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92 VIERNES 9 8 2002 ABC ESPECTÁCULOS TANGO MÚSICA FESTIVAL DE SALZBURGO Un Ensemble original y expresivo por LUIS MARTÍN Turandot un fiasco por JUAN ANTONIO LLORENTE L M ucho antes de que en la década de los 20, Carlos Gardel popularizase las formas cantadas del tango, este género deslumbraba con su hechura instrumental original a las audiencias bonaerenses. Las opiniones más autorizadas fijan el nacimiento de esta música de suburbio en las elaboraciones que algunas orquestinas ofrecían en las tabernas de los arrabales. Más de cien años después, la intención del Ensemble Nuevo Tango está puesta en hacer reconstrucción de aquellas ideas, aunque proporcionándoles el imprescindible revestimiento contemporáneo con el que- -como ya mostró al mundo el maestro Astor Piazzolla- -hacer de estas narraciones música actual, de siempre. Para lograr el objetivo, este septeto instrumental recurre a cuantos referentes musicales le pueden ser útiles y encuentra a su paso, siendo los más importantes que yo haya vuelto a apreciar en su nueva visita al café Central, los del aliento poético- -cómo no- -de aquel músico del Mar del Plata y las elucubraciones camerísticas del Paul Winter Consort y de su derivado jazzístico, el cuarteto estadounidense Oregon. De los últimos, el Ensemble hereda, sobre todo, los dibujos del oboe de Ezekiel Lezama, y también el envoltorio de arreglos que fabrica el guitarrista Fernando Egozcue, al que todavía supongo director musical de la formación. Sin embargo, esta ambiciosa voluntad de mimetismo también se extiende a algo tan difícilmente imitable como la sensibilidad. El pretexto argumental- -las composiciones que proporcionan consistencia al disco 500 motivaciones y a otro de próxima edición- -consigue ser mucho más de lo que parece bajo el disfraz de una música repleta de alternancias instrumentales y apasionados alfilerazos rítmicos, siempre a la captura del fetiche porteño. La dinámica es excepcional en las composiciones de Fernando Egozcue- Ruegos y preguntas y Tango en silencio -y la cohesión del breve repertorio de Piazzolla está repleta de brillantes apariencias. Excelente la temperatura emocional propiciada por el percusionista Andy Aegerter, algo ahogadas por el elevado volumen. Y felicitaciones, asimismo, para el cellista Juan Pérez Albéniz, sustituto del malogrado Oscar Grossi. a esperanza depositada por todos en la vuelta de Pucccini al Festival después de trece años de ausencia se quedó en agua de borrajas. Mucho ruido para nada por recurrir al título shakeaperiano. De hacer ruido, y mucho, se encargó Valéry Gergiev que indujo a la Filarmónica de Viena a seguirle en su bombástica exposición de Turandot un título nunca programado en las más de 80 ediciones del Festival. La presente edición era la indicada para hacerlo. Con una nueva cabeza rectora enmendando la plana a su predecesor, a quien el simple nombre del padre de Tosca y Madama Buttefly parecía producirle sarpullidos. Y, para que a nadie le sonase a venganza, recurriendo a la aportación novedosa del tercer y flamante acto, reconstruído por Luciano Berio gracias a un encargo del Festival de Canarias, cuyo director, Rafael Nebot, se encontraba entre los asistentes contemplando el desaguisado. No así Berio, que, por problemas de salud, debió cancelar su presencia en la traumática puesta de largo del formato de la ópera. Porque si bien es cierto que el primer montaje escénico de la nueva Turandot tuvo lugar el pasado mes de junio en la Ópera de Amsterdam, Salzburgo es a la ópera lo que a los toros la plaza sevillana de la Maestranza o Las Ventas de Madrid. Por eso, la decepción en los tendidos salzburgueses también resultó amplificada. Una clara prueba es que, a la hora del juicio final llegó a echarse