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ABC LUNES 28- 8- 2000 OPINIÓN 13 JAIME CAMPMANY IGNACIO SÁNCHEZ CÁMARA La muerte del torero La envidia A mí me llaman todas las mañanas Alierta y Aznar y me dictan lo que tengo que escribir ese día. He tenido que aprender taquigrafía para no perder palabra del dictado. La consigna siempre es la misma: palo a Arzallus H A muerto Alfredo Corrochano, torero. La muerte es la cosa menos sorprendente del mundo. Sólo la hora fatal es insegmra. Tantas tardes jugando alegre con la muerte, y ha tenido que llevárselo, viejo de vida y sabiduría, rodeado de su familia y de sus amigos, una negra madrugada de agosto. Tuvo que ser en Granada, avara inmortal de bellezas y eternidades. Tenía el empaque y el saber vivir de los viejos toreros antiguos, que quizá proceda de haber mirado tantas veces cara a cara a la muerte. Supo vivir con el mismo genio y acierto en el ruedo de la plaza como en el más duro ruedo de la vida. Tenía la simpatía que sólo puede nacer de la bondad y de la alegría de vivir. Sobra decir que fue un gran torero. Pocos rivales ha tenido con la muleta en la mano izquierda. En los agitados tiempos de la República, vio añadirse a la natural competencia del mundo de los toros los avatares de la agitación política. Hijo de Gregorio Corrochano, primer espada de la crítica taxu- ina y colaborador de ABC, recibió el malintencionado sambenito de niño mimado y la acusación de monárquico. Un pequeño sector del público, ruidoso, politizado y resentido, no se lo perdonó. Él respondió en la arena, donde habita la verdad del toreo. Era torero siempre: dentro y fuera de la plaza, antes y después de la retirada. No tuve la fortuna de verle torear, pero sí tuve la suerte de tener a mi lado a quién me lo contara, aunque hoy ya no está. Me espera con Alfredo. Dictaba Ortega y Gasset im cxurso filosófico en un teatro madrileño. Al día siguiente de cada lección, los periódicos publicaban la correspondiente información. Un gacetillero, con alevoso resentimiento, quiso denigrar al pensador mencionando que entre los asistentes se encontraba im torero. Era Domingo Ortega. La réplica del filósofo. al día siguiente fue contundente. ¿Qué idea podía albergar quien así escribía de lo que es verdaderamente un torero? No puede tener ni noticia de hombres como Sánchez Mejías, Belmente, Domingo Ortega o Alfredo Corrochano. Es la vieja insolencia de la ignorancia. Alfredo ha hecho su último paseíllo cuando en el pueblo de San Martín de Valdeigiesias, al que tanto quería y que tanto le quiere, suena la primera hora de la vendimia. La muerte se cobra este año excelente cosecha. Hoy las bandas de música de todas las plazas de España tocan pasodobles funerales y los clarines suenan a réquiem. Hace apenas unas semanas oía el hilo debilitado de su antes animosa voz a través del teléfono. Mal presagio. Unos días antes, Blanco y Negro había publicado ima excelente y emotiva entrevista realizada por su nieto, Ricardo Corrochano, más que una promesa del periodismo, por cuyas venas corre la sangre del magisterio de su bisabuelo. Abuelo y nieto, frente a frente, mano a mano. Tenía el empaque y el saber vivir de los viejos toreros antiguos, que quizá proceda de haber mirado tantas veces cara a cara a la muerte el capitán tiene que C UANDOamalo, marinerosLoque élrecordar los es el capitán, María. menos grave que ese recordatorio indica es que los marineros sehan olvidado de que el capitán es el capitán, y no hay escena más ridicula ni más patética que ima autoridad, la que sea, un capitán, un director, un caporal o un prepósito, gritando que el jefe es él. En el momento en que imo tiene que decir a gritos, o sea, en público, el jefe soy yo es muy probable que haya empezado a dejar de serlo. Es inevitable sentir un poco de pena oír cómo Javier Arzallus tiene que recordarles a los disidentes de su disparatada manera de dirigir el PNV, que el presidente es él. Donde hay capitán no manda marinero y eso es verdad, pero sólo hasta el momento en que lo olvidan los marineros. Lo que puede hacer Arzallus con los discrepantes es colgarlos, sujetos