Patrocinado Por:

Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
10 La Entrevista DOMINGO 1 8 2004 ABC MIGUEL DELIBES Escritor Ahora dicen que los viejos nos morimos de calor. Yo creo que nos morimos de asco Está viendo cómo el sentido ético del ser humano pierde decencia cada día Vindica la educación, la educación, la educación e incluso la educación del gusto como primera exigencia. La voz de Delibes es necesaria, imprescindible, en esta convulsa época TEXTO: ANTONIO ASTORGA FOTOS: FRANCISCO HERAS ¿Es respirable el aire del siglo XXI, don Miguel? -Cada día más mefítico. Ahora dicen que los viejos nos morimos de calor. Yo creo que nos morimos de asco. Miguel Delibes emprende su camino cada mañana por los parajes de la bella localidad burgalesa donde se cobija del calor. Lee el periódico y se refugia en su casa de madera, donde tiene recado de escribir. Allí le comunicó ABC la pasada semana que Rafael Sánchez Ferlosio, más de dos décadas después, regresaba a la narrativa gracias a él. Y le enviamos un cuestionario, que se cerró mucho antes de que Blanco y Negro Cultural publicara el cuento (25 de julio) con el que Ferlosio retornaba a la literatura. Al conocer la feliz noticia, Delibes interrumpió su paseo, caminó hacia la cabaña y contestó a la entrevista antes de leer el delicioso relato ferlosiano. Como Rafael Sánchez Ferlosio, Miguel Delibes también se había conmovido. El autor de El Jarama se emocionó leyendo el capítulo que Delibes le dedica en su último libro, España 1936- 1950: Muerte y resurrección de la novela (Destino) que no sabía cómo honrar ese homenaje más que retornando a la creación literaria con un tema de caza y dedicatoria expresa: Carta de provincias (A Miguel Delibes) El relato inédito lo publicó el sábado 25 de julio Blanco y Negro Cultural para gozo de los amantes de la literatura. Ese cuento contenía la prosa memorable del Ferlosio de siempre, un ser humano que Santiago Castelo definía, con su enseñanza habitual en la Quinta de ABC, como uno de los seres más sensibles y entrañables que he conocido; sólo su insobornable independencia es pareja con el hondón de su ternura De ternura y de guiños a una inolvidable generación de escritores y de editores (Carmiña Martín Gaite, Josep Vergés... los niños de la guerra está repleta esta entrevista con Delibes, contestada desde su sancta sanctorum el refugio en el que ha creado su inmortal obra. Miguel Delibes aterrizó en el mundo literario español como un meteorito, con dos ojos ávidos, grandes, abiertos, como platos, para otear el horizonte. Era el año 1947 y acababa de ganar el premio Nadal. Conforme avanzaba en la caída, sus ojos iban acostumbrándose a ver un mundo devastado, con grandes hogueras dispersas y un olor acre entre pólvora y carne quemada. Era el Miguel Delibes, en su refugio la pasada semana, en el momento de saber que Ferlosio volvía a la narrativa gracias a él No pretendo ser humilde. Si me esfuerzo en algo es en ser justo. Y Delibes, hombre y escritor, dentro de un baremo de méritos, considera que Rafael Sánchez Ferlosio es el primero paisaje después de la batalla. Los pequeños grupos que se concentraban ante las hogueras, de gente muy joven, estudiantes tal vez, le miraban de refilón y comentaban: De qué nido habrá caído ese muchacho? Por aquello del Nadal, a un bautista le dio por afirmar que Delibes era un escritor de la inmediata posguerra pero él se sentía más próximo al equipo de Los niños Una vez que tomé tierra, -escribe Delibes en España 1936- 1950: Muerte y resurrección de la novela obra en la que utiliza como punto de partida las notas y apuntes que elaboró en los comienzos de su carrera literaria- -yo me vi sobre un terreno yermo, con un grupúsculo de dos docenas de presun- El sentido del humor puede ser fino o grueso. Para crear no vale cualquiera. El grueso me repugna. El sentido del humor de Ferlosio es sutilísimo, quizás su cualidad más eficaz tos novelistas que acababan de publicar un libro o estaban en trance de hacerlo. El grupito de los niños de la guerra empieza a publicar y a dar también sus primeros pasos a la vera del Nadal: Sánchez Ferlosio, Fernández Santos, Castillo Puche, Ignacio Aldecoa, Carmen Martín Gaite, Josefina Rodríguez, José María de Quinto y Medardo Fraile, unidos por la amistad y a veces por matrimonio- -Ferlosio y Carmiña Martín Gaite, Josefina Rodríguez e Ignacio Aldecoa- Recuerdo las primeras novelas de este grupo como Industrias y andanzas de Alfanhuí de Ferlosio y Con la muerte al hombro de José Luis Castillo- Puche. La primera novela de Ferlosio se publi- Me alegraré de haber tenido la fuerza que no tuvo nuestro editor para hacerle volver, a Ferlosio siquiera por un día, a la narrativa. Si así fuera me sentiría enormemente feliz. También Carmiña se alegrará, allí donde esté có por una editorial rara, pero pese a todo bastó para descubrirle como un escritor lleno de agudeza y sensibilidad. Con Cela y Laforet, fue a mi entender el tercer gran descubrimiento de la novela nacida tras la guerra. Pero así como con los compañeros que me habían asignato los bautistas tuve una relación salteada, ocasional e incompleta, con los niños de la guerra conecté varias veces y establecí con ellos una relación cordial. Nuestro primer encuentro fue en un autobús, camino de las Lagunas de Ruidera, en una excursión en la que pasábamos las noches distribuidos en las casas de los campesinos de cada pueblo. Esto me recordó la novela Motín a bordo cuan-