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ABC SÁBADO 17- 11- 2001 RELIGIÓN 43 SITUACIÓN DE LA IGLESIA EN CATALUÑA Sístach: La región eclesiástica mantendrá la relación con la Conferencia Episcopal N El arzobispo de Tarragona cree que el Episcopado dará luz verde al proyecto La Conferencia Episcopal, que se reunirá en l ladrid el p r ó x i m o lunes, dará luz v e r d e a la creación de la región eclesiástica catalana, que englobará a la Comunidad A u t ó n o m a el Principado de Andorra y la franja castellonense de la diócesis de Tortosa. En una entrevista a ABC, e arzobispo de Tarragona, Lluis M a r t í n e z Sistach, recuerda que la f u t u r a región eclesiástica m a n t e n d r á la relación c o n la Conferencia Episcopal Borrasca MADRID. Jesús Bastante a Plenaria del Episcopado, que da comienzo este lunes, abodará la creación de la Región Eclesiástica Tarraconense. ¿Cree que sus estatutos sean aprobados? -Espero que sí. Cuando presenté el proyecto de estatutos de la región a la Comisión Permanente, fue bien recibido, dando la aprobación para que lo presentara en la Asamblea Plenaria del pasado mes de abrü. En dicha Asamblea, los obispos entraron en contacto con el contenido del proyecto, con lo que significa una región eclesiástica, su configuración y sus finalidades, y también suvinculación con la Conferencia Episcopal. Los obispos hicieron enmiendas que hemos examinado y han mejorado el proyecto. Esta aprobación significa que la Conferencia Episcopal decide presentar el proyecto de Región Eclesiástica Tarraconense a la Santa Sede para que la erija y le conceda personalidad jurídica. Esta configuración es una aplicación del Concüio Provincial Tarraconense. TRABAJO EN COMÚN L Martínez Sistach, a la izquierda, con el emérito de Tarragona, Ramón Torrella ¿Qué significaría esta nueva configuración geográfica? -Se trata de una circunscripción territorial más amplia que la provincia eclesiástica Tarraconense, para poder incluir la diócesis de Barcelona, que desde 1964 depende inmediatamente de la Santa Sede, si bien pastoralmente trabajamos muy unidos. La región será el subrayado jurídico de la actividad pastoral conjunta que se está realizando desde hace más de 30 años, como hacen tantas otras provincias eclesiásticas. Las regiones eclesiásticas están previstas en la normativa canónica de la Iglesia como circunscripciones opcionales, a diferencia de las provincias que son obligatorias y permanecen aunque varias de ellas constituyan ima región. La Región Eclesiática Tarraconense contribuirá a potenciar el trabajo pastoral en común que ya realizamos las ocho diócesis catalanas. EI nuevo- modelo comprende- territorios que no pertenecen a Catalu- ña. ¿Se contempla alguna modificación de las diócesis? -La región no modifica en nada al territorio de la Tarraconense. La hemos denominado así porque, además de la razón histórica, en el seno de esta provincia eclesiástica se encuentran tmos territorios que no forman parte del territorio civü de Cataluña, como el Principado de Andorra y una porción de la provincia de CasteUón. ¿Cuáles son los puntos principales que recogen los estatutos? -Los estatutos vinculan jurídicamente las diócesis de la provincia eclesiástica Tarraconense y la de Barcelona, con el fin de promover tma acción pastoral común y favorecer las relaciones entre los obispos en la perspectiva de la comunión, manteniendo la relación institucional con la Conferencia Episcopal española. La región eclesiástica gozará de personalidad jurídica. Los acuerdos que pueda firmar la Asamblea de los obispos de la región con la autoridad autonómica precisarán del reconocimiento de la Santa Sede, con el fin de que sean vinculantes para todas las diócesis y solamente en el territorio de las mismas que corresponda con el de la autonomía de Cataluña. Así, estos posibles convenios no se aplicarán