Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 4 10 2003 Espectáculos 61 TEATRO Esmoquin 2 Autor: Santiago Moncada. Dirección: Arturo Fernández. Escenografía: Eduardo de Llano. Intérpretes: Arturo Fernández, Fabio León, Amparo Climent y Paula Martel. Lugar: Teatro Reina Victoria. Madrid. Henry Fonda en Fort Apache la vana gloria de mandar b Mañana, por sólo 4,99 euros más el cupón que aparecerá en el periódico ese mismo día, los lectores de ABC podrán adquirir esta película de John Ford ANTONIO WEINRICHTER Fort Apache es la película que inaugura la célebre trilogía de la Caballería de John Ford, que se completaría en los dos años sucesivos con La legión invencible y Río Grande Uno de los signos de la grandeza fordiana, a diferencia de otros colegas suyos canonizados por los franceses en la política de los autores es la evolución de su obra, desde el optimismo y el realismo social de su cine de los años treinta al carácter crecientemente crepuscular y encerrado en sí mismo de su cine de los cincuenta. El conflicto entre el individualismo del héroe y su sumisión a los valores de la comunidad, que informa muchas de sus mejores obras, va convirtiéndose en un dilema cada vez más irresoluble en los westerns posteriores a Fort Apache como Dos cabalgan juntos o El hombre que mató a Liberty Valance que otorgan retrospectivamente un sentido más complejo a la trilogía de la Caballería. Pero cuando rueda Fort Apache Ford cree todavía firmemente en los valores de la comunidad, militar en este caso, y la película utiliza a su protagonista para contrastarlos. El teniente coronel Owen Thursday (interpretado por Henry Fonda, en el primer papel antipático de su carrera) es un hombre del Este, graduado en la academia de West Point y enviado luego como observador militar a Europa, en donde queda impresionado por los métodos prusianos, se dice en el backstory que se preparó del personaje. Thursday está, por tanto, mal equipado para lidiar las peculiares exigencias de la vida en un puesto fronterizo con el territorio apache. Ford y su guionista, el antiguo crítico Frank Nugent, se ocuparon de limar los contenidos racistas del relato del que partían, escrito por el reaccionario James Warner Bellah, para dejar claro- -como escribe Scott Eyman en su excelente biografía de Ford- -que los indios no son villanos sino víctimas de criminales tolerados por el Gobierno Criminal es quizá una palabra demasiado fuerte para Thursday, pese a que su ruptura del pacto de honor con el jefe apache Cochise acaba precipitando la masacre final; éste es sólo un elemento de los que le asemejan al general Custer, del que Ford diría: Hemos tenido muchas personas que se supone que fueron grandes héroes, pero no lo eran La película acaba proponiendo un epitafio heroico de Thursday para la Historia, porque Ford pensaba que era bueno para el país tener héroes a los que admirar Fort Apache se- CLÁSICA Festival de Alicante Jesús Rueda: 24 Interludios Jesús Torres: Presencias Sofia Gubaidulina: Sonata Intérprete: Ricardo Descalzo, piano. Lugar: Casino. Alicante. Fecha: 27- IX- 03 ETERNAMENTE ARTURO JUAN IGNACIO GARCÍA GARZÓN EL PIANO Y LAS ÉPOCAS STEFANO RUSSOMANNO A rturo Fernández es probablementeel último delos mohicanos. Fin de una raza, de una forma de ser y estar sobre el escenario, la de una antigua estirpe de actores que aglutinaban en torno a sí una compañía y lograban que el público acudiera a verles casi independientemente de lo que interpretaran. Por eso- -y por sus calidades de actor, por supuesto- -merece la pena acudir al Reina Victoria para contemplarlo en su salsa: es todo un espectáculo de dominio, complicidad con el público, capacidad de comunicación y eficacia cómica. En esta ocasión parece haber pensado que si cuando una película obtiene buenos resultados en taquilla se producen secuelas, por qué no intentar la continuación de una comedia de éxito. Así, si en Esmoquin Santiago Moncada le confeccionó un traje a su medida (el del conquistador impenitente que bromea con su edad y se mete en problemassólo por intentar ser fiel a muchas mujeres a la vez) en Esmoquin 2 el mismo autor le ha cortado