Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
14 Posguerra en Irak BALANCE DE UN MES DE GUERRA LUNES 21 4 2003 ABC La intervención en Irak marca un antes y un después en las relaciones internacionales. Ha habido un escarmiento ejemplar, un descalabro de las instituciones multilaterales, un hundimiento de las soberanías nacionales. Y se ha dado paso al nacimiento de un nuevo paisaje internacional La consagración de un nuevo orden ALBERTO SOTILLO ENVIADO ESPECIAL FRONTERA JORDANO IRAQUÍ. En vísperas de la guerra, la Embajada de nuestro país en Bagdad distribuyó una máscara de gas a cada ciudadano español con intenciones de permanecer en Irak. Loable medida de cautela que fue debidamente atendida. En cuanto empezó el primer bombardeo, sin embargo, la máscara se convirtió en un trasto que nos acompañó en idas y venidas y mudanzas de hotel desde la convicción de que aquello no era más que una especie de fetiche de incierta necesidad. Hoy, ese adminínculo que asusta con sólo verlo, tiene algo de simbólico. Tras la abstracción de la máscara, nace un nuevo orden mundial que se perfila ya en los siguientes ámbitos: Un escarmiento ejemplar. Tras el 11 de septiembre, Estados Unidos ha ratificado su poder con este castigo ejemplar. Falta por ver si el mensaje es recibido o si por el contrario la comunidad árabe lo entiende como una humillación más. Un nuevo agravio que alimente el resentimiento y la irracionalidad latentes en sus movimientos más antioccidentales. Una guerra contra Arabia Saudí. Es una de esas realidades inconfesables del nuevo orden: la guerra de Irak ha sido también una guerra contra Arabia Saudí. En el 11- S, Estados Unidos descubrió que la amenaza también procedía de un dudoso aliado, que durante décadas había curado la mala conciencia de sus millones con la financiación de inquietantes movimientos fundamentalistas. La estabilización de Irak y la explotación de sus inmensas reservas de petróleo permitiría a Estados Unidos retirar sus bases de Arabia Saudí, dejar de depender de este incierto amigo y asestar un golpe mortal a la OPEP. Una ruina para la ONU, la UE y la OTAN. Estas instituciones internacionales van a necesitar mucho tiempo para reponerse del descalabro sufrido. La guerra se hizo sin el aval final de la ONU. La OTAN puede convertirse en un glorioso cero a la izquierda después de que Estados Unidos haya dado la espalda a esta institución, que tampoco le sirvió para legitimar la guerra. Y tras su incapacidad para conciliar unos intereses nacionales enfrentados a muerte, la UE está abocada a un doloroso conflicto interno del que sólo podrá salir entera si lleva a cabo una revolución institucional. Las imágenes junto al ídolo caído son las preferidas por los soldados norteamericanos para llevarse a casa recuerdo arqueológico nacido en la paz de Westfalia y muerto en el conflicto de Irak. En la intervención de Yugoslavia se perfiló el concepto de injerencia humanitaria en el que la soberanía nacional no era justificación para la limpieza étnica. Pero en Irak se ha desencadenado una guerra para cambiar un régimen político que Estados Unidos creía una amenaza para su seguridad. ¿Es un ejemplo válido para otros países? ¿Puede ser un precedente, por ejemplo, para que Rusia intervenga en Georgia para controlar la tierra sin ley del valle del Pankisi, retaguardia del terrorismo checheno? poder, los imanes de las mezquitas se perfilan como la única autoridad moral capaz de establecer un cierto orden. El más ancestral y piadoso sector de la sociedad iraquí corresponde a la población chií, que pese a ser mayoritaria en el país se ha visto históricamente excluida del poder. Ahora bien, Irán aspira a mantener la tutela de los chiíes iraquíes y, paradójicamente, la población más occidentalizada es la minoría sunní del centro del país, que acaparó casi toda la Administración durante la satrapía de Sadam. Una democracia plena y de corte occidental es, por el momento, una utopía. Antes, hay que evitar la guerra civil, los baños de sangre y la ruptura de un país multiétnico y pluriconfesional. AP La piadosa democracia iraquí. Mucho se puede hablar de democracia, pero la única realidad palpable es que la guerra ha aniquilado el antiguo Estado iraquí sin que hasta ahora nadie se haya acordado de la necesidad de las leyes para los pueblos. En este vacío de tión extranjera del petróleo sería una suicida apuesta colonial. Los precios del crudo, eso sí, podrían bajar cuando entren en el mercado internacional las inmensas reservas petroleras iraquíes. Pero la explotación de las mismas requiere inmensas inversiones económicas durante un prolongado periodo de tiempo. Las compañías españolas no tienen esa capacidad. Sólo los gigantes norteamericanos y británicos del petróleo pueden entrar en el juego y, previsiblemente, sólo lo harían si existe una estabilidad política que, por el momento, parece inconcebible bajo un régimen neocolonial. Durante años nadie podrá soñar con fastuosos negocios en Irak. No es en este país donde está la panacea a los actuales problemas de la economía internacional. El fin de la soberanía nacional. La soberanía nacional puede acabar siendo un El petróleo será la carta esencial en la que se dirimirá la futura soberanía del pueblo iraquí y en este apartado nadie está dispuesto a ceder la gestión a extranjeros Irak no va a regalar su petróleo. Irak es un pueblo con un gran orgullo nacional. En los días de caos que siguieron a la entrada de los marines en Bagdad, el comentario más habitual del iraquí es que muy mal les fue con Sadam, pero peor les estaba yendo con los norteamericanos. Éste no es un país que se preste fácilmente a convertirse en protectorado occidental, como bien pueden recordar los británicos. Y el petróleo se perfila como la carta esencial en la que se dirimirá la futura soberanía iraquí. Ni el más fervoroso proamericano de este país, ni el exiliado más occidentalizado está dispuesto a ceder la gestión de su petróleo a extranjeros. La ges- Nuevo rearme. Mucho se habló sobre las armas de destrucción masiva, pero la realidad sobre el terreno es que el régimen iraquí apenas se defendió con cuatro trastos obsoletos ante la potente maquinaria americana. Visto desde fuera, parece inevitable que Irak fue atacada precisamente porque era una patética satrapía desarmada. Otros regímenes amenazados llegarán fácilmente a la conclusión de que sólo un fuerte rearme puede ponerles a salvo de que se les aplique el ejemplo iraquí. Corea del Norte se perfila ya como alumno aventajado de esta ineluctable escuela de pensamiento.