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Una semana sin la bella Pesotskaya ace un par de. semanas, nuestro heroico corresponsal en Moscú, Diego Merry del Val, nos sobresaltaba con una noticia estupefaciente y desquiciada: en su Eifán por garantizar la lealtad de su audiencia (que imagino bastante calentorra y necesitada de pecar contra el sexto mandamiento) el canal ruso M- 1 había decidido convertir a la presentadora de su noticiario, Svetlana Pesotskaya, en ima especie de stripper que se aligeraba de ropa a medida que iba desgranando la actualidad. Reconoceré que aquella noticia me ha mantenido en vüo durante todo este tiempo, sobre todo desde que se produjera el himdimiento del submarino Kursk ¿Seguiría la bella Pesostskaya ejecutando sus exhibiciones lúbricas como si nada, mientras los teletipos escupían sus mensajes desesperanzados? ¿Cada vez que un nuevo intento de rescate se saldaba con im fracaso, se despojaría la bella Pesostskaya de una prenda más, hasta llegar al luto definitivo y acongojante de la desnudez? El surrealismo ha encontrado por fin su aplicación práctica en Rusia, ese país desmantelado por las mafias, arrasado por la desidia y la chapucería de sus gobernantes. No debe extrañarnos, pues, que para no desentonar con este folletín esperpéntico, la beUa Pesostskaya se haya mantenido en sus trece, aliviando la tragedia con su numerito sicalíptico. Ahora nos enteramos que un cortocircuito ha dejado sin televisión a los rusos. ¿Qué melancólico desaliento habrá asaltado a los seguidores de la bella Pesostskaya cuando se hayan tropezado, al encender el cacharrito, con una monótona carta de ajuste que sustituye a la destinataria de sus anhelos? ¿Qué suspiros de desánimo, qué imprecaciones de rabia, qué soUozos de cautiva tristeza habrán llenado el aire de ese país, convertido en im ruinoso hangar donde sólo se hacinan armatostes inservibles? Hasta hace unos años, mientras eran arrullados con la melopea agonizante del comiuiismo, a los rusos aún les quedaba el consuelo patriótico de creerse ciudadanos (o subditos) de una potencia hermética y bien pertrechada de artüugios con un prospecto de instrucciones en alfabeto cirílico. Ahora, arrojados de bruces a ima democracia canija y descuajeringada, los rusos descubren, de repente, que viven en im inmensa chatarrería de armatostes oxidados en la que ya ni siquiera asoína sus esplendores la bella Pesotskaya. Al menos, durante la semana de dieta obligatoria sin televisión que- les aguarda, los rusos no tendrán que escuchar las piadosas mentiras gubernamentales que tanto les sublevan. Durante esta semana de televisión ciega y muda, los rusos podrán mirar los muros de la patria suya, si un tiempo fuertes ya desmoronados, sin que los distraigan los embelecos de la beUa Pesostskaya. A este paso, si sus gobernantes perseveran en su esfuerzo de pomposa incompetencia, los rusos tendrán que volver a prender fuego con eslabón y pederucd, para poder calentar sus samovares. Y Diego Merry del Val, nuestro heroico corresponsal en Moscú, tendrá que enviar sus crónicas con paloma mensajera. Yo le rogaría que me mandase bien empaquetadita y embalada a la bella Pesotskaya, para que siga ejecutando ante mí sus strip- teases informativos. Como en mi casa poseo calefacción central, la bella Pesotskaya nunca más volverá a padecer uno de esos catarros atroces y siberianos que se contraen en los platos de Rusia. Y prometo aprender, en su honor, el alfabeto cirílico. H Juan Manuel DE PRADA Sociedad página 31 El incendio en la enorme torre de Ostankino, de 533 metros de altura, dejó ayer sin televisión a la región de Moscú y otras zonas de Rusia. La señal tardará varios días en restablecerse. Como ya ocurriera en la tragedia del Kursk la desinformación es la nota dominante del suceso, ya que existen versiones contradictorias sobre si el incendio ha provocado víctimas, mortales. En la imagen, un helicóptero sobrevuela la torre en llamas