en falta ese sector de abucheos que en los últimos tiempos preludiaban, Cristina Gallardo- Domas (izquierda) y Gabriele Schnaut en una escena de la ópera Reuters si no la calidad, al menos la beneficiosa polémica del montaje. Sólo aplausos tibios. El público decidió erigir en vencedores de la velada, en primer lugar, a la soprano chilena Cristina Gallardo- Domas, por una convincente Liù. Seguidamente, al trío de sabios, Ping- Pang- Pong, entre los que se encontraba el tenor levantino Vicente Ombuena. Por último, Paata Burchuladze (Timur) cuyo torrente de voz le ayudó a salvar el muro de sonido en que Gergiev había convertido el foso, más parecido por el caudal sonoro. El resto del reparto debió conformarse con testimonios de cumplido. Incluso Gabriele Schnaut (Turandot) que después de un buen comportamiento en la primera intervención, vio mermadas sus fuerzas en el tercer acto. Por su parte, Johan Botha, que dos días an- tes del estreno había acusado problemas en sus cuerdas, salvó su trabajo con dificultades en un espacio que, a todas luces, le resultaba incómodo. Responsable del marco, el británico David Pountney, que ha pretendido crear en un escenario tan desproporcionado como el de la Grosses Festpielhaus, el mayor en dimensiones de Salzburgo, su propia Ciudad Prohibida, poblada por autómatas clónicos- -muy buena labor la del coro en su difícil cometido actoral- -híbridos entre la uniformidad de los guerreros chinos de terracota de la tumba de Xian y Eduardo Manostijeras, con brazos- utensilio para trabajar en ese juego de ruedas dentadas en que se convierte el gran decorado, similar al imaginado por Ridley Scott para Blade Runner y en el que no faltan otros guiños fílmicos. MÚSICA FESTIVAL DE PESARO Rossini con sabor español por J. A. Ll. E l auge del belcantismo ha llevado en los últimos tiempos a programas numerosas convocatorias bajo la advocación de Rossini. Como la que desde hace 14 años se celebra en la localidad de Wilbad, en plena Selva Negra, donde el músico pasó algún periodo vacacional. Pero el templo de su música continúa siendo Pesaro, su ciudad natal. Allí, en la región italiana Delle Marche, desde mañana y hasta el día 23, se dan cita los numerosos seguidores de este músico tan unido a España. Ante todo, por la influencia de su primera esposa, la cantante española Isabel Colbrán, con quien contrajo matrimonio en 1822 y de quien se separó en 1830, poco antes del viaje a nuestro país en el que compuso su Stabat Mater Por su parte, algunas voces españolas son las que mejor han defendido su repertorio, desde la legendaria Malibrán, hija de Manuel García y hermana de Paulina Viardot, a Teresa Berganza. No es extraño, pues, que en esta edición del Festival, que hace la número 23, el cartel vuelva a contar con nombres españoles. Empezando por su director musical, Alberto Zedda, medio paisano por matrimonio y domicilio. Siguiendo por las cantantes Silvia Tro Santafè y Mariola Cantarero, para desembocar en Emilio Sagi, que, tras el éxito el verano pasado de su trabajo académico con Il Viagio a Reims -que recupera en éste- regresa en gran formato, haciéndose cargo del cometido escénico de L Equivoco Extravagante título rescatado como una de las tres nuevas producciones del Festival. Junto a L Equivoco Il Turco In Italia bajo la reggia de Guido de Monticelli con dirección musical de Ricardo Frizza, y La Pietra del Paragone en la que asume dirección, escenografía y vestuario Pier Luigi Pizzi, celebrando las dos décadas de su début en la ciudad de El Cisne Complementando la oferta, además de las serenatas y los actos convocados por la Accademia Rossiniana, el día 14 ofrecerá un recital el pianista Maurizio Pollini, un asiduo, que en aquí mismo se apuntó su única experiencia como director con una producción de La Donna del Lago