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ABC LUNES 28- 8- 2000 OPINIÓN 11 BREVERÍA loca- r 60 w Juan José Nieto Vulnerar la ley Acuciada quizás por sus índices de audiencia, Antena 3 ha emprendido la mala senda del incumplimiento de la conocida como Ley de la Contraprogramación. Esta cadena privada ha tomado la costumbre de cambiar a última hora su parrilla con el supuesto objetivo- -dudosamente irrealizable con esos métodos- -de recuperar la audiencia perdida. El último cuatrimestre del año ha sido el peor en su historia desde el año 1993 y las perspectivas de remontar posiciones en los audiómetros no son del todo seguras ante la temporada que ahora comienza. Desde luego, la trasgresión de las normas vigentes, que han de ser cumplidas por todos, no han dado el menor fruto hasta el momento. En los últimos ocho días. Antena 3 ha cambiado ocho de sus pelíciüas anunciadas, sin preocuparse en ofrecer la mínima explicación. Ello no sólo contraviene la ley, que obliga a anunciar la programación con once días de antelación, sino que revela ima seria relajación en la consideración que merecen todos los telespectadores, a quienes fuerzan permanenteinente a hacer zaping si desean averiguar qué pelíciüa o programa ha decidido emitir Antena 3. Del resto de los canales sólo pueden citarse un par de casos aislados de cambios no anunciados, también reprobables. Otra práctica de esta cadena consiste en repetir las mismas películas una y ofra vez, incluso con sólo fres o cuafro días de diferencia y a la misma hora. Afras quedan, por el momento, hábitos tan dañinos como emitfr los mismos largomefrajes tantas veces como quiera el programador, con el sencUlo procedimiento de cambiarles el título. Hace poco más de im año se recurría a este curioso método, hasta que im reportaje publicado en este periódico desveló el asunto. Del buen juicio del consejero delegado de la cadena, Juan José Nieto, y de la solvencia de Ramón Pradera, dfrector de programación, cabe esperar la rectificación. La ley como la audiencia, es para todos y nadie puede biurlarse ni de una ni de los otros. Ñas b -áCA Sm o miy ciudadano C OMO cualquierdesee. Es másespa- a ñol, Amaldo Otegui es Ubre de ir donde quiera y como Hbre que la mayoría de sus compatriotas, que no sienten esa hbertad cuando visitan o viven en las Vascongadas. Otegui, después de asistir a los homenajes de cuatro Eisesinos, ha decidido descansar en la vecina Cantabria. Se ha paseado, blindado contra presiones, por Comillas, Quijas y San Vicente de la Barquera. En la preciosa vUla marinera barquereña tuvo que oír a una precisión acerca de su fámüia estrictamente relacionada con su madre. No más de eso por cuanto la gente pacífica no sobrepasa los límites de la cordura ni desde la indignación. No se atrevió a sentarse en la concurrida terraza del tradicional bar Samovy de Comillas, propiedad de la muy queridafemiliade José Luis Caso, concejal de Rentería del Partido Popular asesinado por sus etarras antes de la llamada tregua Pero sí parece que lo hizo bajo los soportales de San Vicente y en una hostería de Quijas, donde almorzó rodeado de toda suerte de cordialidades. Allí, a la sombra de la bellísima torre de los Bustamante, que con toda seguridad habrá padecido en sus leales y viejas piedras la repugnancia de tan indeseable cercanía. En situaciones como ésta es cuando se entiende que los propietarios de hoteles, restaurantes y bares usen de su reserva del derecho de admisión. Los más optimistas opinan que Otegui se ha dejado caer por la provincia de Santander para disfrutar de un merecido descansito. Los homensóes a los asesinos fatigan mucho más de lo que se cree. En el caso de Otegui con consecuencias dobles, porque además del homeníóe en sítieneque soportar la charla de su colega Permach, que además de un cabrón ALFONSO USSÍA El descansito otegui, después de asistir a los homenajes de cuatro asesinos, ha decidido descansar en Cantabria con pintas es un tostón detío. Lo cierto es que en Cantabria los vascos son bienvenidos siempre que no lleven de mochila la sombra o la sospecha de la inmundicia. De ahí, que los pesimistas hayan relacionado la visita de Otegui con la solemne inaiiguración de algún zulo preparado en algún lugar y dispuesto para recibir a un comando de la banda. Con la cantidad de apartamentos que se están vendiendo últimamente por esta zona no es dificü que im par de eUos pase a pertenecer al entorno de esa gentuza Y los indiferentes se han limitado a comentar lo que en im principio sonó a rumor yfinalmentese confirmó: Cuidado con los niños que parece que Otegui anda por aqiú Si estas visitas tan poco agradables sirvieran para que Otegui y los que le rodean tuvieran la ocasión de reflexionar, habría que subvencionarlas. Vascos y cántabros han sido protagonistas de lá mejor vecindad durante siglos. Pero me temo que no hay capacidad para la reflexión en una mente tan sucia como la del protegido matón de Euskal Herritarrok. Ni capacidad ni vocación. Quizá se haya tratado de una visita turística, y ahí es donde creo que es opor- tuno matizar la rectitud de los comportamientos. Otegui es im español Ubre que acude a irnos lugares de España. Nada de extraño hay en ello y cuanto mejor nos conozcamos entre los españoles, jamón serrano. Pero en el caso de Otegui las cosas cambian. Otegui celebra los asesinatos de sus compafriotas pacíficos, y ensalza, defiende y rinde homenajes a sus asesinos. Mienfras Otegui no sea declarado culpable de apología del terrorismo por un tribimal de Justicia y condenado por ello, es un español hbre. Pero también lo somos los demás para recibirlo o no en nuestras CEisas. Somos libres para darle o nó de comer y de beber, para ofrecerle nuestra hospitahdad o para cerrarle las puertas. La libertad y la mansedumbre no pueden conñmdirse. ¿Por qué se le abren las puertas de los lugares púbhcos decentes? Otegui no está condenado en estos momentos, pero perteneció a la ETA, no se ha arrepentido de ello y hoy representa el disfraz político de los terroristas. ¿Merece la bienvenida? Cada imo es libre de actuar como quiera y el cuerpo se lo pida. Pero cada día que pasa me reafirmo más en mi pesimismo. Nos matan, nos secuestran, nos chantajean, nos coaccionan y nos callan porque no reaccionamos. Nos dan de bofetadas en donde ya no tenemosni mejillas, sino ima superficie tumefacta de miedo podrido. Nos humillan porque, agarrados a no se sabe qué complejos, permitimos que lo hagan. Otegui, el canalla, se ha paseado por Cantabria gozando de la hbertád que él niega en el País Vasco a los que no piensan como él. Y encima se ha ido bien comido, bien bebido y mejor descansado. No somos tan malos los que ellos llaman españoles