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50 DEPORTES LUNES 11- 2- 2002 ABC PRIMERA DIVISIÓN El Madrid, como el Barça, cura sus heridas con plátano canario Un flojo Las Palmas hace Pichichi a Morientes y líder a los blancos MADRID. José Miguel Mata REAL MADRID LAS PALMAS 7 0 REAL MADRID (4- 4- 2) Casillas; Miñambres, Pavón, Karanka, Roberto Carlos; Figo (McManaman, m. 72) Makelele, Helguera, Zidane (Munitis, m. 74) Guti (Solari, m. 65) y Morientes. LAS PALMAS (4- 2- 3- 1) Nacho Glez; Ángel, Schurrer, Sarasúa (Álvaro, m. 68) Paqui; Josico, Samways; Edu Alonso, Jorge (Tevenet, m. 51) Pablo Lago (Carmelo, m. 62) y Orlando. ÁRBITRO Turienzo Álvarez. GOLES 1- 0, m. 20: Morientes. 2- 0, m. 33: Zidane. 3- 0, m. 35: Morientes. 4- 0, m. 52: Morientes. 5- 0, m. 70: Ángel (p. p) 6- 0, m. 71: Morientes. 7- 0, m. 79: Morientes. icen los sabios que de las derrotas se aprende más que de las victorias. Cierto. Pero hay victorias tan estruendosas, tan espectaculares y sonadas, que también hay que saber, y si no se sabe hay que aprender, a digerirlas. Y es que probablemente hoy los elogios de los aduladores de siempre, de los ventajistas que se apuntan al viento- -a favor o en contra- -que sopla, e incluso de alguno de los propios protagonistas, conviertan al Real Madrid de este 7- 0 en lo que no es y eleven a Morientes a un altar que no le corresponde. Vaya por delante que uno y otro cumplieron. Con exceso, pero sólo cumplieron. El Madrid hizo lo que se esperaba- -ganar al Las Palmas en casa es algo que a este equipo se le supone- -y Morientes lo que debía. Por partes. El Real Madrid estaba en crisis. Cuatro partidos consecutivos sin ganar es una situación extraña para este equipo. Pero la crisis era de juego y, en consecuencia, de resultados. No al revés. Así que ayer puso un parche- -enorme, eso sí- -a la parte de resultados. Pero no tanto a la de juego. Mientras hubo partido, esto es, mientras el Las Palmas se mantuvo en pie en el campo, el Real Madrid se mostró como un equipo tocado, falto de chispa, de pasión. Dominó con soltura gracias a su oficio. Pero es que eso también se le supone a un conjunto que luce tal nómina de jugadores- estrellas. D Casi nada cambió. Bueno, Zidane empezó a animarse, aunque al principio más con florituras propias de su clase- -cuando en lugar de un pase le mandan un melón, él lo convierte en melón con jamón- -que con acciones efectivas para su equipo. Pero de su mano los demás comenzaron a moverse a otro ritmo, a desmarcarse, a ofrecerse, a desdoblarse. En definitiva comenzaron a jugar, no a moverse sobre el campo como hasta entonces. Todo pudo cambiar si Orlando aprovecha un balón de oro que le puso Edu Alonso, pero mandó fuera su remate solo frente a Casillas. Y cuando Zidane, con los defensas mirando, controló, se internó y disparó cruzado el segundo y, apenas dos minutos después, Figo se aprovechó de un rebote en Pablo Lago para largar otro centro que de nuevo Morientes picó a la red... se acabó el partido. UN FESTIVAL SIN RIVAL vidad demoledora del 83,33 por ciento sólo empañada precisamente por lo más fácil, el error en una pena máxima. Con tales réditos sería el ariete peremne no del Real Madrid, sino de la selección de las galaxias conocidas. Pero lo cierto es que, al margen de anormalidades, su balance es mucho más pobre en general, caundo necesita cinco ocasiones para marcar una. Bilbao y Valladolid han sido los últimos ejemplos. Ni tanto como ayer, ni tan calvo como casi siempre. En esta línea es indiscutible. En la otra... Morientes cabecea