en el Principado de Andorra ni en el territorio de la provincia civil de Castellón, que forman parte de la diócesis de UrgeU y de- Tortosa, respectivamente; -La capitalidad de la región, ¿esta- rá en Tarragona o en Barcelona? -La presidencia y la vicepresidencia corresponderán alternativamente al arzobispo de Tarragona y al de Barcelona, por períodos de cuatro años. Tarragona, como sede metropolitana de siempre, tiene una tradición de imir y coi regar, y Barcelona tiene otros aspectos que son complementarios para el bien del trabajo conjunto. Las reuniones de los obispos se celebran en Tarragona: y en Barcelona, y la de verano en otra diócesis distinta. IGLESIA DESGAJADA -Desde algunos sectores se ha criticado la opción por la región eclesiástica, al considerarla un primer paso para una Iglesia desgajada de la española. ¿Es eso cierto? Ese temor no tiene ningún fundamento. Las regiones eclesiásticas reguladas por el Código, mantienen su relación institucional con la Conferencia Episcopal estatal. En Italia, donde se dan las únicas regiones eclesiásticas existentes en la Iglesia, están vinculadas a la Conferencia Episcopal. El mismo Concñio Provincial Tarraconense pidió que se encontrara una solución jurídica para las diócesis de la provincia eclesiástica Tarraconense y la de Barcelona con miras a ima acción evangelizadora y pastoral más eficaz y a una presencia eclesial más significativa en Cataluña, manteniendo a la vez la relación institucional oon la Confe rencia Episcopal española o nos referimos al mapa meteorológico sino a la Iglesia en Cataluña. De tiempo en tiempo nos llega el parte de algunas borrascas: el Concilio Tarraconense cuyas actas tardaron en recibir el visto bueno de Roma, el deseo con tropiezos de una Región eclesiástica, los cambios en la curia del arzobispado de Barcelona, los traslados de obispos auxiliares, el nombramiento reciente de un nuevo auxiliar... Todo ello entrecruza dimensiones y actitudes distintas... Salgamos con buena voluntad al encuentra Hay que valorar positivamente lo específico de cada uno y no querer limar las diferencias. Mainer, hablando de El nacionalisme cátala (Marfany) hace notar que los catalanes han inventado algunos de los modos de cohesión sentimental de la vida colectiva más logrados que se conocen. Si el nacionalismo es sobre todo un hecho ciütural, si el ser humano es cultura que se hereda, vive, recrea y transmite, la fe en Cataluña tiene su estilo y su acento, digno de aprecio. Pero lo participar no es im modo de parapetarse frente a lo universal sino de abrirse a la universalidad. La Iglesia es ima en su cabeza y plural en sus miembros. Esta Iglesia- -comimidad y fraternidad Universal- -podría subrayar, mucho más que hasta ahora, la igualdad entre todos y la cercanía entre distintos. Cierto que el cristianismo tiene su cauce. No es legítimo im desbordamiento hacia el individualismo intocable o el plebiscito asambleario. En la Iglesia no todo vale ni todo vale por igual. El contenido de ima misma fe no debe uniformizar los cómo se vive y expresa. El modo de expresar y celebrar no debe alzarse en barrera que me separe de los que no hablan mi lengua ni han echado raíces en mi cultura. Estos principios abstractos llevan de la mano a aplicaciones transformadoras. Piénsese en un empeño renovado en la evangelización que no se deja enganchar por ciertas reivindicaciones de aire nacionalista. Piénsese en la necesidad de consultar más a las comunidades locales al designar a los nuevos obispos. Piénsese en una Iglesia, mucho, más familia y pueblo de Dios que sociedad, que no olvida lo jerárquico pero que acentúa mucho más lo fraternal. No nos quedemos entre visUlos viendo las rachas de viento de Cataluña. Bajemos a la calle. Esos aires pueden curtir saludablemente el rostro de otras muchas iglesias nuestras particulares. Juan GARCÍA PÉREZ, SÜ.