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ftfeisiiPite Arriba, a la izquierda, en la imagen de marzo de 1986, el entonces ministro de Sanidad, Ernest Lluch, y el que fuera portavoz de la Coalición Popular, Miguel Herrero y Rodríguez de Miñón, en un pleno del Congreso. Debajo, en noviembre de 1998, Lluch con el alcalde de San Sebastián, Odón Elorza, durante una conferencia sobre la violencia en el País Vasco, pronunciada en Barcelona. A la derecha, Lluch jura el cargo de ministro de Sanidad del primer Gobierno socialista ante e! Rey y Felipe González, en diciembre de 1982 Sangrienta selectividad l asesinato anoche en Barcelona del ex ministro de Sanidad Ernest Lluch encierra, como todos los crímenes selectivos de la banda terrorista ETA, un mensaje pretendidamente condicionante de la agenda política vasca y, en general, española. Lluch era un socialista catalán situado en tmas tesis relativamente heterodoxas respecto de su partido, amigo del PNV y muy próximo a las terceras vías que, con un voluntarismo incomprensible, abogaban por políticas negociadoras y dialogantes, en línea con los discursos que mantienen Herrero de Miñón o Margarita Robles. Hace pocas semanas, el ministro de Interior, Jaime Mayor Oreja, avisó al PSOE de que cualquier aproximación socialista al PNV mxütiplicaba las posibilidades de que ETA atentase contra sus dirigentes. El asesinato de Juan María Jáuregui en Tolosa- -conocido también por su cercanía al nacionalismo vasco- -fue un aviso de que los etarras pretenden impedir a golpe de crimen que se consume en el País Vasco un entendimiento entre el PNV y el PSE- PSOE. ETA va contra el PSOE, pero ETA, y este dato es fundamental en el análisis, intenta- -y de momento consigue- -mantener secuestrado al partido de ArzaUuz, entrampado entre el soberanismo de Estella- -que los etarras no están dispuestos a que el PNV abandone- -y la cazurrería política de Juan José Ibarretxe, enrocado en su minoría parlamentaría, de tal forma que la E situación vasca queda a merced del ritmo que marque la banda. Si tienen alguna duda, traten de contestarse a estas preguntas: ¿Puede el PSE- PSOE colaborar con el PNV actual después del asesinato de Buesa, Jáuregui y Lluch y el frustrado contra Recalde? ¿Puede el asesinato de ayer mover de sus posiciones rupturistas al PNV, a Arzalluz y a Ibarretxe, cuando otros veinte anteriores tras la ruptura de la tregua no lo consiguieron? ¿Determinará este nuevo crimen al lendakari a disolver el Parlamento vasco y convocar elecciones? De las respuestas que se den a estas interrogantes se deduce con meridiana claridad que ETA pretende la inmovilización política del nacionalismo en sus compromisos de EsteUa. No valen terceras vías no valen nuevos ciclos autonomistas ETA lo ha dicho en su último comunicado, y lo acredita asesinando a aquellos que, fuera del nacionalismo, son amigos de los nacionalistas. Como Jáuregui, como Korta. como Lluch. A esto se llama selectividad. Sangrienta selectividad. José Antonio ZARZALEJOS Director de ABC Nacional páginas 17 a 24 o o u ID