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ABC DOMINGO 13 10 2002 Internacional 35 fundas de nuestra sociedad. -Si lo entiendo bien, la seguridad es una preocupación global mucho más importante que el paro. -En tanto que preocupación global, sin duda. Aunque hay barrios donde el paro es un cóctel peligroso, mezclado con la violencia. Con ghettos y bolsas de apartheid social, étnico y cultural. ¿Se siente impotente ante esas bolsas de violencia urbana? -Ante esas amenazas, un alcalde se siente con frecuencia impotente. Y aterrorizado. Aterrorizado desde el punto de vista moral y desde el punto de vista de la acción desalmada de los más jóvenes, que apenas son adolescentes y se comportan con una violencia extrema. El lenguaje de muchos niños es sencillamente espantoso. Van hacia un abismo, donde han desaparecido todos los puntos de referencia morales. Tratan a la mujer de una manera vil. Hay que apretar todas las tuercas, culturales, educativas, policiales. -Usted es el ejemplo casi ideal de integración feliz. Hijo de padre español y madre italiana ¿qué ha cambiado en la escuela pública, que parece fracasar parcialmente al menos en su vocación de crisol de valores comunes? -No estoy seguro de que la escuela haya cambiado mucho, continúa realizando con éxito su misión de aprendizaje. El problema de fondo es que la escuela es hoy casi el único centro de formación social. La gran diferencia con la sociedad donde yo comencé a educarme es que la familia jugaba entonces un papel mucho más importante. Hoy es una evidencia que hay infinidad de niños que son hijos de familias desarticuladas, rotas. Se han perdido las referencias más profundas. El papel de la escuela es hoy mucho más complicado que hace treinta años. ¿De dónde viene esa pérdida de valores de fondo? -La pérdida de referencias morales es un debate de fondo duro y difícil. En otro plano, Francia es un país que duda de sí mismo desde hace años. Francia ha perdido mucha de su potencia intelectual, y sufre por no poder ofrecer ni ofrecerse un modelo para su propio pueblo. La falta de referencias esenciales sobre el país, sobre Francia, sobre la mundialización o el simple puesto del dinero en la vida social, juegan un papel enorme. En los barrios pobres de mi pueblo, en Evry, yo veo a los chiquillos, a los adolescentes que le toman el gusto al dinero fácil. Vendiendo droga o robando coches ganan más dinero en un día que sus padres en un año. Algunas ideas de mayo del 68, por otra parte, han jugado un papel nefasto al desvalorizar la familia. Una cierta permisividad ha sido muy penosa, devastadora. En el terreno de la droga, por ejemplo, soy contrario a la liberalización, al contrario de lo que se hizo en España hace años. -Pasando a otro terreno ¿van a estar los socialistas franceses huérfanos mucho tiempo de la retirada de Lionel Jospin? -Los socialistas son capaces de reponerse del fracaso enorme sufrido la primavera pasada. A condición de sacar todas las consecuencias de sus errores. No fue un simple error. Y no sólo Francia se mira mucho el ombligo -Su padre es español, su madre italiana, usted nació en Barcelona, se educó en París, ¿cree, de verdad, que Francia y España se conocen? -Yo he tenido una suerte extraordinaria. En mi casa hemos estado educados en el respeto y la amistad por Madrid, salvo en el terreno futbolístico; pero esa es otra historia. Me encanta Madrid. Mi hermana vive en Barcelona. Pero es verdad que Francia y España se conocen poco y mal. Hace años, todos los hijos de españoles éramos mirados con un cierto desprecio, como si fuésemos hijos de porteros. Hoy todo lo que viene de España está a la moda. Con frecuencia, Francia mira a sus vecinos con unos anteojos de caricatura. Francia conoce mal España. Pero tambien conoce mal Alemania o Inglaterra. Francia se mira mucho el ombligo. -Cuando se habla de usted nadie dice que es hijo de Xavier Valls, uno de los pintores figurativos más imporantes de nuestro tiempo. ¿Por qué esa distancia insalvable hasta ahora? -Para mí es un misterio. Modestamente, creo que mi padre es un gran artista. Que sufrió mucho durante bastantes años, porque el arte figurativo se vio desplazado por otras formas de arte contemporáneo. El reconocimiento de mi padre comienza en la segunda parte de su vida, y esencialmente en Madrid. En Barcelona, su ciudad natal, estuvo sin exponer durante muchos años. Haciendo cosas muy distintas, yo le debo mucho. Francia no lo ha reconocido como merece. Mi padre es comparable a Balthus. Y ya es hora que París lo reconozca públicamente. Respuestas simplistas ¿Hay alguna correlación entre violencia urbana e inmigración? -Se trata de un debate de fondo... la respuesta simple es forzosamente reductora. Y cuando se dan respuestas simplistas, se denuncia de manera injusta a los emigrantes. Cuando se amontonan en un mismo barrio gentes con problemas sociales e inmigrantes que huyen de la miseria, se acentúan los problemas de fondo. Es muy fácil imputar delitos de delincuencia menor a los hijos de la inmigración. Soy optimista a largo plazo, pero mucho más pesimista a corto y medio plazo: sin trabajo, en el paro, en barrios difíciles, se crean situaciones explosivas entre gentes que, con frecuencia, no tienen los mismos valores, la misma cultura, ni la misma religión. Los burgueses vietnamitas que huían del comunismo se han integrado muy bien. Por el contrario, los pobres inmigrantes norteafricanos que huyen de la miseria absoluta tienen muchos más problemas. la izquierda va mal. Es toda Francia la que va mal. Los socialistas fueron capaces de olvidar a François Mitterrand y sustituir su liderazgo absoluto durante treinta años. Ahora quizá sea más difícil. Fue una derrota inesperada. La derrota del mes de mayo pasado nos cayó encima con una violencia inusitada. Será difícil reponernos. Atravesamos, al mismo tiempo, una crisis de ideas y una crisis de liderazgo. El alejamiento de Jospin me parece definitivo. Él es un hombre de principios; y creo que respetará lo que dijo la noche de su derrota, el 21 de abril. Nos hace falta tiempo para encontrar un lí- der capaz de sustituirlo. También estamos al final de un ciclo político. Sin ocultar la crisis de ideas. -Hubo un tiempo en que los socialistas franceses se creían líderes europeos, más a la izquierda que sus correligionarios ingleses, alemanes, españoles e italianos. ¿Cuál es hoy el puesto del socialismo francés en la escena europea? -A pesar de todo, creo sinceramente que el PS francés continúa estando más a la izquierda que otros partidos europeos. Pero desconfío profundamente de esa terminología. El PS francés continúa estando a la izquierda. Pero nuestro principal problema es nuestro alejamiento de las clases populares, nuestro alejamiento del pueblo. A pesar de todo, Tony Blair y Gerhard Schröder han continuado en contacto con el electorado popular. Nosotros no hemos sabido comprender el alejamiento de los trabajadores. No hemos sabido entender por qué los trabajadores dejaban de votar socialista para votar a la extrema derecha. Ahora somos un partido de clases medias acomodadas. A nosotros saber a quien queremos dirigirnos para volver a tener audiencia popular. -Se ha reprochado al alcalde de París, Bertrand Delanoë, un cierto angelismo en materia policial, con la conclusión fatal de las puñaladas que recibió durante una gran fiesta popular. ¿Cuál es su opinión al respecto? -No comparto las críticas contra el presunto angelismo A los alcaldes se nos pide estar en contacto con la gente, en la calle. Esa proximidad nos obliga y condena a situaciones peligrosas, incompatibles con una protección policial más dura.