salaíllas y el chorizo. Sólo queda una tienda que no es tradicional, pero no es árabe. Exactamen- Eduardo, en la puerta de su negocio en la calle Calderería de Granada Hace unos veinte años que comenzó el cambio, desplazando a los comercios tradicionales El intercambio de culturas es lo más bonito que ha traído el zoco a la calle Calderería Españoles convertidos al Islam son los autores de un cambio nostálgico pero lleno de marketing te, vende productos ecológicos y comida para vegetarianos. La última tienda tradicional en abandonar la calle fue una lechería ubicada en la cuesta Marañas que, tras decretarse la ruina del edificio, fue cerrada por su dueño. Tras él, sólo ha quedado la relojería de Eduardo. do atribuye cualidades a la imagen de la calle: más vida, más gente pasando y más negocio. Pero, sobre todo, la cantidad de personas que conoce, procedentes de diferentes países. Aquí vienen italianos, franceses, alemanes, argentinos y pasan horas hablando en la tienda. Algunos buscan relojes de colección, otros simplemente se quedan a mirar. Pero el intercambio de culturas es lo más bonito que ha traído el zoco a la calle valora. No sólo la sensibilidad por estar en un territorio con raíces árabes explica el asentamiento masivo de este tipo de comercios en la calle. Aunque sea cierto que muchos españoles convertidos al Islam son los que han hecho de esta calle lo que es, y que sí tiene este componente nostálgico para algunos, lo cierto es que actualmente el estar asentado en Calderería es una cuestión de marketing. Ventajas de la unión Cuando una persona quiere comprar un producto de artesanía árabe de los que nosotros vendemos tiene un lugar de referencia, esta calle, donde sabe que lo va a encontrar. El concepto de zoco, de agrupación, beneficia a todos opina un estudiante de Farmacia de origen pakistaní que paga un alquiler por explotar el negocio. El dueño es un comerciante iraní que, además del suyo, tiene varios locales con el mismo régimen de alquiler. Pero el reducto cristiano permanecerá. Tal y como afirma Eduardo con orgullo y contundencia: Ni yo ni mi negocio nos vamos de Calderería hasta que me jubile Un local codiciado A pesar de que no puede evitar reconocer que su local es codiciado por aspirantes a regentar un negocio árabe en la calle y terminar de reconvertirla asegura no sentirse en absoluto arrinconado, aunque, visto desde fuera, parezca el raro de la clase. Es cierto que hablan entre ellos y no se les entiende nada, pero hay colaboración y aquí todos me conocen asegura. Más que aspectos negativos, Eduar-