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22 NACIONAL LUNES 28- 8- 2000 ABC PUNTO JURÍDICO Doble juicio L Comité de Derechos Humanos de las Naciones Unidas ha dado a conocer este verano uñ dictamen en el que se dice que España há vulnerado el Pacto de Derechos Civiles y Políticos de Nueva York, del que nuestra Nación es signataria, porque un condenado por asesinato frustrado en 1993 no tuvo la oportauíidad, en el Tribunal Supremo, de que su sentencia fuese revisada íntegramente, ya que sólo lo hizo en sus aspectos legales y formales, como ocurre en el recurso de casación penal. En vm. memorable voto particular a una sentencia del pleno del Tribunal Constitucional (STC 59 2000) el magistrado Rafael de Mendizábal ponía el dedo en la Uaga sobre lo qué ocxure con la casación penal: El Tribunal Supremo carece como tal institución y precisamente por serlo, de esa experiencia, aunque puedan tenerla muchos de sus componentes, y el conjunto de la prueba es para él una pila de papeles sin vida, transcripciones incompletas de palabras disecadas. Sólo se puede tomar la medida de la culpa de quien se condena para adaptar la pena a una persona, teniéndola delante y conociendo, hasta dónde resulte posible, su biografía procesal Es decir, que como dice el refrán: Mucho papel y mucho tintero, y la justicia al retortero Que la justicia procesal- -tanto la civil (reforma incógnita) como la penal- -es de lo que peor se ha adaptado a la realidad denjocrática de España, es algo que resulta evidente, como evidente resulta también que, en cambio, la justicia procesal administrativa nació paradójicamente, ya en 1956, más o menos adaptada. Para colmo, la justicia procesal penal, cuando se ha reforma. do, se ha hecho tarde y mal, a trancas y barrancas. Habrá que ponerle im remedio a todo este desbarajuste de leyes y, dada la buena fe e inteligencia del equipo que dirige el Ministerio de Justicia (Ácebes, Michavüa y Astarloa) parece muy probable que se dé alguna solución sencilla, estable y garantista para que las decisiones de nuestro más alto Tribunal jurisdiccional no sean puestas, constantemente, en entredicho. Y si hay juicios que no tienen la posibilidad de ser revisados, pues la casación no es una revisión de hechos y pruebas, ¿qué opinión pueden merecer aquellos juicios de los aforados en los que la Sala Segunda del Tribimal Supremo se convierte, primero en Juzgado instructor, y luego en sala juzgadora, sin posibilidad, siquiera, de casación? ¿Y aquellos otros juicios que a lo dicho se les debe añadir ese plus de escándalo, pues quienes juzgan han ocupado cargos políticos (García Ancos) han servido a potencias extranjeras (Bacigalupo) o han dependido en sus ascensos (Bacigalupo otra vez) de quienes después tuvieron la desfachatez de juzgar? Todo eso es posible, todavía, en España y, por ello, debe buscarse un remedio urgente. Jorge TRIAS SAGNIER E OLLYWOOD, siempre al acecho, ya ha realizado varias películas futuristas en las que el presidente de los Estados Unidos es im tipo de color. El penúltimo de ellos, el actor Morgan Freeman, con su voz grave y ademanes impecables. Peor lo tienen, al parecer, las mujeres, según los guionistas cinematográficos. La que ha estado más cerca de la Presidencia fue la congresista demócrata Geraldine Ferraro, cuya candidatiura como vicepresidenta jimto. a Walter Móndale en 1984 se saldó con un rotundo fracaso. Contrasta ese desdén de los electores norteamericanos hacia las mujeres con el papel cada vez más relevante que la esposa del inquüino de la Casa Blanca tiene en los asuntos de Estado desde los lejanos tiempos en que una hiperactiva Eleanor Roosevelt pretendía imponer al mundo su propia concepción de los derechos humanos. Tan importante ha sido el tener una esposa al gusto de los votantes, que Adlai Stevensón, probablemente el mejor político de su generación, nunca Uegó a la Presidencia por ser im hombre divorciado. Claro que aquellos eran tiempos de carcundas, en los que los asuntos de alcoba se miraban con lupa, a falta, de cosas mejores que hacer. Tuvo