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ABC LUNES 19- 3- 2001 OPINIÓN 15 JAIME CAMPMANY JUAN MANUEL DE PRADA Tania ANIA Medved, jugadora de balonmano, firmó un contrato con su equipo que incluía entre sus cláusulas la rescisión automática del mismo, en el caso eventual de que la deportista se quedase embarazada. Pues bien, la eventualidad ha ocurrido, y Tania se ha marchado a casa con su barriguita, cumpliendo lo pactado. Pero cualquier persona dotada de un mínimo sentido común (ni siquiera creo que sean necesarios conocimientos jurídicos) sabe que un pacto que contiene prestaciones ilegales deviene nulo de pleno derecho. ¿Puede obligar a las partes lui contrato que contiene cláusulas de este jaez? ¿Admitiríamos la legalidad de un contrato laboral en el qUe el patrón incoiporase como raizón de despido que sus empleados fuesen a misa los domingos, o que ejerciesen su voto en las consultas electorales, o que se divorciaran? El contrato, suscrito por la deportista Tania Medved profundiza aún más en los cenagales de la aberración jurídica, pues la causa de rescisión ya no se circimscribe a lo que podríamos denominar derechos civües sino que irrumpe en el ámbito sagrado de la más elemental biología. ¿Se imaginan un contrato laboral que exigiese a los empleados mantener (o infringir) el celibato, o que les impidiera donar su sangre, o que les prohibiera mantener sus vínculos familiares? La nulidad del contrato cuya glosa nos ocupa adquiere magnitudes monstruosas, pues lo que trata de reprimir es la propia condición natural de la mujer, su vocación innata de maternidad. No faltarán quienes, al examinar este caso de flagrante aberración jurídica, entablen un duelo ficticio entre las exigencias del deporte profesional y los imperativos legales. Pero la mera formulación de esta disyuntiva revela el grado de desconcierto al que puede arrastramos la relativización del derecho. La ley, cuando protege y sanciona la dignidad del hombre, es de aphcación imiversal; contra su jurisdicción, no pueden alzarse irrisorias pejigueras de ámbito local o aldeano. La admisión de excepciones tan estrafalarias a la ley favorece la indeterminación jurídica y el caos; si el empresario de un club de balonmano niega a sus El plagio Cela ni siquiera se plagia a sí mismo, y si no, vayan leyendo desde el principio, a ver si encuentran algo del Pascual Duarte en Pabellón de reposo, o del Viaje a la Alcarria en La catira, y así hasta Madera de boj T empleadas el derecho a concebir hijos, declarándolo incompatible con el rendimiento que exige la competición deportiva, mañana podría aparecer tm empresario de una fábrica textil que exigiese a sus empleadas la perseverancia en una soltería a rajatabla, aduciendo que el noviazgo despista su atención de los telares. La aplicación universal del derecho no puede estar supeditada a los intereses gremiales de los patronos deportivos; urge que el deporte profesional (esa nueva forma de fanatismo rel oso) deje de conspirar contra un sistema jurídico que no tiene por qué otorgar tratos excepcionales. Y es que el llamado deporte de alta competición se ha convertido, Que el deporte se haya erigido en una eficaz sustancia opiácea que adormece la conciencia de las masas gregarias no faculta a sus empresarios a atentar contra el derecho hace ya mucho tiempo, en un reducto donde se tnfiinge sistemáticamente el derecho, ante la remolonerla o negligencia de nuestras autoridades, que sólo actúan cuando la infracción alcanza rango güito u ostentóreo Se transige con operaciones mercantiles de dudosa legalidad, se admiten contrataciones que participan del chanchullo y el cambalache, se permite el cobro de sueldos a través de testaferros y la creación de fantasmagóricas sociedades que alivian las obligaciones fiscales de las empresas deportivas, etcétera. Se invocan, para amparar tanta lenidad, razones calamitosas y antediluvianas, según las cuales las empresas deportivas ejercen im influjo saludable sobre la masa, atemperando sus insatMacciones y anestesiando sus sinsabores. Pero- que el deporte se haya erigido en una eficaz sustancia opiácea que adormece la conciencia de las masas gregarias