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ABC MADRID JUEVES 12- 4- 2001 TRIBUNA MANUEL TOVAR ESCRITOR 13 ASTA el siglo XVII estaba junto a las tapias primitivas del Parque de Madrid. No tenia barandillas y era ün verdadero lago. Entonces medía 1006 pies por 442, que equivale a tres veces y un tercio a la extensión de la plaza Mayor. Hacia la mitad del siglo comienza a ser el centro de los juegos en el agua y para naumaquias, que tan aficionados eran los Reyes, en aquellos tiempos galantes de Felipe IV, Felipe V, Femando VI y Carlos UI hasta 1764. Fue el valido del Conde- Duque de Olivares, quien decidió convertir su entorno en las delicias de su señor, con palacios, ermitas barrocas, jardines y laberintos vegetales. El Real Sitio del Buen Retiro se fundó en 1631, para retirarse los reyes cuando ocurrían fallecimientos o tribulaciones en Palacio y para poder preparar la entrada solemne en la corte a las reinas y príncipes que venían a visitarles, como igualmente a los legados y embajadores extranjeros, y costó 187.600 ducados costeados por los madrileños. En sus márgenes había cuatro embarcaderos que eran como palacetes orientales, los cuales Llevaban al agua los dragones, y varias norias. Desde el mismo estanque arrancaba un canal llamado el Malb (Río Grande) que se dirigía hacia la antigua Casa de Fieras y otro que Uegaba a la gran ermita de San Antonio de los Portugueses, entre la fuente de China y el olivar de Atocha Río Chico) En la noche de San Juan de 1640 tuvo su célebre tempestad con un súbito torbellino que dispersó las barcas, góndolas, faluchos y la falúa real que ñie construida en Italia con madera de ébano, se apagaron las luces, desbaratando las tramoyas y causando el pánico con algunos heridos entre los espectadores (inferior al espantoso ciclón que sufrió el Parque al anochecer del 12 de mayo de 1886 que, de los 57.000 árboles arraigados entonces, fueron destrozados 914, entre ellos álamos de dos metros de diámetro) En el centro del estanque había una isleta oval, con dos caminos arbolados y un templete en medio, y ahí se representó, el 29 de junio de 1695, la tragicomedia Los Encantos de Circe, la hechicera que en la Odisea de Homero convirtió en cerdos a los compañeros de Ulises, sobre un gran tablado en el que se había formado un bosque artificial, con montañas y volcanes, árboles y fuentes, luminosas espadañas y flores acuáticas. Circe navegaba en un carro triunfal tirado por dos deMnes, y la suntuosa fiesta mitológica acabó a la una de la madrugada, después de seis horas de duración con danzas en tierra y en el agua. Para conmemorar el segundo matrimonio de Felipe IV con su sobrina Mariana de Austria se verificaron los festejos con mayor solemnidad que la acostumbrada. H El estanque del Buen Retiro Los Reyes de España tuvieron una Corte de encanto y maravilla, y Madrid fue la ciudad de los jardines y de las fuentes Bogaron ocho galeras con tripulación de veinte soldados cada una y cuatro piezas de artillería en su proa. Se improvisó una isleta artificial con su castillo de revellines, hacia el cual disparaban los cañones. La Reina presenció la fiesta sobre un trono cubierto de brocado. Las descripciones hechas de sus fiestas en los Avisos de aquel tiempo se debían a la pluma de Casiano Pellicer, el más fecundo periodista del siglo XVn que tuvo Madrid. Otra costosa diversión fue para habüitar una pista de gran extensión enrejada con barrotes dé hierro para la lucha de un toro frente a un león, un tigre, un oso, una zorra y dos gatos monteses. El astado los puso a todos fuera de combate y aún quedó con tal grado de poder y bravura que resultaba peligroso sacarle con vida de la jaula. Fue aquel Madrid de Felipe IV, el que presenció la apoteosis de Lope de Vega, el que oyó las sátiras agudas de Quevedo y el que aclamó a don Pedro Calderón- los tres madrileños üustres- Fue el Rey galante que gozaba de la vida; el Monarca poeta, el que honró a sus augustos antepasados activando en El Escorial la terminación del Panteón de Reyes, para enterramiento definitivo de sus mayores y presidiendo el mismo en conmovedora ceremonia. El Rey galante y apasionado, el Grande, el Cuarto Planeta (la tierra, el sol, la luna y Don Felipe IV) pasaba horas rezando alfinalde su vida ante una calavera descamada. En el reinado de Femando Vü, gran aficionado a los toros y fundador de la escuela de tauromaquia de Sevilla, alcanzó el auge del ruedo madrüeño que estaba muy próximo al gran estanque, en el triángulo plaza de la Independencia- calles de Alcalá- Claudio Coello. Y bastante labor hizo al descombrar todo el Parque, reconstruir las fuentes y estatuas y hasta reparar la verja de hierro que construyó su abuelo Carlos El para cerrar el recinto, y todo por el odio de los franceses que consideraban el Parque del Buen Retiro superior a su Versalles. Fue su hija Isabel n la que continuó con algunas fiestas populares en el estanque, aunque con menos fastuosidad que las antiguas, pero sí se recuerda la hazaña del funámbulo francés Blondín que atravesó sobre un hilo de alambre y sobre varios metros de altura sobre el agua. Y el gran acontecimiento que aportó a Madrid con la traída de las