Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
50 LUNES 8 3 2004 ABC ABC LUNES 8 3 2004 50 Cultura y espectáculos Castilla del Pino evoca a un Cela de bronce en su ingreso en la Real Academia Española El psiquiatra ocupa el sillón Q mayúscula, que durante muchos años alojó al Nobel Luis Sampedro y Emilio Lledó presentaron la candidatura de Castilla del Pino, cuyo discurso de ayer se tituló Reflexión, reflexionar, reflexivo ROSA MARÍA ECHEVERRÍA MADRID. Al solemne acto de ingreso de Castilla del Pino en la RAE, asistieron ayer, además de los académicos y representantes de las distintas instituciones, numerosos invitados, como la Duquesa de Alba, Agustín Ibarrola, Marina Castaño, Enrique Rojas, Salustiano del Campo, José María Guelbenzu, José Luis Pellicena o Victoria Camps, entre otros. Sin duda, en la mente de todos permanece la imagen de Fernando Lázaro Carreter, cuya sombra aparece llena de vida en esta primera ceremonia tras su muerte. En su discurso, Reflexión, reflexionar, reflexivo Castilla del Pino comenzó señalando que los seres humanos disponemos de dos biografías, dispares entre sí, pero dependientes una de otra. La primera de ellas es la biografía pública, la que se escenifica ante los demás. La segunda constituye nuestra biografía íntima: la fantaseada, la de nuestros deseos aún o quizá por siempre insatisfechos, la de los sueños y ensueños, la de nuestros sentimientos ocultos hacia personas que nos rodean: una vida secreta porque es inobservable Considera que, de vez en cuando, sacamos al exterior convenientemente acicalado un segmento de esa vida oculta y lo convertimos en público. Sin embargo, esta vida íntima no es menos real que la otra, la vida empírica, aunque es puramente mental. Anton Chéjov hace decir a un personaje una respuesta a otro que alucinaba: Es una alucinación, pero la alucinación es real porque forma parte del ser humano y, por tanto, de la Naturaleza Gracias a la vida de la fantasía, forma figurada del deseo, podemos soportar esa otra vida a la que habitualmente reservamos el calificativo de real, la externa a nosotros, la vida social, preñada de frustraciones, errores, desengaños y sufrimientos, aunque a veces, entreverada de éxitos, depare pasajero júbilo. La fantasía, es la ortopedia del sujeto El nuevo académico aseguró que ni b José Luis Pinillos, José El Covent Garden londinense anula un contrato a la soprano Deborah Voigt por exceso de peso Hughes de Courson fusiona la música medieval con la electrónica en su último disco, Lux obscura Mario Lacruz revive en una novela inédita la pasión creadora de Gaudí Sus herederos y Ediciones B convocan el primer premio de novela con su nombre b Después de la muerte del pres- Vaca de Osma recrea la vida de los monarcas en la Edad Media b El historiador se adentra con su último libro en una época cuyo conocimiento nos ayuda a comprender mejor cuál es la realidad de la España actual O. B. MADRID. El académico de la Historia José Antonio Vaca de Osma publica Grandes reyes españoles de la Edad Media (Espasa) siete siglos de historia, divididos en diversas etapas con sus rasgos singulares, pero siempre con la figura de los reyes como auténticos protagonistas A través de episodios como la invasión de los pueblos árabes y la consiguiente lucha por la reconquista, la independencia de Portugal o la llegada de nuevas dinastías como la de los Borgoña o los Trastámara, Vaca de Osma analiza la influencia que los monarcas tuvieron en el devenir histórico de los reinos que acabarían conformando España. La Monarquía, unida siempre a la religión católica fue el pilar fundamental sobre el que se asentó el funcionamiento político y social de los diferentes territorios. El sentido de la cristiandad, que se mantiene hasta la llegada del protestantismo en el siglo XVI fue fundamental en la defensa de los reinos españoles ante la amenaza de invasión procedente de los califas árabes. Entre los puntos negros de la época, el historiador, que ya lleva una treintena de títulos a sus espaldas, cita la gran animosidad que existía contra los judíos durante la Edad Media Como contrapartida, José Antonio Vaca de Osma recuerda la simbiosis entre el rey y el pueblo que se mantuvo durante todo el periodo y que vuelve a revivir hoy con Don Juan Carlos y Doña Sofía en los más altos vuelos de su fantasía se había mentalmente visto miembro de la Real Academia Española. Su memoria dio un salto al pasado, al año 1946 cuando conoció a Cela en el Café Gijón dirigiéndose diariamente a las cuatro de la tarde a su tertulia con García Nieto, Víctor Ruiz Iriarte o Pedro de Lorenzo. Le define como un personaje de bronce. Pasó al bronce sin el intermedio del barro o la escayola. Era de bronce, desde luego, en su morfología, pese a ser ésta, por entonces, más bien escuálida; y lo era en su voz, una voz de bajo profundo (si hubiera sido cantante, hubiera hecho a la perfección esa escena sobrecogedora de la muerte de Boris Godunov, en la ópera de Moussorsky) El