el sexto gol del Madrid, cuarto suyo MUCHO OFICIO, POCA PASIÓN Hasta que llegó el primer tanto para romper definitivamente el partido el Bernabéu estuvo mudo. Sí, mudo. Sin nada que llevarse a la boca para poder abrirla. Su equipo, amparado en la movilidad de un Helguera muy activo, se aprovechó de la endeblez en los marcajes de los rivales, en su falta de presión sobre el balón, para mover el mismo de forma mecánica de un lado a otro. Era un juego montado como un mecano, en el que las piezas van encajando, pero al final no construyen nada específico. Cada uno hacía lo que tenía que hacer con academicismo, pero sin gancho. Así que durante esos veinte minutos no pasó nada de nada. Pero llegó ese minuto veinte y se produjo un centro desde la derecha de Figo. Uno más entre la decena de ellos que se saca el portugués cada partido. Nada de quiebro, desborde y centro al área. Un golpeo a ver qué salía. Y salió un Morientes robacarteras que se coló entre los centrales- -fatales, por cierto- -para cabecear abajo, impecable, y superar a un Nacho González que, por falta de necesidad, aún no se había desperezado. El resto fue un monólogo blanco. Con el Las Palmas desaparecido y desquiciado (sólo al comienzo del segundo tiempo tuvo tres ocasiones que desperdiciaron Jorge, Josico y Orlando) cada jugada de ataque de los locales ponía a temblar a Nacho González. Antes del descanso Zidane, ¡que entrába solo en el área con Helguera de escolta ante el desbarajuste canario! mandó al limbo un gran centro de Miñambres. Y después del parón Morientes se empachó del platano canario con otros tres tantos, dos en precisos cabezazos y otro regalo del portero, y Ángel consumó el desastroso encuentro de su equipo marcándose en propia puerta. Pudo llegar alguno más, pero Guti y Munitis no tenían tan afinado su punto de mira como Morientes, aunque el ariete emborronó su tarde desperdiciando un penalti. Morientes. El otro punto y aparte. Sería cínico decir ahora que sus cinco goles, marca estratosférica por otra parte, le redimen de todo. Ayer estuvo en racha. Tuvo seis oportunidades y marcó cinco goles, una efecti- Bata y Kubala, con 7 goles en un partido, récord de la Liga MADRID. Luis Garde Morientes se quedó ayer a un tanto de entrar en el libro de los récords del Real Madrid. El penalti que a petición de la afición le cedió Solari fue un fallo que permanecerá en su memoria. De marcarlo se hubiera convertido, justo en el año del Centenario, en el primer jugador blanco en lograr seis goles en un partido. Tendrá que conformarse con entrar en el club de los que marcaron cinco de una tacada: Alday (Madrid, 7; Espa- ñol, 0, temporada 42 43) Alsúa (Madrid, 7; Castellón, 4. 46 47) Miguel Muñoz (Madrid, 7; Lérida, 0. 50 51) Pepillo (Madrid, 11; Elche, 2. 59 60) y Puskas (Madrid, 8; Elche, 0. 60 61) El récord absoluto de la Liga, siete goles en un partido, está en poder de Bata y Kubala. El delantero bilbaíno los logró en un Athletic, 12; Barcelona, 1 (campaña 30 31) el azulgrana, en un Barcelona, 9; Sporting, 0 (51 52) Con seis tantos se sitúan tres jugadores: César (con el Granada, an- tes de ir al Barcelona) en un Granada, 7; Castellón, 3 (41 42) Mundo (Valencia, 8; Betis, 3. 42 43) y Zarra (Athletic, 10- Lérida, 0. 50 51) Los últimos jugadores que lograron un repóquer de tantos fueron Bebeto (Deportivo, 5; Albacete, 0, el 1- 10- 95) y Peternac (Oviedo, 3; Valladolid, 8, el 19- V- 96) Hace casi diez años de la última vez que el Real Madrid venció por 7- 0. Fue frente al Español en el Bernabéu, el 19- IV- 92.