aguas de nuestra Sierra donde nace el Lozoya, embelleciendo notablemente el Parque al instalarse más grifos, cascadas y surtidores para las fuentes ornamentales. Alfonso Xn, Rey magnánimo, otorgó, desde los comienzos de su reinado, la posesión de El Retiro al Ayuntamiento de Madrid, que ha correspondido siempre a la responsabilidad concedida con la más celosa conservación y mejora del parque público. Tuvo la iniciativa de fondear en el estanque una réplica de la nao Santa María, que no se llevó a efecto por lo costoso del proyecto. Los Reyes de España tuvieron una corte de encanto y maravilla, y Madrid fue la ciudad de los jardines y de las fuentes. En el crepúsculo primaveral salían los fantasmas de los melancólicos, los poetas inéditos, las parejas de enamorados y los perfiles suicidas, que bordeaban el estanque (en aquellos tiempos de Ramón de Campoamor que escribía versitos en los puños duros de su camisa blanca) De cuando en cuando aparecía en las primeras horas del día un cuerpo anónimo flotando en las aguas y si el cuerpo era joven se encontraba en la proximidad un árbol recién grabada en la corteza un corazón con dos iniciales. Las estatuas de piedra y el monumento al Rey Pacificador eran testigos de esa muerte por amor. S cierto que el mundo persigue lo que no entiende. Tengo algo que guardar y algo que dar, algo que callar y algo que decir. También las palabras que no se entienden dicen algo, y ése es el camino: decir algo de una manera u otra, contra viento y marea, sin dejar que nadie nos calle. Por eso estoy escribiendo. El mundo ha querido callarme. No siempre le talento se ve con buenos ojos, y el incomprendido sí comprende por qué el mundo es uno de los enemigos del alma. En estas paredes, en casa, el mundo penetra menos, y el alma se conserva más pura. Fuera quizá esté el éxito, la vida emocionante, las mujeres, pero en la soledad y en la familia están el espíritu y la pureza, que agradecen la falta de contacto con lo secular. La familia y la- casa son también un monacato que se agradece, un monacato que lleva a un Dios que no obliga a sufrir, a un Dios que nos hace encontramos en el retiro, cual monjes medievales o tibetanos que sólo en sí mismos conocen la verdad. Por eso, renuncio a las necedades del mundo. Fuera está el peligro. Fuera están la aventura y la ruina. Aquí nada me amenaza, nada me pone nervioso, nada me dice que me estoy perdiendo. Aunque es verdad: la vida de aUá tiene sus atractivos. Si me hubiera dedicado más a cultivarla, otro gallo habría cantado. Quizá hasta tendría dinero. Pero dicen los cristianos, y me imagino que todas las religiones, que hay que agradecer siempre los designios de la providencia, y que los caminos del Señor son inextricables, o, lo que es lo mismo, inexplicables E SANTIAGO TENA ESCRITOR Un sí sin final Pero Dios es poco aficionado al correo urgente. Le gustan las cosas lentas y siempre hace sus maravillas despacio pero buenos al cabo. ¡Qué hermosa creencia! Pensar que todo lo que sucede es lo mejor que puede suceder, como decía papá, pues si no Dios no existiría, o no sería bueno u omnipotente. Elena está llorando en la habitación de al lado. ¿También es bueno. Señor, que Elena llore? Lo que nos hace desgraciados ¿también es bueno? Mis errores, mis enfermedades ¿también son buenos? Que Chelo sufra ¿puede ser bueno? Que no se reconozca lo que estoy seguro de que tendría que reconocerse ¿es Tu voluntad también, Señor? Elena sonríe. A sus tres meses de edad, acaso Dios esté más presente en ella que en nosotros, acaso esa sonrisa es un sí a mis preguntas, un sí, s e intentándolo, no te rindas. Lo que ha pasado no lo conside- res im fracaso. El mundo es grande y la vida es larga, y Yo te amo, y sé que confías en Mí. Ño temas, hijo, un tropezón es un volver a levantarse, no pierdas el ánimo por nada, sólo sigue confiando y adelante Y yo escucho las sonrisas de Elena y sigo escribiendo, esperando que no sólo el espíritu que la anima a eUa me escuche, sino, acaso, si hay suerte, que Dios compre el ABC de hoy y se fije en este página y en mi nombre. Y, si eso, que mire en su archivo de poetas que sufren y ordene a algún angelito que me traiga por correo urgente la felicidad completa y eterna, con prosperidad, salud, dinero, amor, éxito, etc. Pero Dios es poco aficionado al correo urgente. Le gustan las cosas lentas y siempre hace sus maravillas despacio, sin que el mundo pueda notarlo, sin cantar alto aquí ni allí, sin que lo digan las noticias. Dios tiene que existir, tiene que estar escuchándonos, tiene que estar ocultando sus esperanzas para el final, para que sepamos entonces la razón de los desconsuelos y por qué hemos hecho sufrir a los que queremos. Sí, Señor, tiene que haber una esperanza, un porqué. Apaga y vamonos, si no, déjanos tirados y no nos cuentes lo que no nos interesa, no te fijes en nosotros. Pero sí, este no balbucido tiene que ser un sí que no cese. Un sí sin final, que explique nuestra gloria y nuestro fracaso. Y acaso hay una voz dentro que escucho y que me pregunta por qué me siento elegido, para qué me siento elegido. Y contesto: para vivir, para ser, para ser feliz. Y ésa es una verdad que no me van a quitar.