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16 TRIBUNA JUEVES 22- 2- 2001 ABC MADRID ESDE hace imos días estamos asistiendo a una campaña de ataques y difamación hacia la Iglesia que no tienen comparación en nuestra historia más reciente, y lo más triste es que muchos de estos ataques vienen de personas que se consideran católicos, y que no tienen empacho en reconocerlo y confesarlo públicamente. A mi juicio ésta es una campaña interesada que persigue presionar a la Iglesia para que se pliegue a determinados postulados partidistas concretos e incluso debUitarla para que no siga denimciando el atropello de los derechos humanos que se está cometiendo con la Ley de Extranjería Es más, creo que algunos de los políticos que utüizan los medios de comunicación, incluyendo miembros del Gobierno y algunos periodistas a través de sus escritos y publicaciones, están jugando con los sentimientos de los lectores y de los ciudadanos. Y si no lo hacen intencionadamente, es que no saben de lo que hablan ni de lo que escriben, con lo cual más les valdría estar callados antes de que su incultura religiosa les lleve a seguir creando la confusión, el engaño y la mentira, pues no acaban de saber cuál es el papel de la Iglesia en una sociedad democrática, en relación con la comvuiidad política. Se ha dicho y se está diciendo que la Iglesia española generalmente no condena el terrorismo y cuando lo hace es de manera débü y tibia. Los que así escriben saben que eso no es cierto. Los obispos españoles han condenado y condenan el terrorismo sin ambigüedades tal como ha dicho el presidente de la Conferencia- Episcopal Española, don Antonio María Rouco Várela. Y están reconociendo muchos otros políticos y comentaristas de distinto signo que no están dispuestos a falsear la verdad ni a manipularla. Por otra parte, conviene tener en cuenta que la Iglesia es autónoma en su pensamiento y en su misión para tener voz pública cuando lo estime oportuno y cuando lo crea conveniente: ni los periodistas, ni los políticos, ni el Gobierno tienen autoridad real para decirle a la Iglesia lo que tiene que hacer, ni lo que tiene que decir en el ejercicio de su tarea y mucho menos para obligarle a través de la presión social a ir en contra d lo que considera que es legítimo en el ejercicio de su misión en el mundo. No nos engañemos, el problema de fondo que se está persiguiendo nó es el de la condena del terrorismo que, como todo el mundo sabe, es á o que la Iglesia está haciendo constantemente, sino el de que la Iglesia como institución firme un pacto político concreto y partidista. D RAFAEL SERRANO CASTRO RESPONSABLE DE LA DELEGACIÓN DE APOSTOLADO SEGLAR DE LA ARCHID 1 ÓCE: S S DE MADRID La Iglesia y los pactos políticos El modo y el cómo se debe luchar contra el terrorismo de forma concreta eso ya no ie corresponde decirlo a la Iglesia Desde mi punto de vista las objeciones que ponen los obispos para no firmar el pacto no son porque éste sea un pacto político o no lo consideren necesario y positivo, que lo es. De hecho el cardenal arzobispo de Madrid, en declaracionies a la COPE, ha dicho qu do que se dice en el pacto es parte del patrimonio común de la doctrina moral de la iglesia, pero sólo. parte, porque se queda corto al lado de lo que dice el Evangelio Por tanto, la razón de que la Conferencia Episcopal Española no firme el pacto es porque forma parte de un proyecto político partidista concreto; no entra dentro de la naturaleza ni de la misión de la Iglesia. Lo que corresponde a la Iglesia; en este asunto del terrorismo, es la condena de toda acción violenta, y exigimos a todos los católicos que nos empeñemos cotí todas nuestras fuerzas a contribuir a la erradicación de la violencia terrorista desde los principios evangélicos y de los medios legales propios del Estado de Derecho. Ahora bien, no existe un único modo de trabajar por la erradicación del terrorismo, las estrategias pueden ser diversas y complementarias. Por eso el modo y el cómo se debe luchar contra el terrorismo de forma concreta, eso ya no le corresponde decirlo a la Iglesia, sino que forma parte de la conciencia individual de cada uno de los cristianos y de los programas políticos de los partidos. Es más, aunque el pacto lo hayan firmado las dos fuerzas políticas mayoritarias, ése no puede ser el criterio para que la Iglesia firmé el pacto, ya que la presión de las mayorías no es argimiento para que ima realidad institucional como es la Iglesia, cuya misión principal es religiosa, asuma una función política que por su propia naturaleza no le corresponde. Así