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ABC LUNES 28- 8- 2000 TOROS Un maestro con la izquierda MADRID. J. L. Suárez- Guanes 57 Muere Alfredo Corrochano, decano de los matadores Cortó un rabo en Las Ventas y entró al quite en la muerte de Sánchez Mejías Ayer murió en Granada Alfredo Corrochano, casi a punto de cumplir ios 8 8 años pese al i enfisema. No sólo era el decano de los toreros españoles, fue un maestro del toreo por la izquierda, el niño querido de Ignacio Sánchez Mejías, un chaval que no toreaba por hambre, sino por gusto, V que le arrancó un rabo a Las Ventas en la despedida de Belmonte. Iba en el tren que llevó a Lorca a Granada. MADRID. Tulio H. Demicheli oros y literatura están íntima- mente imidos: Gerardo Diego, Federico García Lorca, Rafael Alberti... Me dicen que Alfredo Corrochano ha muerto. En Granada. En casa de su hija Yola, allí estaban su hijo Alfredo y su nieto Ricardo. A principios de este mes de agosto fui a visitarlo con Ricardo y con su novia Vanesa a Llanes. Al viejo torero. Al viejo torero que coincidió en el tren que conducía a la muerte a Federico. Corrochano se bajó en Baeza, iba a torear, pero Federico siguió rumbo a Granada: -Las mujeres se piraban por Federico- -le dijo a su nieto en la última entrevista, publicada en Blanco y Negro hace unos meses. La última entrevista se la hizo su nieto como la primera se la hizo, aquí también, su padre, muy a pesar suyo. Alfredo Corrochano era un crío que capeaba en la finca de Sánchez Mejías mientras su maestro hablaba de toros y de poesía con la Generación del 27. A Alfredo Corrochano le tocó darle el quite a Ignacio Sánchez Mejías aqueUa tarde ¿a las cinco en punto en todos los relojes? en la plaza de Manzanares el Real. No vayas por ese lado- -le dijo Ignacio- -si no el toro se va a quedar conmigo- -y el toro se quedó con él. Pero Corrochano entró al quite dé, su maestro a pesar de la muerte que ya se anvmciaba. Ignacio Sánchez Mejías fue el maestra de Alfredo Co- rrochano. Le enseñó todas las artes. Y se las enseñó con el carro. Y el chiquülo se llevó puntadas: -Bueno era Sánchez Mejías, como para dejarse coger por él. En realidad Ignacio Sánchez Mejías no quería que sus hijos torearan y se le ocurrió una idea brillante: Uamar al hijo de Gregorio Corrochano- -corresponsal de guerra y gran crítico taurino de ABC- -para que se ajuntara con ellos, y les quitara la idea de la cabeza. Y el chiquillo le salió rana, digo, torero. Un torero señorito, no de los que salen al ruedo pensando más comas da el hambre sino todas las comas por la glo- T José Luis Alvares BC Alfredo Corrochano repasa sus memorias en Llanes, las memorias dé un torero que lo fue de niño por orden de Alfonso XIII y padrinazgo de Torcuato Luca de Tena ría A Gregorio Corrochano im buen día lo llamó Don Alfonso Xin. El niño- -Alfredo tenía doce o trece años- -torea por Orden Real -le dijp el Rey. Y toreó pese a su padre en un festival para recaudar fondos para la Ciudad Universitaria, y esa fue ima apuesta del Rey y de don Torcuato Luca de Tena, su padrino. Que Andrés Fagalde- -imo de sus grandes amigos me corrija. Fuimos su nieto y su novia a ver a Corrochano a Llanes, un torero izquierdista Nadie ha toreado con la izuierda como él y pocos se han llevado el rabo en Las Ventas. Él lo hizo en la despedida de Belmonte. Ligó trece pases... Los pases que la Guerra Civü ya nimca le dejó dar: la Guerra Civil se comió (literalmente) a los toros durante algimos años terribles para la fiesta. En fin, cuando fuimos a verlo hace un mes a Llanes, el viejo torero ya no se podía levantar de la sDla, como lo hizo en mayo para el homenaje que le rindió la peña Los de José y Juan, de la que fue nombrado socio de honor después de darle el recuerdo de los aficionados a Doña María de las Mercedes. En Llanes ya no se levantaba de la silla (el enfisema le comía ya las manos) pero discutía con Ana Maya, su segunda mujer (la primera fue María Victoria García- Vela) y sus ojUlos se encendían ciiando hablábamos de sus hijos (Yola, Cristina y Alfredo) y de los nietos que yo conozco: Ricardo, Alfredo, Gonzalo y Alvaro. El viejo torero seguía en sus erres. La enfermedad no le impedía acumular sus memorias en el papel. Las memorias de Corrochano son las memorias de un tiempo donde toros y literatiu- a iban de la mano, quizá en la hiano izquierda de un señorito que saboreó la gloria de los ruedos, al que un enemigo le agredió cuando salía a hombros de la plaza y, aun sangrando, miró siempre hacia adelante: hacia su mujer, sus hijos y sus nietos. Descanse en paz. Alfredo Corrochano Mircinda. hijo del célebre crítico de ABC Gregorio Corrochano, era el decano de los matadores. El madrileño empezó a torear como novUlero en los principios de los aiios treinta, y en 1931 fue uno de los pimteros, con lo cual, al año siguiente, en la Feria de Castellón, tomó la alternativa. Actuó de padrino Marcial Lalanda y de testigo, Domingo Ortega, con toros de Carmen de Federico. Durante los años previos a la Guerra Civü fue uno de los muchos toreros denominados de la Escuela Madrileña, que tuvieron mucha aceptación en la VUla y Corte por su finura y calidad: Maravilla, Ricardito González, Juan Martín Caro, Curro Caro y Félix Colomo- -que ahora se convierte en el decano de los matadores- -flgxiran entre ellos. El mayor éxito de Alfredo Corrochano es que ha sido imo de los pocos diestros que han cortado im rabo en Las Ventas. El hecho ocurrió en octubre de 1935, en el último festejo que toreó Juan Belmonte en Madrid, en el que también le otorgaron un rabo. Además de Corrochano y Belmonte (dos veces) lo han logrado: Marcial Lalanda, Manolo Bienvenida, Lorenzo Garza y Curro Caro, todos eUos antes de la Guerra Civü. Terminada la contienda, sólo Palomo Linares- -el 22 de mayo de 1972- -ha conseguido similar, galardón. Corrochano fue im artífice del pase natural y, de no haber seguido la contienda, habría ocupado m lugar mucho más importante en la Fiesta. Terminada ésta, dejó de torear, aimque en 1949 intentó ima reaparición, que quedó reducida a dos corridas: una en Pontevedra y otra en Oviedo. Precisamente en Asturias, en la villa de Llanes, residía desde hace muchos años. En esa localidad asturiana estuvo casado por dos veces con sendas nanescas. Descanse en paz Alfredo Corrochano. Ya no podrá ver más aquellos mares del Cantábrico y aquellas playas de Toro, El Sablón y Puerto Chico. Tampoco se recreará en la cordillera del Cuera, ni tendrá las nostalgias de que pudo haber sido mucho más en el toreo. Nadie le quitó en vida el palmares de haber cortado dos orejas y rabo, a un mismo toro, nada menos que en la Monumental de Las Ventas, la cátedra del toreo.