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ABC LUNES 7- 1- 2002 3 Editado por Diario ABC Sociedad Limitada Fundado en 1903 por don Torcuato Luca de Tena El 11- S, los valores espirituales y un nuevo orden mundial A L caer el muro de Berlín en el 89, el presidente Bush, padre del actual presidente de los Estados Unidos, proclamó el comienzo de un nuevo orden mundial. Ese nuevo orden se dio cuando surgió una sola superpotencia mundial y cesó el conflicto ideológico entre la democracia, la libertad y los totalitarismos socializantes. No se dio una articulación de las naciones separadas por el viejo orden para alcanzar objetivos comúnmente compartidos. Se abrieron las compuertas a la globalización imponiendo las libérrimas leyes del mercado con consecuencias buenas para unos y malas para otros. Las protestas que comenzaron con Seattle en contra de la globalización, fueron un aldabonazo a la conciencia de Occidente de que algo andaba mal, profundamente mal, respecto a los efectos desenfrenados de la globalización en el mundo. El abismo entre el Norte y el Sur se estaba haciendo más profundo por sus efectos. Las respuestas a los problemas ambientales eran inadecuadas. La estructuración de un sistema internacional de justicia para castigar el genocidio y los crímenes contra la humanidad, se estaba haciendo bien difícil por la falta de cooperación de los Estados Unidos. La necesidad de responder adecuadamente a los eventos del 11 de septiembre ha creado conciencia en los Estados Unidos de la interdependencia de todas las naciones, conciencia que exige nuevas respuestas a los retos que afronta el planeta. De esas respuestas pueden surgir consecuencias sumamente positivas. Con gran sabiduría el presidente Bush y su equipo se dieron cuenta de que Estados Unidos no podía proveer una respuesta eficaz al terrorismo internacional de forma unilateral. Y de que la respuesta no sólo puede ser militar. De ahí que se comenzaran a estructurar alianzas impensables para responder al enemigo común. Pakistán, India, China, Rusia y muchas otras naciones que jamás hubiéramos pensado que habrían de acometer un esfuerzo conjunto con los Estados Unidos se han unido para hacer frente al terrorismo que de una manera u otra afecta a todos. Las alianzas son diplomáticas, militares, de cooperación en materia financiera, de intercambio de inteligencia y de otro tipo, unas más exigentes, otras menos, pero todas vinculando actuaciones de unos y otros, barajando intereses nacionales como la eliminación de sanciones para estructurarlas. Llevará tiempo construir y estabilizar el nuevo orden que se impone desde la interdependencia de la cual penosamente se ha tomado conciencia. Llevará tiempo darle sustancia política, económica, social y cultural. Y puede que no llegue a ser. El gran peligro es que políticas de corto plazo en Estados Unidos y en sus principales aliados europeos los lleve a proclamar la victoria amparándose en la caída de objetivos como los talibanes y Bin Laden y ralenticen o desistan del difícil esfuerzo de tejer y mantener las alianzas o coaliciones emergentes en virtud de una nueva ética de responsabilidad internacional compartida. Las lecciones del 11 de septiembre nos indican que eso nos brindaría un falso e irresponsable sentido de seguridad. Por ello pienso que Estados Unidos no va a caer en eso. No hay retorno al viejo aislacionismo. Esa realidad es la base del después que se construye a partir del 11 de septiembre. Hay que seguir adelante con los esfuerzos para mantener la La toma de decisiones que irá forjando el nuevo orden puede mejorar cualitativamente la condición de todos los seres humanos articulación de naciones que compondrá el nuevo orden mundial. Dentro de ese nuevo orden se impone un mayor respeto mutuo y necesariamente un más alto nivel de equidad y justicia entre los socios del Norte y los socios del Sur. La nueva realidad exige que se le preste una mayor atención a las necesidades de las naciones en vías de desarrollo. Los beneficios de reducir la pobreza y el antagonismo hacia Occidente se proyectan con claridad después del 11 de septiembre. La sujeción de la política exterior de las grandes potencias a los valores que propiciarían un desarrollo sostenible, se hace posible en virtud de un interés propio dolorosamente esclarecido. Pero se corre el peligro de no reconocer los valores que tienen que guiar las decisiones de integración y apoyo internacional y su instru- mentación nacional por los países en vías de desarrollo. El apoyo a un régimen como el de Mobutu o el de Nasser, como se hizo bajo el viejo orden mundial porque eran útiles para combatir el enemigo común, ahora el terrorismo internacional, no es de recibo. Las consideraciones militares y políticas en las decisiones de apoyo que se están tomando, tienen que perseguir objetivos valorativos a largo plazo más allá de resolver problemas a corto plazo. Y hay que ir más allá de abstenerse de respaldar regímenes impresentables. El saneamiento fiscal, las exigencias del comercio internacional, la lógica de las fuerzas del mercado y las tácticas puntuales del interés propio, en óptica a corto plazo, son la matriz decisoria de las habituales políticas internacionales que afectan a los países en desarrollo. Los criterios de rentabilidad y viabilidad no necesariamente producen resultados justos y equitativos. La cohesión necesaria para hacer frente al nuevo enemigo común obliga a superar esos criterios. Un nuevo orden mundial requiere una nueva ética que informe las decisiones desde el nivel personal pasando por el nacional hasta llegar al internacional. Esta ética parte de tratar humanamente a cada ser humano; de respetar la vida en todas sus manifestaciones; de respetar la justicia; la verdad y las opiniones de los demás sobre la verdad y de aspirar a una igualdad de oportunidades para cada uno sin pretender que se aprovechen de ellas como nosotros quisiéramos. Estamos en uno de esos momentos claves en la historia de la humanidad en que la toma de decisiones que irá forjando el nuevo orden puede mejorar cualitativamente la condición de todos los seres humanos. El reconocimiento de los valores espirituales, la toma de decisiones desde la ética es esencial para forjar ese nuevo orden más noble y más justo. Estamos ante una oportunidad muy especial para convertir en obras la retórica que durante tantos años ha adormecido las conciencias de quienes tienen que hacer decisiones políticamente difíciles o antipáticas para los grandes intereses atrincherados en pueblos y naciones generalmente desinformadas y desorientadas sobre lo que conviene a su verdadero bienestar. Éste es el momento oportuno para revisar los criterios preponderantemente económicos que han guiado las llamadas políticas de desarrollo en el pasado y adoptar nuevas políticas conducentes al desarrollo sostenido. Aquel desarrollo estuvo controlado a nivel político por las fuerzas locales, nacionales e internacionales; que alcanzará mejores condiciones de vida para las presentes y futuras generaciones. Aquel desarrollo que considera lo ambiental, lo económico, lo social y cultural de forma integral de manera que resulta ser viable ecológicamente, justo socialmente y creativo espiritualmente. Rafael Hernández Colón Ex gobernador de Puerto Rico