lo ha reconocido el señor Rubalcaba cuando ha dicho que el pacto es entre partidos y no tiene sentido que lo firme la Iglesia. Seamos claros, lo que se busca n, o es que la Iglesia condene el terrorismo, qué ya lo hace, sino que la Iglesia se identifique con un proyecto concreto partidista o que con su firma descalifique otros proyectos políticos, que también pretenden acabar con el terrorismo, sólo que desde otras estrategias y otros postulados políticos que pueden ser tan legítimos como los primeros. Los ataques que está sufriendo la Iglesia, aunque a corto plazo puede resultar rentables para algunas estrategias, a la larga puede ser muy perjudicial, no sólo porque pretende encuadrar a la Iglesia en im It ar social que no le corresponde teológicamente, sino porque las propias fuerzas políticas que ahora pretenden la identificación de la fe con su política estarían arrastrando a la Iglesia a im confesionalismo trasnochado al cual la Iglesia renunció hace muchos años. En conclusión, el problema no es que el pacto sea político, sino de estrategia partidista. Y la Iglesia como institución ni quiere ni debe identificarse con proyectos de partidos concretos. En este p mto los católicos, junto a la Jerarquía, debemos ser firmes aunque suframos la incomprensión y el desafecto. Porque hay muchos ciudadanos que están espoleados por algimos medios de difusión- y las declaraciones de personas que amparándose en algunos hechos desafortunados por parte de algún que. otro miembro de la Iglesia- que consciente o inconscientemente, faltan a la verdad, buscan el descrédito, e incluso Uaman a los católicos a que le hagan el boicot a la propia Iglesia. ICEN que San Valentín debería ser también el Patrono de los animales enamorados como lo es de las personas, porque siempre en su festividad, el reciente 14 de febrero, y entre otras especies, lo están estas avecillas, que en tales épocas se las ve emparejadas por terrenos libres y vedados a la anhelosa espera de preparar los nidos que han de perpetuarlas. Las perdices dan la sensación de ser de las razas más apasionadas en su ciclo vegetativo. No en balde era la perdiz el símbolo de Venus en la mitología latina, aunque la diosa nació del mar, i) orque también Venus fue considerada la deidad del amor, como de la primavera y los campos. Las perdices, dícese muy amadoras, ofirecen ima belleza que pocas volátiles superan, que es otra baza a su favor. En Castilla- La Mancha, región campeona de la gentil gallinácea, han podido abatirse quinientas mil, seiscientas mil unidades, pues la larga temporada de octubre a febrero ha resultado estimable, como anticipó Ricardo Ayala, presidente de Apiroca en Ciudad Real. Pero, naturalmente, han quedado las suficientes como para buscarse entre sí y imirse en matrimonio laico, y divino quizá. Los pollos que nazcan en D res; para otros, sí la tiene por cuanto que, aunque sean reducidas las cifras de las piezas que se logran cuando acuden al señuelo del perdigón, tras el que se ocultan los impenitentes pajariteros, las coge en un momento crítico. O sea cuando están ardientemente en busca de la pareja... Obviando ambos puntos de vista tan subjetivos, el hecho y verdad es que por San Valentín tienen igualmente las patirrojas, la fauna cinegética más famosa y preciada del territorio casteUano- manchego y acaso de otros, el patronazla maleza serán, ¡ay! los objetivos de los cazado- go de San Valentín, que, como tantas de eÜas, res en el inmediato futuro. Sin ir más lejos, en también sufrió martirio. Él, por su religión; las aves, por su instinto amoroso, pero sacrificio al el próximo otoño que adviene. No obstante, las supervivientes adultas de la fin en uno y otro caso. En tanto que los pajariteros o puestistas del dura campaña, ahora amantes de su alma, tienen todavía que vencer el mayor o menor obstá- reclamo, salgan o no con la jaula y la escopeta culo de la modalidad de caza con reclamo, hoga- en los días preprimaverales, cuidan asimismo ño fijada entre el 5 de febrero y el 18 de marzo con hondo amor a sus perdigones, que, en tranen la generalidad de las comarcas criadoras- ca- ce de compraventa, alcanzan precios singularzaderas. Para unos, no tiene demasiada impor- mente elevados, cuestión que forma parte de tancia el número de las que se abaten en estas todo el complejo de la caza, antaño mera diverseis semanas, que juzgan insignificante compa- sión y ejercicio y hoy deporte masivo, amén de rativamente con el de los cuatro meses anterio- punto de reunión y politiqueo... ESCRITOR MIGUEL GARCÍA DE MORA Las perdices de San Valentín