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ESPECTÁCULOS
DOMINGO 28- 10- 2001 ABC
Winterbottom coloca El perdón entre las favoritas para la Espiga
Sólo mía también se asomó a la sección oficial de La Seminci
Entró a última hora en la 4 6 Seminci, quizá por aquello de que Michael Winterbottom hace parada y fonda en este certamen antes incluso de que le diese por apagar el televisor (un documental suyo fue premiado aquO y comprarse un abono de cine (que también le reportó otro premio pucelano por Te quiero El caso es que El perdón su úlimo largometraje, partió ayer fulgurante de la línea de salida tras la Espiga de Oro.
La Fattucchiera volvió a la vida
i La Fattucchiera (Barcelona, 1838) ópera en dos actos con libreto de F. Romani y música de V. Cuyas. Orquesta Sinfónica del Liceo. Dir. J. Pons. Coro del Liceo. Dir. W. Spaulding. Liceo, 26 de octubre.
VALLADOLID. Félix Iglesias
n esta ocasión, Winterbottom ha saltado de su natal y metropolitana Gran Bretaña hasta los Estados Unidos de los febriles pioneros tras El Dorado a lomos del civilizador ferrocarril en plena segunda mitad del siglo XIX. En las antípodas de su urbana y contemporánea personalidad filmica, el salto geográfico e histórico de El perdón no disipa esa neblina de sentimientos cotidianos con que ha empapado hasta ahora su todavía breve, pero intensa, filmografía. De hecho, poco importa que nos relate en imágenes pletórícas o veladas, la traición de un pionero irlandés, perdido en las Montañas Rocosas, al vender a su mujer y recién nacida hija por una veta de oro, que con el paso de los años le convierte en cacique millonario de un pueblo a dos mü metros de altura y que a su vez le impide reencontrarse con el tiempo perdido años más tarde. Ciertamente poco importa, porque Winterbottom sigue en su país de las maravillas y, lo que es mejor, nos deja mirar en su interior.
INTÉRPRETES ESTRUCTURALES
E
Sarah Polley y Wes Bentley, en una escena de El Perdón
Y dentro, lo de siempre, que no es poco en estos tiempos y como en casi todos. Si en su anterior trabajo Wonderland im racimo de personajes nadaba en el naufragio de la civilizada urbe londinense de fines del XX, en esta obra también otro puñado de individuos- -en el más estricto sentido de la palabra- -se cruzan y entrecruzan hasta tropezar con una razón o amor que les ancle en el vértigo de la vida, en esta ocasión lo hace con el telón de la conquista del oeste americano. Muchos sólo se rozan; los menos se dan de bruces con el sosiego, y menos aún son los capaces de retomar el destino que acaba de pasarles por delante. A esta particular brasa de sentimientos vivos que buUe en toda la
obra de Michael Winterbottom, en El perdón contribuye, una vez más, im elenco de intérpretes estructurales en la narración. A la cabeza Peter Mullan Transpointing Mi nombre es Joe maravillosamente poliédrico; Nastassja Kinski, recia y exquisita; Müla Jovovic El quinto elemento sin servidimibre a su inabarcable belleza; Sarah PoUey El dulce porvenir la expresión de dolor filial, y Wes Bentley American Beauty que cimiple con no perder el paso. En definitiva, con El perdón el director, más inglés que británico, demuestra que el genio lo es porque es capaz de reincidir en su verdad sin repetirse Qo que alguno parece olvidar con contumaz y oronda persistencia) y hacerla maravillosamente accesible.
DOBLE DEBUT
Por su parte, el cine español, que presenta en Valladolid tres candidaturas a la Espiga de Oro, debutó ayer con Sólo mía también debut de Javier Balaguer. A tenor de la respuesta tras el primer pase en la Sección Oficial, esta cruda y más que nunca necesaria denuncia de malos tratos dentro del matrimonio atrapó a la mayoría del público, que siguió pimtualmente con el corazón en im puño algunas de las secuencias. Sergi López y Paz Vega son un pareja burguesa que desde los prime-
ros días de matrimonio va quebrando su convivencia con los sutiles reproches y menosprecios de él hacia eUa. Sólo mía tensa con acierto los hechos, inevitables a la vista de todos, pero no por ello menos aterradores. A esto contribuye la descomposición con que han fabricado Sergi López y Paz Vega al esposo y esposa. En él, una descomposición que crece por dentro sin que, ni en los momentos más terribles, rompa la bien construida fachada del publicista que encarna. En ella, una descomposición que va vaciando, esquilmando el interior de la esposa maltratada y que con coraje vuelve a Uenar su ser vaciado. Siendo España sobre todo un país de actrices, es de agradecer los trabajos desarrollados por López y Paz; uno ya con larga y reconocida trayectoria y la otra con vmos primeros pasos firmes. Una excelente pareja, de actores.
HOY, OTRA ESPAÑOLA
Para la jornada de hoy domingo, el cine nacional, más concretamente hispano- argentino, vuelve a acaparar la atención de una parte de la Sección Oficial. Se trata de El hijo del la novia de Juan José CampaneUa, y con Héctor Alterio y Ricardo Darín Nueve reinas También se proyectarán Lost and delirious de Lea Pool y El huéríano de Anyang de Wang Chao.
El Liceo se ha tomado muy en serio eso de recuperar obras olvidadas del repertorio local. La vuelta a la vida en versión de concierto de La Fattucchiera de Viceng Cuyas, acabó convirtiéndose en un éxito de público no animciado. La partitura intentó recrease lo más fielmente posible, pero el hecho de ser interpretada por una orquesta y por un coro demasiado generosos en número de fuerzas pasó factura ante un Josep Pons entusiasta y solícito, pero que por momentos no pudo controlar los contrastados y agotadores cambios de tempi con los que Cuyas pretendió coser las líneas dramáticas de su obra. La Fattucchiera apareció como un muy buen comienzo de carrera; Cuyas la compuso con poco más de veinte años y su muerte prematura truncaría lo que podría haberse convertido en una vida Uena de éxitos. Adscrito e inspirado en el melodrama italiano de la época, son muchos los elementos comunes que esta primera interpretación moderna ha permitido desvelar, desde esos coros tremendamente participativos con olor al Verdi temprano, o esas escenas para los solistas plenas de extravagantes exigencias vocales, de un excitante uso y abuso del ornamento pero casi siempre inmersas en una armonización inmadura. Los golpes de efecto musicales en la construcción de las escenas casi siempre resultan y logran con facilidad el aplauso del público. El paseo de Cuyas por el belcantismo románico está Ueno de puertas entreabiertas, consiguiendo, sobre todo en algunos dúos, momentos de auténtico vértigo dramático. Ofelia Sala pudo con una partitura terrible, exhibiendo control de fiato y de la coloratura y buenas intenciones en la coloración antes de mostrarse agotada en su plegaria final; José Sempere, siempre caminando de puntas por el vértigo de su parte endiablada, a la larga contagió sus Incomodidades; Simón Orfila se paseó por los extremos de su registro con comodidad y Javier Franco fue un pálido BlondeUo, mientras que la atronadora voz de Claudia Marchi dibujó con talento un personaje redondo. Con estos medios y con este entusiasmo sí que vale la pena visitar y salvar el pasado.
Pablo MELÉNDEZ- HADDAD