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ABC MIÉRCOLES 23 4 2003 Opinión 9 JAIME CAMPMANY Doce curas guapitos en colección. Las romanas caprichosas irán por ellos. Oh, el pecado de lo prohibido LOS CURAS GUAPITOS ARA promocionar la ciudad de Roma, que es algo así como elevar el Himalaya, han editado un calendario donde los doce meses del año vienen ilustrados con la imagen de un cura bonito. Ya lo habrán visto ustedes reproducido en las páginas gráficas de este papel. Hasta ahora, esos calendarios de promoción venían prestigiados con las fotografías de actrices famosas en poses más o menos insinuantes o con jais de bandera de esas que no necesitan ser actrices ni nada. Les basta con ser. Estas últimas suelen aparecer aligeradas de cualquier torpe aliño indumentario y algunas veces Play boy y otros catecismos del sexo las ofrecen in púribus, o sea, en pelota picada. Este de los curas guapitos es un reclamo nuevo con una añagaza erótica. Los doce curitas guapos son presentados en el calendario romano con el criterio opuesto. Todos van vestidos con sotana y algunos hasta se tocan con teja o con bonete. En un tiempo en que los curas van por la calle o andan por las sacristías vestidos con vaqueros y camisas tejanas, sacar curas ensotanados y con la chola cubierta puede ser incluso una provocación. Es como sacar a las vicetiples con hábitos de monja. Como sabe muy bien Don Juan, la ocultación aumenta el morbo. Cuando todo se enseña, ya nada se espera, y al poco las miradas se van para otro lado donde haya veladuras. Dicen que ha descendido notablemente el número de vocaciones, y es que eso del celibato obligatorio se hace cada vez más cuesta arriba en este mundo de tentaciones, en este jardín ameno plagado de áspides, que diría el padre Coloma. No sé como andarán de rijo los curas de ahora y si la lujuria los tendrá más a punto que san Hilario Quizá estén como siempre, porque el pecado más natural en los curas es la lujuria si son jóvenes y la gula si son viejos. Si se libran de uno y otro es peor, porque entonces caen en la soberbia, que es el pecado de los ángeles rebeldes. Hace tres o cuatro siglos llegó desde Roma una instrucción que exhortaba al clero de España a abandonar ciertas costumbres non sanctas y sobre todo a abandonar a la barragana, que era institución muy extendida. La respuesta fue clara y terminante: Pasamos por todo, menos por lo de la barragana venían a decir los clérigos. Hubo un tiempo en que la literatura buscaba la originalidad y el moderado escándalo en los amores de curas. Zola nos contó las conquistas del abate Mouret, Eça de Queiroz los pecados del padre Amaro, y aquí Juan Valera casó a Pepita Jiménez con un seminarista, Clarín contó la historia de La regenta y don Benito publicó Tormento A mí nunca se me ha ocurrido crear curas literarios ligeros de sotana y con el oremus revoltoso, pero cuando dirigía medios de comunicación fui casando, uno tras otro, a todos los curas que llamé para que atendieran la información religiosa, que adquirió mucha importancia informativa tras el Concilio. La Iglesia me lo perdone. Doce curas guapitos en colección. Pues ya veremos cómo las romanas caprichosas van por ellos. Oh, el pecado de lo prohibido. P ALFONSO USSÍA No puede extrañar que estos canallas canten y animen en las fiestas organizadas por los ayuntamientos de Batasuna en las Vascongadas. Pero sorprende que en municipios del resto de España se dilapide el dinero público financiando a estos forajidos analfabetos HIJOS DE PUTA Q UE en España hay mucho hijo de puta es algo que no puede sorprender. La Real Academia Española define al hijo de puta como mala persona Se queda corta. Un hijo de puta es mucho peor que una mala persona. Y hay muchos hijos de puta en las concejalías de cultura de un buen número de ayuntamientos. Al menos, de los diecisiete ayuntamientos de localidades cordobesas, coruñesas, castellonenses, granadinas, asturianas, valencianas, murcianas, ilerdenses o barcelonesas que han contratado para sus fiestas a dos grupos presuntamente musicales formados por otros hijos de puta batasunos que responden a los nombres de Sociedad Alcohólica y Su Ta Gar No puede extrañar que estos canallas canten y animen en las fiestas organizadas por los ayuntamientos de Batasuna en las Vascongadas. Pero sorprende que en municipios del resto de España se dilapide el dinero público financiando a estos forajidos analfabetos. Aquí nada tiene que ver la libertad de expresión. Sí la ética, la estética y la decencia social. En este caso, la amoralidad, la antiestética y la indecencia social. Cada conjunto de hijos de puta tiene una canción preferida, que oyen con delicia los hijos de puta que los contratan y los hijos de puta que los aclaman. La pieza magistral de los primeros se titula ¡Explota, zerdo! y la de los segundos Síndrome del Norte Se creen transgresores, los muy imbéciles. Lo que está claro es que actúan en el país más libre del mundo, porque en otros se les aplicarían las leyes. Apología del terrorismo y recochineo insoportable del dolor ajeno. También desacato, calumnia e injuria, pero esas bobadas en España no constituyen delito. Aquí se le llama terrorista al Rey o al presidente del Gobierno, y lo hace un parlamentario autonómico de la cuerda de Llamazares, y a lo más que llega la Justicia es a regañar un poquito. Lo que escribía al principio. Un alarmante ex- ceso de hijos de puta es lo que tenemos. Y no exportamos ni uno. Nos los quedamos todos para nuestro consumo interior. Así nos va. Huele a esclavo de la ley, zipaio siervo del rey, lameculos del poder, carroñero coronel, ¡Explota, zerdo! dejarás de molestar, ¡Explota, zerdo! sucia rata morirás La segunda creación es aún más sutil. Siempre que sales de tu casa, tú vas todo acojonao, mirando por todos los laos, ese bulto en el sobaco es poco disimulao. Al llegar hasta el cotxe dejas las llaves caer, no se ke haya un bulto raro, y ke te haga volar como a Carrero, como a Carrero, ay qué jodío es ser madero, en un lugar donde me consideran extranjero, porrompompero Buena rima, buena gramática, buen mensaje y artística superación. Eso es lo que han interpretado los responsables municipales de los ayuntamientos contratantes. En más de uno, muy probablemente, haya sido ocupada en su cementerio alguna tumba con antelación. No sé, algún civil, algún militar, algún niño, algún zerdo que murió como una rata gracias a los amigos y protectores de estos insignes músicos. Resultaría interesante conocer qué ayuntamientos, qué organizaciones, qué centros culturales, qué asociaciones de vecinos, han contratado a estas pandillas de miserables. Y si mantienen los contratos en vigor, cuáles son los nombres de los hijos de puta correspondientes. Nos podemos llevar más de una sorpresa. Insisto. En la mugre social, sin hacer renuncia de su condición de hijos de puta, hay otros grados de hijoputez que superan al de los idiotas que cantan y componen esas birrias intolerables. Y vuelvo al primer paso. Esos alcaldes que contratan o permiten, esos concejales que pagan y ovacionan, esos ciudadanos que acuden, bailan, tararean y ríen. Esos son los hijos de la gran puta en su grado de máxima excelencia. Todos esos.