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24 Nacional VIERNES 25 10 2002 ABC El violador y asesino de ancianas de Santander murió ayer atacado por tres presos muy peligrosos en el patio del módulo de aislamiento de la cárcel de Topas, a la que había llegado 48 horas antes. Uno de los pinchos utilizados fue introducido en un brik MADRID. La cárcel también tiene su propia ley un código de honor que castiga a agresores sexuales, y ayer se cumplió de forma inexorable. La sentencia a muerte se ejecutó en la prisión salmantina de Topas y el condenado fue José Antonio Rodríguez Vega, uno de los asesinos en serie más siniestros de la historia criminal española, condenado a más de 440 años por matar a finales de los 80 a 16 ancianas en Santander, a muchas de las cuales además violó, y que fue calificado por los psiquiatras como un psicópata desalmado Dos presos, también muy peligrosos, ejercieron de verdugos ocasionales. Pero la condena ya estaba dictada hacía mucho tiempo. José Antonio Rodríguez Vega, de 44 años, había llegado sólo 48 horas antes a Topas, procedente de la prisión de Murcia. Desde que ingresara en prisión, el 24 de mayo de 1988, siempre estuvo calificado en primer grado, el reservado a los más peligrosos. Nunca había mostrado signos de arrepentimiento por sus crímenes atroces; incluso, no se había privado de conceder entrevistas en las que se enorgullecía de sus actos y pronunciaba frases del estilo quién no ha tenido alguna vez deseos de violar a su madre Se trataba, por tanto, se un individuo muy conocido y, sobre todo, odiado por la espantosa naturaleza de sus crímenes. Se cumplió la ley de la cárcel TEXTO: PABLO MUÑOZ Sobre las nueve de la mañana de ayer, Rodríguez Vega salió al patio de la tercera galería del módulo de aislamiento acompañado por siete reclusos, tan peligrosos como él. A las once y cuarto, se desató una disputa entre el asesino de ancianas y tres internos: Felipe Martín Gállego, que le golpeó con un calcetín en cuyo interior escondía una piedra, Enrique del Valle González y Daniel Rodríguez Obelleiro. Portaban sendos estiletes que clavaron una y otra vez en el cuerpo del criminal de Santander, mientras el resto de los presentes se mantenía al margen. ¡Vete, que te meto! El funcionario de servicio, al ver lo que sucedía, entró de inmediato en el patio, pero Martín Gállego y Rodríguez Obelleiro salieron a su encuentro, este último esgrimiendo el punzón. Uno de ellos le advirtió: ¡Qué quieres defender a un violador! ¡Vete, que te meto! Mientras, Enrique del Valle seguía atacando brutalmente a Rodríguez Vega, sin que el trabajador de prisiones pudiera hacer nada por evitarlo. Incluso ya con el asesino de ancianas en el suelo, con la mirada perdida, continuaba con la agresión, hasta que se convenció de que su víctima había muerto. Una vez consumada la sentencia, los reclusos, con absoluta tranquilidad, entregaron a los funcionarios sus armas. Los autores de las puñaladas fueron llevados a sendas celdas de aislamiento, donde desde entonces permanecen esposados. José Antonio Rodríguez Vega, según la primera inspección ocular y a falta de lo que determine la autopsia, tenía una treintena de heridas de arma blanca en el pecho, y hasta un centenar por el resto del cuerpo. Un impresionante charco de sangre rodeaba su cadáver, que fue levan- tado por el juez de guardia que se desplazó hasta el centro penitenciario. El perfil de los asesinos es el de individuos muy peligrosos, con largas condenas a sus espaldas y que ya han protagonizado numerosos altercados en las prisiones. Enrique del Valle tiene 35 años y está condenado a más de 64 por delitos contra el patrimonio y las personas, y desde que ingresó en prisión se empeñó en engordar su historial delictivo. A título de ejemplo, en la Audiencia de Badajoz se abalanzó sobre una fiscal, la agarró por el cuello y la tiró al suelo, para posteriormente agredir también a los agentes que le custodiaban. Ha protagonizado ya ataques a otros internos, varios intentos de fuga tanto de prisión como de furgones policiales y secuestros de personal sanitario en las enfermerías de varias cárceles. Su último altercado grave se produjo el 20 de junio de 2000, cuando se le intervino una sábana anudada con un palo en uno de los extremos que pensaba utilizar en una evasión. Secuestros e intentos de fugas Rodríguez Obelleiro tiene 30 años, está condenado a más de 53 por delitos contra el patrimonio y como su compañero ha protagonizado intentos de secuestro de un médico y una ATS en centros penitenciarios. El tercer implicado, Martín Gállego, según fuentes sin-