habla, como la escritura de Cela, eran ya contundentes, y ésa es la razón de que su identidad como personaje del universo literario que le tocó vivir, y que él mismo contribuyó a configurar, alcanzara proporciones inusuales tigioso editor, su familia encontró la novela escrita en inglés en un armario. Nadie sabe por qué no quiso editarla cuando vivía R. M. E. MADRID. Todo surgió de un armario mágico, ese armario que encierra memorias trasmutadas de luces, como en los ensueños del baúl de Pessoa al que tanto admiraba Mario Lacruz. Así vino al mundo su novela inédita Gaudí (Ediciones B) y su hijo, Juan Lacruz Bassols, recuerda aquella valiosa herencia encerrada en un ignorado universo. Su gran talla como escritor había quedado plasmada en tres novelas y después su voz literaria había enmudecido para siempre. Parecía haberle arrebatado la intensa actividad editorial en Plaza y Janés, Argos Vergara y Seix Barral, donde pronto se convirtió en una de las personalidades más respetadas. Pero en el universo encristalado de su propia intimidad, nunca dejó de escribir. No lo supo nadie. Ni su familia. Ni sus amigos. El escondido reflejo de sí mismo permaneció lleno de vida en la oscuridad de su armario hasta que le llegó la hora de la muerte en mayo de 2000. La familia nos llevamos una gran sorpresa, explica su hijo Juan, cuando abrimos aquel armario sagrado que solía estar cerrado con llave. Allí nos encontramos con una columna entera de folios, metro y medio en vertical. Nunca pudimos pensar que podía haberlo escrito. ¿Cuándo lo hizo? Mi padre murió de un aneurisma Castilla del Pino entra en el salón flanqueado por Sánchez Ron y Margarita Salas FOTOS: JULIÁN DE DOMINGO Mario Lacruz fulminante con 70 años cuando estaba en plena forma. Había estado practicando pesca submarina Sabían que estaba dando los últimos retoques a una novela autobiográfica: Sinfonía inacabada: mil días en la montaña que todavía no se ha publicado. Pero no tenían ni idea de que allí se conservaban otros muchos textos inéditos. Entonces descubrieron con asombro el texto de Gaudí ¡y en inglés! Mi padre, manifiesta Juan, escribió un guión sobre Gaudí para una película, dirigida y producida por Argemí que no tuvo mucho éxito. Unos editores americanos le pidieron este libro y no sabemos por qué no lo envió Reflexionar y corregir El joven Castilla del Pino traducía solitario en una mesa a un autor alemán muy sobresaliente en su disciplina: Viktor von Weizsäcker. Un día Cela se encaró directamente con él: ¿Puedo preguntarle, joven, si no es indiscreción, qué es lo que hace usted tan afanosamente? Después de decirle lo que hacía se dirigió a una fantasmal multitud imaginaria: Me parece muy bien que trabaje. Como usted sabe- -y si no lo sabe, se lo hago saber yo- -éste es un país de holgazanes; aquí no trabaja ni Dios, porque el que trabaja es considerado imbécil. Siga trabajando Bien es cierto que Cela tenía tan sólo seis años más que Castilla del Pino, es decir, 27, pero, según confiesa todavía con sorpresa, se dirigió a mí desde una mayoría de edad representada a la perfección Se adentró después el nuevo académico en las tres formas de reflexión, la relación sujeto objeto y la reflexión retrospectiva, la acción de reflejar, la reflexión. El reflexionar permite no sólo la posibilidad de corregir nuestras actuaciones futuras a partir del desafortunado reflejo de las pasadas, sino la de corregir la totalidad o una buena parte del sujeto de la actuación; es decir corregirse uno a sí mismo Por lo tanto, sólo en la medida en Luis Pinillos subrayó que el éxito en los libros y conferencias de Castilla del Pino no fue fruto de un entusiasmo ocasional. Sus obras y sus intervenciones públicas no eran simples ensayos escritos al hilo de la mera actualidad, ni soflamas ideológicas. Su increíble creatividad, sus conocimientos y su capacidad de llegar al público en directo contribuyeron de un modo decisivo a oxigenar y poner al día aspectos fundamentales de la vida del país Pinillos definió a Castilla del Pino como maestro en el juego de las palabras y señaló que le tocó vivir un mundo bien conflictivo: No tiene nada de extraño que se interesara por la psiquiatría El nuevo académico, durante la lectura de su discurso Para Castilla del Pino, la vida íntima no es menos real que la vida empírica, aunque es puramente mental La sombra de Lázaro Carreter aparece en la mente de todos en esta primera ceremonia después de su muerte que el hombre se empecina en el error de no reflexionar, huyendo de la deplorable imagen que le devuelve el espejo interior, la conciencia de sí mismo deja de constituir una fuente de autorreflexión positiva, una vía de autoaprendizaje, para convertirse en lo contrario, en autoengaño. El escarmiento no sirve para nada si no nos mejora. Recordemos el tan citado aforismo de Federico Nietzsche en Humano, demasiado humano Lo hice yo, dice mi memoria; no lo pude hacer yo, dice mi orgullo. Y vence el orgullo En su discurso de contestación, José