no faculta a sus empresarios a atentar contra el derecho y los cauces naturales de propagación de la vida. ENSAR que Cela haya plagiado una novela titulada Carmen, Carmela, Carmina es un disparate divertido. Para que Cela cayese en la tentación de copiar ima novela, y esto es sólo una hipótesis de trabajo, esa Carmen, Carmela, Carmina tendría que haberse llamado por lo menos Erundina Tortajada y Pijotón del Cerro, alias la Meliflua, natural de Zarza de Montánchez, provincia de Cáceres, viuda de boticario y que padecía el mal de madre desde que perdió al maromo, im mocetón bien guarnido que presumía de levantar, sin manos y sin dientes, una caja de botellas de agua de Carabaña hasta más arriba de media vara. Cuando a doña Erundina le daba la pataleta histérica olvidaba por completo su. natural meloso y comprensivo y fln ataques de epüepsia que siempre terminaban en furor uterino. Bueno, ya escribiré cualquier día la verdadera y peregrina historia de doña Erundina Tortajada y Pijotón del Cerro, alias la Meliflua, a ver si me la p l Ctela y le saco un cumquibus. A lo mejor el hijo abogado de doña Carmen Formoso, la autora de la novela, ha confundido a Cela con Ana Rosa Quintana, que se encuentra retazos de novelas ajenas en el archivo del ordenador personal. Todos los días, apenas levantado, santiguado y rasurado, tratado el cutis con leche o er shave, y los sábados incluso duchado, lo primero que hago es registrar mi ordenador personal, a ver si me aparece alguna novela de Cela, un romance de José Hierro o, con mucha suerte, un soneto de don Francisco de Quevedo, y fabrico im best seller de retales. O encuentro algo que hayan escrito los ángeles para que yo lo p l e A san Isidro Labrador le araban los ángeles el campo, y no sé yo por qué razón no me van a poner los ángeles en el ordenador el aiticulo nuestro de cada día. Bueno, en realidad los ángeles lo ponen, pero yo debo adivinarlo primero y escribirlo después. O quizá el abogado, hijo de la susodi- P cha escritora, ha confundido a Cela con doña Júüa Maura, que tenía alquilado de negro al poeta Manuel Martínez Rentís, un golfales enrollado y queden, que le metió aquella chitfa de las terceras de Osear Wilde, tío Osear para los leídos de la retambufa. Hay muchas historias de plagios y de negros. La más bonita es la de Alejandro Dumas, que se le murió el negro que le escribía los folletines, y andaba desesperado peinando que tenía él que apMcarse a escribirlos. Y en esas andaba cuando se presentó tm individuo desconocido con el folletín del día ya escrito. ¿Pero usted qmén es? Respondió el sujeto: Yo soy el negro del negro Don Eduardo Aimós, que llegó a ministro de Justicia, o sea, como Femando Ledesma, toqúese usted el níspero don Claudio, tenía un negro para cada libro porque le gustaba cultivar varios géneros y cambiaba mucho de argumento. Es muy conocido lo que se decía de él, pero lo repetiré por si todavía hay alguien que esté en el guindo, por ejemplo ese joven escritor en castellano con sintaxis francesa. Pues de don Eduardo Aimós se decía que si hubiese leído todos los hbros que había escrito, sería sabio. Bueno, esto se puede decir de muchos políticos, esos oradores, conferenciantes y escritores que tienen btüa pontificia para utilizar negros. Me parece diflcü que Cela haya utilizado alguna vez un negro para que le escriba un hbro. Si el negro escribiera como Cela, ya habría conseguido el Premio Nobel. Y también me parece dificil que copie al o de alguien. Cela ni siquiera se plagia a sí mismo, y si no, vayan leyendo desde el principio, a ver si encuentran algo del Pascual Duarte en Pabellón de reposo, o del Viaje a la Alcarria en La catira, y así hasta Madera de boj o el Homenaje al Bosco n, La extracción de la piedra de la locura o El inventor del garrote, que no parece precisamente hijo de Carmen, Carmela, Carmina. COMO SIEMPRE, DESDE HACE MAS DE 40 AÑOS SIGUE COMPRANDO AL CONTADO CASAS DE RENTA A N T I G U A S. A. EDIFICIOS -s ty (LOPEZ- BREA) MADRID TORRE DE MADRID, PLANTA 7 -Despacho m 9 PRINCESA, 1- TELS. 91 541 44 77- 91 575 82 85 CON INQUIUNOS EN MADRID Y BARCELONA AVENIDA DIAGONAL 482, 2 N 21 TEL. 93 217 01 55 BARCELONA