por los pulgares como hacían los capitanes de los barcos ingleses. O condenarlos a la pena de azotes. O buscar algún castigo más original. En los años inmediatos al fin de la Guerra Civil, hubo im gobernador en Valencia llamado Planas de Tovar, del que se cuentan anécdotas divertidas. A veces, entraba ima visita a su despacho y hallaba a im señor de mediana edad arrodillado y de cara a la pared. Naturalmente, el visitante contemplaba el insólito espectáculo con curiosidad mezclada con cierto espanto. No podía apartar los ojos del penitente. Planas de Tovar tranquilizaba a la visita: No se preocupe. Es un alcalde rebelde Javier Arzallus debería castigar a Iñaki Anasagasti y demás compañeros discrepantes y ponerlos de rodillas, de cara a la pared, con los brazos extendidos y las Obras Completas de Sabino Arana en las manos. Así, hasta que se les despellejaran las rodillas y se les cayeran, rendidos, los brazos. Ya se sabe, la letra con sangre entra. Los discrepantes estarían Me gusta imaginármelo ya, jxmto a su padre y su primo José María Sánchez Miranda, desde la tribuna definitiva y privilegiada del cielo, sentando cátedra de tauromaquia y de ciencia de la vida, comentando los avatares de la temporada, los toros que se caen, los toreros que no se están quietos, los púbUcos poco doctos, que nada es ya como antes, la quietud majestuosa de Belmente, milagro romano de Andalucía, la rotunda personalidad, el valor y la inteligencia de Ignacio, el genio de Cagancho, la sabiduría de Rafael, el arte de Pepe Luis, Antonio y Luis Migael. Para acabar concluyendo, cómo no, que el más grande ha sido, es y será José. Como todo lo que verdaderamente importa, ya no pertenecen al mundo. Dejan en él su sello y su memoria. Adiós, tío Alfredo. Hasta la vista. Nos esperan infinitas tardes de gloria, una gloria incomparablemente más alta que aquella tuya luminosa en la tarde lejana de Las Ventas del Espíritu Santo. obUgados a aprender de memoria la doctrina de Sabino Arana donde se explica que la autoridad política no se alcanza por sufragio mayoritario de los hombres, sino que desciende directamente de la mano de Dios a la cabeza del elegido, y en este caso del PNV no cabe duda de que el elegido por Dios es Javier Arzallus, y él conducirá al pueblo vasco a la independencia prometida. Por tanto, la discrepancia de los descreídos discrepantes es probable que esté fimdada en el pecado capital de la envidia. Dentro del PNV, hay quien mira con envidia a Arzallus, como Caín miraba a Abel, por ser preferido a los ojos de Dios. Quieren ocupar, no sólo su cargo, sino su puesto de privilegio como autoridad indiscutible. Y Javier Arzallus, que iba para jesuíta, conoce perfectamente la enseñanza del Libro de la Sabiduría, donde se expUca que la mezquina envidia jamás puede ser compañera de la sabiduría. ¿Pero qué tiene que ver aquí el Libro de la Sabiduría? Claro que tiene que ver, envidiosos discrepantes. Y además, está bien claro: que donde hay capitán no manda marinero En la frase hecha no se dice capitán, sino patrón Ya lo sé, pero eso de patrón es de Fraga Lo otro, lo de mandar a la mierda a Iturgáiz, no es ima reacción de Arzallus ante la envidia de sus subditos, sino contra la soberbia de sus adversarios. Iturgáiz tenía la ensoberbecida pretensión de esperar un a l i mento, pero, como diría Borges, recibe una digresión. En realidad, no merece otra cosa. Ni nosotros los periodistas tampoco. Estamos a sueldo de la Telefónica y del Gobierno. A mí me llaman todas las mañanas César Alierta y José María Aznar y me dictan lo que tei o que escribir ese día. A mis años, he tenido que aprender taquigreifía para no perder palabra del dictado. La consigna siempre es la misma: palo a Arzallus. Envidia, claro. A RiPOSA CERVICAL BUTTERFLY PlLLOW MHHMMMPie Cúiún iu Bádycare CUIbA. TU CUEiU 0 La almohcKla Mariposa Cevical ha sido desarrollada cienh ficximente con la r N ffVÜ más avanzoda tecnología poro que descanses mejor. -n Su diseño anatómico y relleno especial ayudan o relajar tensiones y a resolver tos problemas de cerxncoles 948 43 02 OO 4 f JMÓEMATEJW ESTABjJCIMIENJ OSJ S ECI