un chaleco, pieza que lleva menos tela y que también le sienta estupendamente. Esta comedia prolonga la situación de la primera con leves variantes. Caía el telón en Esmoquin con los dos amigos cómplices bailando agarrados en escena tras ser abandonados por sus respectivas esposas. Y se alza en Esmoquin 2 con Arturo Fernández con delantal y blandiendo una fregona- -estupendo guiño autoirónico a su condición de galán de lujo- -mientras Fabio León, resignado frontón del primero, convalece de una operación de próstata; comparten casa desde hace doce meses y ambos añoran a sus mujeres. Esta escena de engarce se prolonga y el acto concluye cuando las susodichas acuden a felicitar al maduro Casanova, que ese día cumple 72 años. Y ahí arranca realmente la obra. Arturo Fernández conoce a su público y, metido en faenas de director, le sirve lo que espera, que no es otra cosa que un recital de sus múltiples recursos, y ahí no tiene rival: está espléndido en ese personaje al que tan bien le tiene medidas las costuras. A su lado, Fabio León es un ejemplo en la contrarréplica y la comicidad sufriente, y Amparo Climent y Paula Martel están guapas, elegantes, cautivadoras. Las risas salpican toda la representación, cerrada la noche del estreno con nutridos aplausos para la compañía y especialmente para ese actor irrepetible que se empeña en ser eternamente Arturo. Y lo consigue. Henry Fonda ABC gún el dictum fordiano, imprime la leyenda. Pero no sin antes mostrar la realidad del déspota y clasista Thursday a través de sus enfrentamientos con el capitán York (John Wayne) y el sargento O Rourke (Ward Bond) cuyo hijo pretende a la hija de Thursday; la pareja estaba interpretada por los por entonces casados en la vida real Shirley Temple y John Agar. Este último fue objeto de la crueldad de Ford durante el rodaje y estuvo a punto de abandonarlo hasta que el propio Wayne le contó que él había pasado por lo mismo en La diligencia Ford era un genio que lo tenía muy malo (el genio) El propio Henry Fonda tampoco se libró de recibir algún chaparrón fordiano, pese a haber trabajado antes con el cineasta en westerns tan memorables como Pasión de los fuertes Aquí Ford le pidió que sacara de sí mismo toda la rigidez posible para encarnar a Thursday, abandonando la deliberada placidez y sentido de la honestidad que Fonda proyectaba en sus mejores trabajos, ya fueran comedias, como Las tres noches de Eva thrillers, como Falso culpable o recreaciones míticas de lo mejor del espíritu americano, como el presidente que encarnó, de nuevo para Ford en El joven Mr. Lincoln todos nos han contado de pequeños que, cuando observamos una estrella, no la vemos tal como es ahora sino como era hace miles de años, cuando su luz empezó a viajar hacia nosotros. Una impresión parecida despertó el estreno de la integral de los 24 Interludios de Jesús Rueda. El compositor los escribió entre 1995 y 2003, pero las piezas parecían llegar de épocas anteriores y haber coincidido allí en virtud de alguna extraña conexión espacio- temporal. Están planteados como un viaje por territorios pianísticos localizables a lo largo del siglo XIX y comienzos del XX, que Rueda recoge y hace propios con candorosa auto- identificación. Pero no le faltan al compositor dosis de habilidad y acierto Nocturno por ejemplo, con sus sonoridades martilleadas en el registro agudo del piano, es una pequeña joya) En los cuatro movimientos de Presencias Jesús Torres demostró dotes de flexibilidad expresiva, adecuación al medio pianístico y sentido de los equilibrios formales. Este último fue el punto débil de la Sonata de Gubaidulina: obra interesante y no exenta de cualidades, pero con un primer movimiento de excesiva duración. El gran triunfador de la tarde fue el pianista alicantino Ricardo Descalzo. Abordó todas las piezas con primoroso cuidado y técnica fina, supo unificar estéticas dispares, poniendo de relieve un gusto siempre musical, acertadas decisiones interpretativas, un timbre bello y rico en matices. Sobre todo quedó patente su convicción en lo que estaba tocando, su grado de implicación y disfrute a lo largo de todo el concierto. A