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ABC DOMINGO 30 11 2003 Espectáculos 67 TEATRO Noche de guerra en el Museo del Prado CLÁSICA Temporada de la ORTVE Obras de C. Prieto, B. Smetana y E. Elgar. Orquesta Sinfónica de RTVE (Director: Y. Talmi) Solistas: M. R. Calvo- Manzano, L. Domingo, M. García y U. Segara (arpas) Lugar: Teatro Monumental. Madrid. Fecha: 27- XI- 03 Autor: Rafael Alberti. Dirección: Ricard Salvat. Intérpretes: Vicente Gisbert, Pablo Rojas, María Luisa Armenteros, Manuel Aguilar, Yolanda Diego, Alicia Gil, Luisa Gavasa. Lugar: Teatro de Madrid. Fecha: 28- XI- 03. SIN FECHA DE CADUCIDAD ALMUDENA GUZMÁN ENTRE EL CIELO Y LA TIERRA, EL ARPA ANTONIO IGLESIAS mociona pensar en el jovencísimo Rafael Alberti, recién llegado de Cádiz, herido de amor por los goya, los velázquez y los tizianos del Museo del Prado. Y emociona más si cabe pensar en el Rafael Alberti de la Guerra Civil luchando por salvar de los bombardeos de Madrid las obras de esos geniales cupidos que le clavaron para siempre sus flechas en el corazón. Durante su exilio en Argentina, en 1956, el poeta gaditano se inspira en este episodio de su andadura como miembro de la Junta de Salvamento Artístico de la República para escribir Noche de guerra en el Museo del Prado para muchos la mejor pieza de su teatro político en la que establece un paralelismo, más bien una superposición, entre la Guerra de la Independencia y la Guerra Civil españolas. Se basa en una espléndida idea de su fecunda y comprometida imaginación: cuando los milicianos llegan al Museo de Prado para rescatar los cuadros más valiosos de la pinacoteca, los personajes goyescos de Los fusilamientos del 3 de mayo Martes de Carnaval y de los grabados agrupados bajo el título Desastres de la guerra se salen de sus lienzos y de sus láminas para contarnos la resistencia del pueblo de Madrid frente a la invasión napoleónica. En éste su séptimo montaje sobre E Noche de guerra en el Museo del Prado en el montaje del Teatro Madrid Noche de guerra en el Museo del Prado Ricard Salvat ha engordado la obra de Alberti con unos añadidos que en nada favorecen el ritmo y la intensidad de un texto que, precisamente, si de algo peca, es de exceso: si el propio Salvat declara, y con razón, que la escena de los amores entre Adonis y Venus, roto por Marte, el dios de la guerra, lastra el tiempo dramático: ¿por qué entorpecerlo todavía más, por poner el ejemplo más chirriante y más flagrante, con el discurso panfletario de un nuevo personaje, el de María Teresa León que, además, francamente, EFE Salvat ha engordado la obra de Alberti con unos añadidos que en nada favorecen el ritmo y la intensidad del texto ya que se la saca a escena sin figurar previamente en ella, se merecía otra cosa? No la toques ya más, que así es la rosa decía Juan Ramón Jiménez, y a esa conclusión es a la que debería haber llegado Ricard Salvat que, por otra parte, mano a mano con el escenógrafo Alfonso Barajas y la coreógrafa Teresa Nieto, y siempre compaginándolo con su impronta bretchiana, nos transmite sabiamente toda la fuerza, la plasticidad y el desgarro de las fuentes teatrales de las que bebe Alberti en esta obra, desde la Fuenteovejuna de Lope de Vega y la Numancia de Cervantes hasta la crueldad de las tragicomedias galaicas y el esperpento de ValleInclán. Fuentes que depuran y trascienden el aquí y ahora de ese noviembre de 1936 en Noche de guerra el Museo del Prado hasta convertirlo en un aquí y ahora sin fecha de caducidad. CLÁSICA Temporada OCNE Messiaen: Sinfonía Turangalîla Int. I. Roma, piano. Ph. Arrieus, ondas martenot, Orquesta Nacional de España. Dir. J. Pons. Lugar: Auditorio Nacional. Fecha: 28- XI. COLORES ALBERTO GONZÁLEZ LAPUENTE o infrecuente y lo fastuoso dan forma a los programas de Josep Pons en su primera temporada como director musical de la Orquesta y Coro Nacionales de España. Tras ellos se adivina la intención de empezar sin titubeos, llamando la atención. Lo está consiguiendo aunque apenas sacando una cabeza en la carrera por