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ABC JUEVES 13 11 2003 Espectáculos 55 Sylvester Stallone Michael Jackson Kevin Costner FOTOS: ABC Fiscales federales y el FBI investigan una rocambolesca trama que salpica a actores, representantes, productores, abogados de renombre y unos de los más famosos detectives privados al servicio de la industria cinematográfica Watergate en Hollywood TEXTO: PEDRO RODRÍGUEZ CORRESPONSAL WASHINGTON. La historia comienza al más puro estilo de un guión de Hollywood. El 20 de junio del 2002, alguien dejó sobre el coche de una periodista del diario Los Ángeles Times una sartén con un pez muerto, una rosa marchita y un cartón con la palabra Stop Intimidación que ha desencadenado una rocambolesca saga en cadena que salpica a una parte de la poderosa elite que controla la industria cinematográfica de Estados Unidos. El caso se centra en las transcripciones de conversaciones privadas encontradas en poder de Anthony Pellicano, uno de los más famosos detectives privados de Hollywood en cuya lista de clientes figuran los nombres de Michael Jackson, Kevin Costner o Sylvester Stallone. La oficina del investigador, situada como no podía ser de otra forma en pleno Sunset Boulevard, fue registrada por agentes del FBI precisamente en conexión con el intento de silenciar a la periodista Anita Busch. Las confidencias encontradas en un ordenador personal de Anthony Pellicano han provocado una investigación en toda regla sobre espionaje telefónico, delito castigable en este país con 5 años de cárcel. Con ayuda de un jurado de acusación, los fiscales están interrogando a una larga lista de actores, representantes, productores y abogados de renombre. Todo bajo la sospecha de que Pellicano facilitaba pinchazos telefónicos a grandes letrados y grandes clientes de Hollywood. Por el secretismo con que operan los jurados de acusación en EE. UU. todavía no se tiene una idea clara de los detalles de esta trama. Pero sí ha trascen- dido que entre las personas interrogadas figura Bert Fields, uno de los más importantes abogados de Hollywood que durante su carrera ha representado a estrellas como Tom Cruise, John Travolta o destacados ejecutivos del show business como David Geffen o Jeffrey Katzenberg. Otras de las figuras llamadas a declarar es el actor cómico Garry Shandling. El FBI intenta aclarar si el espionaje telefónico atribuido a Pellicano repercutió en la batalla legal protagonizada por el cómico con su antiguo representante, Brad Grey, uno de los productores de Los Soprano y cuya em- presa representa a figuras como Brad Pitt y Adam Sandler. Ese conflicto financiero se saldó con un acuerdo extrajudicial y la defensa del productor fue realizada precisamente por el abogado Bert Fields. El creciente escándalo también tiene sus ramificaciones en el Departamento de Policía de Los Ángeles. Este verano, el sargento Mark Arnson fue suspendido de la division de robos y homicidios. El oficial con casi 30 años de servicio está acusado de haber realizado búsquedas ilegales en bases de datos policiales. Las informaciones obtenidas por esta vía delictiva habrían ter- Sálvese quien pueda Siempre se ha comparado a la capital del cine con la capital política de EE. UU. Ciudades que comparten grandes egos, pulsos de poder legendarios y personajes que se consideran por encima del común de los mortales. En este sentido, el Watergate de Hollywood parece centrarse en abogados de renombre que, para defender a gigantes de la industria del cine, contrataban los servicios irregulares del detective Anthony Pellicano, una lucratiLas pesquisas de los fiscales federales no sólo se centran en el uso de espionaje telefónico en disputas judiciales por cuestiones contractuales en la meca del cine, sino también en reñidos casos de divorcio. Procesos civiles que implican a veces cantidades multimillonarias. Y de hecho, la investigación federal en curso ya ha saltado de Los Ángeles a Nueva York, siguiendo un sospechoso sendero de litigios y escuchas telefónicas. Anthony Pellicano va práctica en Hollywood desde que descubriera en 1977 el robado cadáver del tercer marido de Elizabeth Taylor, Mike Todd. minado en manos del detective privado Anthony Pellicano y sus clientes. El intento de silenciar a la periodista Anita Busch, en el origen de este escándalo, también habría sido financiado por el detective. Según ha admitido el delincuente responsable de esta intimidación, Alexander Proctor, el infame detective privado le pagó 10.000 dólares para quemarle el coche a la periodista. Incómodo con este ejercicio de piromanía, el sujeto optó por el pez muerto y la rosa marchita. En esos momentos, la periodista estaba investigando las supuestas relaciones del actor Steven Seagal con la mafia. Ayer también ha trascendido que el teléfono de otra periodista fue pinchado en 1994 dentro de las múltiples operaciones de espionaje electrónico atribuidas a Pellicano. En este caso se trata de Diane Dimond, actual presentadora del canal judicial Court TV pero que a mediados de los noventa cubrió el escándalo de pederastia del cantante Michael Jackson. En esa ocasión, Anthony Pellicano fue contratado por el abogado del excéntrico artista, Harold Weitzman. Al registrar su oficina durante estas pesquisas, el FBI también ha encontrado en posesión de Pellicano una cantidad de explosivo militar C- 4 y dos granadas de mano. El detective se ha declarado el mes pasado culpable de este arsenal no declarado, por lo que deberá pasar más de dos años entre rejas. El próximo lunes, Pellicano ingresará en prisión y Hollywood se pregunta si esta experiencia carcelaria convertirá al detective privado en un testigo de cargo para el Ministerio Público.