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ABC JUEVES 3 6 2004 Opinión 5 Señales de humo Año y medio es el plazo marcado ayer por la ministra de Sanidad, Elena Salgado, para que entre en vigor la prohibición de fumar en los centros laborales. No hay vuelta atrás en la agresiva política contra el tabaco, que próximamente será excluido de bares y restaurantes. Los anuncios disuasorios dan paso a la mano dura; detrás del humo, no podía ser de otra manera, estaba el fuego. Correctamente Las perversiones de la corrección política han puesto en la picota a la juez decana de Barcelona, quien hace unos días se atrevió a denunciar, alto y claro, el exceso de denuncias de maltratos, estrategia de algunas mujeres en casos de separación. Ayer salió en su defensa el presidente del TSJC para subrayar lo que es una opinión mayoritaria entre jueces y fiscales. No se trata de defender a quien está acorralado por las críticas, sino de alertar a la sociedad sobre las consecuencias de un atasco judicial que precisamente perjudica a las mujeres que, desde el infierno, piden ayuda a la Justicia. Traducción simultánea Confiaba Joan Tardá, diputado de ERC, en el buen talante del presidente del Congreso para expresarse en catalán durante la sesión de ayer de control al Gobierno, pero lo que obtuvo fue una negativa, por duplicado, en su mismo idioma. De talante quizá vaya justo, pero de reflejos anda sobrado Manuel Marín para aplicar, como corresponde, el reglamento de la Cámara Baja. SÓLO FALTABA SCHNABEL FERNANDO R. LAFUENTE S JAVIER PRIETO Engorda la polémica. El artista estadounidense Julian Schnabel atizó ayer algo más la polémica surgida por los modos utilizados por la ministra de Cultura, Carmen Calvo, a la hora de acometer la renovación en la dirección de los museos nacionales. Antes lo hicieron galeristas y otros representantes del mundo del arte. Sin que nadie le pidiese opinión, el director de la película Antes que anochezca pronunció en la presentación de su exposición un duro alegato contra la intromisión de la política en los nombramientos de los directores, algo que el artista considera impropio de un Gobierno democrático. Ni en mi país ocurre esto afirmó Schnabel, hipercrítico con la Administración Bush. E cuenta, porque se publicó, que en una de las crisis políticas sufridas por el conde de Romanones, con la obligada caída de su Gobierno, un diario tituló: Un tren con más de dos mil personas salió ayer para Guadalajara Era el vaivén del turno de partidos. Unos entraban y otros salían. Pero para entonces salían todos, del ministro al conserje: eran los cesantes. Los tiempos han cambiado mucho en muchas cosas, pero en algunas la noble y racial costumbre de mover los cargos profesionales, no políticos, cuando accede un nuevo Gobierno se cumple con espeluznante eficacia. Es cierto que hemos mejorado en algunas escalas, ya no se van esos dos mil de Romanones, pero la tradición se conserva. Gusta. Tiene arraigo. Hasta la muy moderada María Corral, ante el sainete primaveral de lo ocurrido en el Museo Reina Sofía, llegó a declarar que la democracia no había llegado a la cultura. Lo más granado de la profesión no se explica, tampoco, cómo el mero hecho de un cambio de Gobierno puede arrastrar a la dirección de lugares tan apartados- -o eso cabe pensar- -de la batalla partidista como un museo nacional. Más allá de quién sustituya a quién, lo que se discute es el modelo de sustitución. Hay cierta hartura de este mimetismo secular, en los ceses y las altas. No es serio. Ya cansa, representa costumbres anticuadas, indeseables, viejas. Huelen un poco a naftalina ideológica. Además, ayer, por si faltaba alguien para que no decaiga la polémica, aparece el atrabiliario, el gestual y warholiano, artista de sí mismo, Julian Schnabel, con exposición en el Palacio de Velázquez de Madrid, y declara que en su tierra, en los Estados Unidos, estas cosas no se hacen; que, sí, que pasan muchas cosas raras, pero éstas no. Cabría pensar que a lo mejor el modelo Romanones podría patentarlo este o el próximo Gobierno como algo genuinamente castizo, propio, étnico. Incluso, se ponen estupendos y declaran que tan tradicional forma de cesar es nuestra particular excepción cultural.