la novedad La actual vitalidad de la vida musical madrileña está dándole la réplica, de manera que, si al poco de L interpretar la hipertrófica tercera sinfonía de Mahler ésta volvía a sonar en el auditorio, dirige ahora la sinfonía Turangalîla de Messiaen cuando la Orquesta Sinfónica la anuncia para el mes de abril. Turangalîla fue estrenada en Madrid en 1974 bajo la dirección de Odón Alonso y, desde entonces, se ha repuesto con una cadencia de catorce años, los necesarios para que, según el método generacional de Ortega y Marías, se incorpore una nueva generación de sensibilidad cultural propia y, hay que creer, de más ancha amplitud de miras. Resulta curioso observar que, pese a ello y al más de medio siglo de historia que ya tiene esta música, en la sesión del viernes el goteo del público que salió de la sala fue constante y significativo. La impresión que todavía causa el universo profano y sinfónico de Messiaen resulta sorprendente, al margen de la interpretación y de la espectacularidad de los medios. Quienes decidieron degustar esta obra observarían que la interpretación de la Nacional fue contundente. Poco a poco se implicó en la obra, lo que es tanto como decir afinando el detalle tras un primer movimiento demasiado confuso y disimulado en su propia monumentalidad. Pons ha optado por la firmeza, un estímulo al que la orquesta suele responder, y la correcta resolución de la compleja estructura rítmica antes que la profundidad en la rica amalgama tímbrica de la obra, que a la postre ha resultado algo agria. La hinchada retórica de la partitura y la sobreestimada efusión de su discurso son una tentación y un apoyo para mantener vivaz la obsesiva circularidad de esta música. Pero aún así se perfiló con limpieza el Jardín del sueño del amor como se diseñó con elegancia Turangalîla 3 y remató coherentemente el Final Meritorio esfuerzo el de esta interpretación que ayudará a ensanchar la escucha de nuestro público. or su elocuencia, es preciso consignar que el estreno de Cielo y tierra de Claudio Prieto, se intitula Cuádruple concierto para tres arpas convencionales y una electrónica, en homenaje a Ludovico, inspirado en San Juan de la Cruz Supone la obra grande dispuesta sobre una plantilla normal, con el aditamento de dos percusionistas (además de los timbales) y celesta. Su autor, en los cerca de cuarenta minutos de duración, acertó ante todo con el establecimiento de unos pentagramas que son un triunfo del arpa legendaria, dispondiendo estos pentagramas en claras secciones que desbordan su fantasía e inteligencia con desenfado armónico y timbrico, dentro de una actualidad que, no obstante, respira aromas españoles y, en contados momentos, se adorna con procedimientos stravinskyanos. Sus transparencias acuosas, translúcidas, debidas mayormente a los cuatro arpas solistas, se contrastan con oportunidad con esplendorosos tutti de una máxima brillantez, no dejan de dialogar concertadamente pero como en todo moderno concerto contienen esas cadencias en las que, primordialmente, se busca el triunfo del o los solistas. Triunfó asimismo, nuestra admirada María Rosa Calvo- Manzano (prestigiosa arpista, musicóloga, profesora, publicista, organizadora, etc. con su amada arpa, pero aquí más importate aún, por la colaboración de tres arpistas más alumnas suyas: Luisa Domingo, Maite García y Úrsula Segarra, la primera presentándonos la novedad del arpa blue cuyos recursos electrónicos utiliza también Claudio Prieto. Aplauso para la modificación del orden del programa: llenó la primera parte el estreno, sin necesidad de añadido telonero Y la segunda fue compartida con Mi patria del bohemio Bedrich Smetana y las Variaciones Enigma del inglés, Edward Elgar, con interpretaciones regidas por la batuta israelí de Yoav Talmi que, apremiados por la falta de espacio, diré tan sólo que resultaron correctas en la acertada disposición del director invitado, abundando en su clara versión del estreno, gracias a la colaboración magnífica de los profesores de la Sinfónica de RTVE. P