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-c ABC LUNES 2 8- 8- 2 0 0 0 69 gente de verano Cuaderno de estío Ser portugués Los ninOírfuégan en la playa Mareta de Sagresi Abajo, el- f- il i SSqiag 5 ft eus- da Sorte se- t 8 para para salir a faenar Fotos Corma Arranz SAGRES ada vez se circula más. Cuanto más se circula, menos se ve. Pero a pesar de todo todavía existe una poética del viaje, mirar de forma diferente formas diferentes Jorge Listopad, teatrero nacido en la antigua Checoslovaquia y reasentado portugués, sigue apuntando fogonazos en la contraportada del Jornal de Letras, Artes e Ideias un insólito periódico literario editado en Lisboa que ha cumplido veinte años y sin parangón en el resto de la Península. Me aplico el cuento mientras busco a Pedro Rosa Mendes en el atardecer de la costa vicentina. PRM está a pimto de ver vertido al español su Baia dos Tigres viaje entre Angola y Mozambique en el que si se la jugó no fue por heroísmo, sino por ser flel a lo que tenía que contar y a los tipos que le salieron al paso. No es raro que el libro cobrara vida propia y al igual que el caudaloso Zambeze mezclara en sus rápidos la realidad con la novela. Donde la historia resultaáncorregible y la vida irrespirable, léase África, tal vez sea la novela lá única forma de residir y resistir, aunque las víctimas no lean y los lectores escaseen. El libro de Pedro es una forma de resistencia. PRM es como esos españoles que se sienten incómodos de ser españoles y que cuando se encuentran con otros españoles fuera de España prefieren pasar por mudos o extranjeros. En su caso lo que le resulta incómodo es ser portugués. Pero lo que en realidad le molesta es él estruendo de ser, ese envolverse en la bandera y entonar un entusiasmo que sólo en las muchedumbres se resuelve con holgura. En eso, y aunque tam- C bién les ciega la pasión cuando trixuifa el Benfica o el Sporting de Lisboa, sus manifestaciones de furor nacional enseguida caen en la saudade. Ser portugués es una forma hospitalaria y descreída de estar en el mundo, sin hacer demasiado hincapié ni en el fervor ni en el desdén, en vista de la más que segura derrota final. En eso, ser gallego es luia forma aproximada de ser portugués. Por eso resulta lá melancolía lui magnífico mirador sobre el mar de la existencia, cura de grandilocuencia, de los excesos del patriotismo, de las voces que los españoles enarbolan cuando de polemizar se trata. Para disfrutar de ser portugués nada como dejar en remojo el ser español y sentarse al atardecer de Sagres con im libro de E a de Queiros o Guimaraes Rosa en las manos. Sagres es im apeadero del fin del mimdo nada estridente. Su playa de La Mareta, la más familiar y concu- Ayamonte Océano Atlántico rrida de la costa vicentina, apenas tiene olas, salvo cuando sopla el viento del sudoeste. Entre la herradura de dos acantilados cortados a pico, las arenas son blandas y las aguas frías. Se escuchan, a media voz, palabras de medio mundo, pero no hay radios, ni vendedores de helados, ni churrasquerías. Hasta los dos bares que se asoman a la playa son discre- tos como viudos. Bañarse aquí es una forma de aprender a ser portugués, acostumbrarse a la fría transparencia del Atlántico. Ser portugués, que es lo primero que quise ser al empezar este viaje y lo que Uevo queriendo ser desde que descubrí Portugal por primera vez, es iina forma de no ser, o de ser del otro lado de la frontera. Optar por ser portugués es como elegir ser marroquí, africano, apatrida. Es, como quería el pianista Tete Montoliú, ser negro. Ser portugués es como aprender a sumergir el pasaporte en lejía, desteñir la bandera de la sangre, borrar el fervor patriótico, abolir los mojones del territorio, dinamitar el pronombre mío, empezar a dejar de orinar como los perros entre las cuatro piedras o los cuatro árboles resecos que van quedando en el solar ibérico. Estrela do mar es un antiguo restaiurante invadido por la yedra, jiuito a la Plaza de la República de Sagres, un espacio íntimo y aterrador, con las sillas muertas y las hojas adueñándose de todo desde que dejaron de servir bacalhau grelhado, que es otra forma de ser portugués. Que el plato nacional sea el bacalhau dice mucho de este forma portuguesa de estar en Europa, de no ser nadie, de ser cualquiera, de ser a secas. La noche se espesa y el Deus da Sorte Dios de la Suerte se hace a la mar para pasar la madrugada pescando. A Portugal, que no le gusta ostentar, hay que descubrirlo como se descubren grietas en el techo y pecas en la espalda de tu matrimonio después de toda una vida en común. La verdadera ternura es sutil. Mar portugués, arenal de Sagres. Suave escepticismo necesario para ser portugués. Alfonso ARMADA 3-