que ser precisamente un hombre conservador, Ronald Reagan, el que consiguiese casi treinta años después que estos temas de divorcios dejasen de interesar a los electores. Es que los Estados Unidos, a fal: ta de la tradición cortesana de la vieja Europa, han desarrollado un complejo monárquico freudlano del que nadie liabla. Sólo así pueden explicarse esos titulares de Prensa en los que sé alude habitualmente no sólo a la Primera Dama, con mayúsculas, sino también a la Primera Familia. Hasta la pobre Chelsea Clinton, que es una chica absolutamente normal, en estos años de sufrida hija de un presidente en ejercicio ha sido calificada de H EN DOS MINUTOS Las inquilinas de la Casa Blanca Por la Casa Blanca han pasado desde abuelas enérgicas y amables hasta sofisticadas chicas bien Primera Hija, Primera Niña, Primera Adolescente y hasta de Princesa de América. Tal cual. Afortunadamente, no abundan tanto los gruesos titulares sobre Buddy, el Primer Perro del país, un precioso labrador de color chocolate, ni sobre Socks, el Primer Gato, de quien en la página web sobre la Casa Blanca se dice que Ueva con los Clinton desde 1993 y que es el primer felino que vive en la mansión presidencial desde que en 1980 se fuera el gato de Amy, la hija de Jimmy Cárter. Para que nos vayamos enterando. En otros países del continente americano, a falta de información zoológica tan pormenorizada y con tanta enjundia, empiezan a ser habituales, en cambio las presidencias unifamiliares, monoparentales o corno diablos se llame esa nueva situación. Las sonoras rupturas del argentino Carlos Menem con su esposa Zulema y del peruano Alberto Fujimori con Susana Higuchi, aparte de dar la natural carnaza a la prensa del corazón, que para eso está, han demostrado que no hace falta una presidenta al lado para asistir á las cenas de protocolo. Coherente con eUo, el mexicano Vicente Fox ya ha atribuido ese guión no escrito de primera dama a su hija mayor, Ana Cristina, quizás para que se vaya fogueando en el proceloso mundo de la política. En Estados Unidos todavía sigue acaparando la atención y la preocupación de los electores el papel de consorte del presidente. Se explica así el gran despliegue dado por la Prensa norteamericana al beso público y de tomülo entre el candidato Al Gore y su esposa, Tipper. Porque esa otra, la pugna entre Laura Welch, señora de George W. Bush, y Mary Elizabeth Aifcheson, alias Tipper, va a ser tan relevante como la de sus maridos. Por la Casa Blanca ha pasado de todo, claro está. Desde abuelas enérgicas y cariñosas, como Mammie Eisenhower y Barbara Bush- -la madre del actual candidato republicano- -hasta sofisticadas chicas bien, como Jackeline Lee Bouvier, casada con Kennedy, primero, y con Onassis, después. Claro que Jacquelüie estuvo tan pendiente de cambiar las cortinas de cretona durante su estancia en la Casa Blanca, que no se eiiteró de nada nías, incluidos los deváneos amorosos de su esposo. Algunas inquilinas de la residencia presidencial apenas si han soportado la dureza del cargo, como la frágü Laddy Bird Johnson o la problemática Elizabeth Ford, pasando por la discreta Rosalynn Cárter. Ninguna de ellas, sin embargo, lo ha tenido tan crudo como Hillary Rodham Clinton y ya ven: pese a que su vida conyugal ha sido zarandeada en público de lo lindo, tras el caso Lewinsky y los que le precedieron, la mujer, con dos narices, vuela ahora políticamente por su cuenta y tiene altas probabilidades de acabar sentándose en el Senado. De aquí al 7 de novienlbre asistiremos pues a la enconada lucha entre Bush y Gore por hacerse con la Presidencia de Estados Unidos. Su virtual empate actual puede ser ro, to por la apreciación que los electores tengan sobre sus cónyuges. Ya se dijo en el 96 que si el candidato republicano no hubiese sido entonces Bob Dole, sino su mujer, Clinton no lo habría tenido tan fácü. Enrique ARIAS VEGA -Cuando deseemos que Putin nos vuelva á subir el sueldo a ios militares como premio, ya sabemos lo que hay que hacer: hundir otro de nuestros submarinos con toda su tripulación.