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ABC LUNES 19 7 2004 51 Fernando García de Cortázar reflexiona en el campus de FAES sobre la excepción cultural 300 jóvenes anti Fórum 2004 realizaron ayer una protesta tomando las instalaciones por tierra, mar y aire Apoteosis de Elvis Costello en el Lincoln Center de Nueva York El músico británico presentó su nueva composición sinfónica b Costello coronó el sábado tres noches verdaderamente apoteósicas, en las que ha recorrido todas sus fuentes de inspiración artística ALFONSO ARMADA, CORRESPONSAL NUEVA YORK. El cantante y compositor británico Elvis Costello coronó el sábado en el Lincoln Center de Nueva York tres noches verdaderamente apoteósicas, en las que recorrió todas sus fuentes de inspiración artística, desde el rock más acerado al pop más lírico y ambicioso, desde las melodías para big- bang a la música sinfónica, y dejó la impresión, entre ovaciones y gritos de arrobo, de que está muy lejos de haber tocado techo. Fiel a su tradición de rendir homenaje a algunos de los más influyentes artistas de nuestra época el Festival del Lincoln Center vendió todo el papel para las tres incursiones en la constelación de un músico que acaba de cumplir 25 años en la carretera. Abrió boca a lo grande el martes con el debut en Estados Unidos de la Netherlands Metropole Orchestra, con sus 52 intérpretes y su habilidad para sortear los escollos del jazz, el pop, la música para películas y la clásica. Acompañado por Steve Nieve, el pianista que escolta a este stajanovista de la música desde su primer elepé aquel lejano My aim is true de 1977, Costello y la formidable orquesta brillaron con luz propia con arreglos para big band y piezas más íntimas. En una asombrosa mezcla de Sinatra, Tony Bennet y But Bacharach (con quien Costello grabó en 1998 Painted from memory el hijo del trompetista de jazz de clase obrera demostró por qué no le tiene miedo a nada. Reinventándose a sí mismo con cada nuevo disco de una carrera, que está lejos de concluir, y una excelente química con la orquesta, el público deliró cuando Costello reclamó su guitarra eléctrica para Dust y ante las explosivas versiones de Watching the detectives y, sobre todo, Almost blue como propina. M. MUÑIZ momento en el que consiguió implicar a los 30.000 asistentes, que hasta el momento habían permanecido sentados. Sweet Jane o Heroine dieron paso a la actuación de los abanderados de la melancolía: The Cure. Pero el grupo liderado por Robert Smith, lejos de continuar con la fría tónica dominante, ofreció su lado más alegre ante un aforo totalmente repleto, con más de dos horas de conciertos, incluidos dos bises. Elvis Costello cumple veinticinco años de carrera crítico que pidió para Declan McManus una placa que rece Hombre del Renacimiento Muy lejos queda aquel furioso rokero que decía que las únicas emociones que podía entender eran la venganza y la culpa La Orquesta Filarmónica de Brooklyn, con Brad Lubman al frente, interpretó durante una hora y diez minutos el primer trabajo sinfónico de Elvis Costello: la partitura que con lápiz y papel y durante diez agotadoras semanas escribió a partir del shakespeareano Sueño de una noche de verano para una compañía italiana de ballet. Il sogno que saldrá a la venta el próximo otoño en una grabación de la Orquesta Sinfónica de Londres, es una admirable vuelta de tuerca en su carrera. Con resonancias de Ravel, Chaikovski, Bernstein y Duke ÁNGEL DE ANTONIO Apoteosis final La última jornada de los Concertos do Novo Milenio fue protagonizada por Bob Dylan y The Corrs. Más de 27.000 personas disfrutaron de una noche en la que la nota dominante fue la tranquilidad, después de más de quince horas de actuaciones y nueve conciertos. Poco después de las ocho y media Bob Dylan se apoderó del escenario. El referente indiscutible de la música de autor americana ofreció mucho blues y más rock. Ataviado con sombrero y de riguroso negro, no se separó de los teclados durante su actuación. Con The Corrs, el pop más comercial llegó al festival. En su actuación, que comenzó casi a las once de la noche, combinaron sus grandes éxitos con nuevos temas. Los últimos en actuar fueron Echo and The Bunnymen, uno de los grupos más influyentes del último cuarto de siglo. Un magnífico final para uno de los grandes acontecimientos del Xacobeo y uno de las mayores citas musicales del año. Euforia de los fans Si el jueves fue el día en que los acomodadores del Avery Fisher Hall se las vieron y se las desearon para contener la euforia de los fans que se negaban a seguir sentados el recorrido que Costello hizo con The Imposters durante 145 minutos por buena parte de su repertorio, y el viernes volvió a probar su increíble resistencia y vitalidad, y clavó Love that burns y Peace, love and understanding el sábado acabó de darle la razón a un La grabación de su composición Sueño de una noche de verano saldrá a la venta el próximo otoño Ellington, el Costello compositor sinfónico mezcla estilos en la coctelera de su cabeza con una libertad y falta de prejuicios admirable, lo que a veces le lleva a incongruencias y a que la masa sinfónica, de una brillantez innegable, caiga en momentos fáciles que recuerdan a ilustraciones para una película del agente 007, aunque sí evidencia que no ha perdido de vista la intención de la obra: ilustrar, acompañar y ensalzar un ballet. Pero está lleno de vida, color y energía. Con el público tan entregado como la propia Filarmónica de Broolkyn y su director, la segunda parte sirvió para que Costello interpretara algunas versiones para orquesta de algunos de sus temas que ya forman parte del pop clásico. Otra vez con su fiel Steve Nieve, responsable de algunos de los arreglos, al piano, y el propio Costello con la guitarra acústica, canciones como Useless beauty o, una vez más, Almost blue convirtieron el gigantesco teatro en una caverna íntima en la que el antiguo joven airado dejó claro que a sus 49 años es un hombre feliz, un artista en estado de gracia.