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ABC DOMINGO 14 11 2004 Los domingos 59 Paisaje antes de una batalla Desde Carabanchel Alto, desde Usera, las tropas de Franco se aprestaban a tomar la capital, a tomar café en la Gran Vía, a reconciliarse con Dios en los Jerónimos, como escribe Jorge Martínez Reverte en su reciente libro La batalla de Madrid El general Varela contaba para la operación con cerca de 18.000 hombres, en gran medida tropas de elite y de choque compuestas por legionarios y regulares, a los que solían seguir los voluntarios falangistas. Era gente muy fogueada, aunque llegaban a la capital algo cansados tras cuatro meses de contienda. El día 6 se iniciaba el asalto. Al otro lado, y tras diversas y traumáticas peripecias (como el traslado del Gobierno a Valencia, incluso la huida de muchas autoridades) el general Miaja quedaba al mando de la defensa de Madrid, contraviniendo las órdenes, por cierto. Su ejército, en el sentido real y tradicional del término, era inexistente. Contaba con unas pocas tropas y oficialidad leal a la República, con los milicianos de sindicatos y partidos, y con muchos madrileños que se aprestaron a la defensa en ropa de calle y sin armas, había que coger las de los compañeros que caían. Las checas, los paseos y las sacas continuaban. Las organizaciones populares seguían manteniendo sus diferencias. El ardor patriótico del otro lado era aquí a menudo ardor revolucionario. Los madrileños sabían lo de los sesenta niños muertos en el bombardeo de Getafe, pronto llamarían a la Gran Vía la avenida de los obuses, y el verbo de las mujeres, sobre todo de las mujeres, como la Pasionaria, les impedían darse por vencidos. Ya saben: No pasarán el espíritu de Manuela Malasaña y el Dos de Mayo. Los nacionales se lanzaron a un ataque casi suicida. Llegaron Durante la batalla de Madrid, cualquier lugar era utilizado por los combatientes de uno y otro bando a cruzar el Manzanares y alcanzaron el Clínico. Los republicanos recibieron moderno material de guerra ruso, el Quinto Regimiento comunista se convirtió casi en una unidad de elite, el legendario mito obrero, Buenaventura Durruti, el pistolero anarquista, uno de aquellos libertarios que llevaba un mundo nuevo en los corazones llegaba a Madrid como un rayo de esperanza para la causa de los sitiados (aunque moriría por una bala perdida, o no tanto, en la Ciudad Universitaria, el día 20) y por supuesto llegaban las Brigadas Internacionales, en especial la XI, que se encargó de taponar las brechas. Además de la feroz resistencia, el alto mando nacional decide el día 23, tras una reunión entre Franco y Varela en las cercanías de Leganés, detener el asalto. El frente de Madrid, las trincheras, los fortines, los soldados seguirán allí, pero el grueso de la batalla de Madrid, de momento, ha terminado. Aún es posible encontrar vainas y restos de munición en la Casa de Campo También se descubren secretos y tesoros de este parque. Toda esta zona es un humedal, y cuando llueve copiosamente se convierte en un pantano Proseguimos. A nuestra derecha queda El Lago. Se dice que muchos cadáveres de los moros quedaron sumergidos aquí. Y no es una leyenda urbana. Primero fue aquello de eres más malo que un mameluco Luego, lo de que vienen los moros del Lago Más miedo que el Camuñas sí debían dar. Ascendemos hasta el antiguo cementerio, en el que eran enterrados los trabajadores de la finca cuando ésta pertenecía a la Monarquía. Se cuenta, lo cuenta Antonio, la historia de un legionario que tenía aquí su puesto bajo las estrellas, y que al irse el sol se creía en la noche de los muertes vivientes, con las tibias, los peronés y los cráneos yendo y viniendo. Sobre nosotros, el Teleférico. Atravesamos la Glorieta Perdida y subimos al Cerro de las Figuras, donde no es difícil comprobar la devastación que sufrió el arbolado. Un árbol de cada tres desapareció. Y en varios de los que sobrevivieron aún son perceptibles las huellas de los impactos Muy cerca hay pozos de tirador y trincheras en forma de pata de gallina, bifurcadas. A la izquierda, el famoso Cerro de Las Garabitas en cuyas laderas se instaló la artillería nacional y desde el que se bombardeaba la ciudad, sólo algunas zonas de laciudad, que no es momento de señalar. Un fortín con vistas Mientras ponemos rumbo a la llamada cota de las Canteras, Julián, uno de los chavalines que nos acompaña se zampa un sandwich. Y Martin continúa con sus preguntas. Varias trincheras y tres fortines reciben al andarín en este lugar. Desde aquí se divisaban a la perfección dos observatorios de los republicanos, situados en los edificios de la Telefónica y del cine Capitol, en la Gran Vía. Frente a nosotros la Colonia del Manzanares. A la izquierda, el Puente de los Franceses. Descendemos hacia la M- 30, donde nos esperan los penúltimos fortines. Por el camino, José Ignacio, uno de los miembros más atentos de Gefrema, se ha encontrado una vaina. No es de pega. Su fecha la delata: 1935. Antes encontrábamos más cosas, ahora es difícil, aunque cuando alguna excavadora remueve la tierra, por ejemplo para hacer un cortafuegos, no es raro Abajo, a un tris del río, uno de ellos, a tan sólo cincuenta metros de la vía de circunvalación. El otro, pegado a ella, en la actual valla de la Casa de Campo, ya que la antigua era justamente lo que hoy es la mediana de la carretera. Este último, que no llegó a terminarse, estaba destinado a albergar una pieza de artillería. Probablemente vieja y gastada, por lo que no podría ser usada en una batería. Porque como ya nos ha explicado Antonio, fue una guerra muy pobre El destino de sus obuses era el Puente de los Franceses, sobre todo el Tren Blindado que allí se apostaba. En este punto, incluso, la gente de Gefrema apunta una posible primicia: el hecho de que algunas tropas nacionales cruzaron el río el día 9, antes de lo que se ha creído siempre (el día 15) Habrían sido parte de la columna del coronel Asensio e incluso ocuparon los chalés de la colonia, aunque fueron obligadas a retirarse por la XI Brigada Internacional, recién llegada al frente. Los chalés fueron recuperados en 1937. La ruta está a punto de concluir. Subimos hasta el Cerro de la Covatillas desde el que un fortín apuntaba directamente al Puente Puente de los Franceses, qué bien resistes, mamita mía, los bombardeos uno de los símbolos de la batalla y, sobre todo, de la resistencia. Y de la lucha entre hermanos. Vade retro de nuevo, Satán de la historia. Nuestra visita a la línea de batalla ha terminado. Sin novedad en el frente. Afortunadamente, ahora hace ya tiempo, mucho tiempo, que ha estallado la paz. El número 7, bien conservado y de una curiosa forma abovedada