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ABC DOMINGO 27- 8- 2000 73 gente de verano Clásicos de ABC Dulcinea, peligrosa ulcinea era un peligro para Cervantes; Penélope era un peligro para Homero- -o para quien fuere- En España, la mujer tiene más valor que el hombre; la preponderancia de la mujer se inicia en el siglo XVI, cuando se produce el cambio de una actividad en otra: de la actividad política a la actividad literaria. En España, lá opinión de la mujer es decisiva: ténganlo en cuenta los escritores; ténganlo en cuenta cuántos artistas viven del público. Se podría trazar la trayectoria del predominio de la mujer en España. Ya en el siglo XVn con las tertulias, con im elemento que comienza en el siglo anterior y que adquiere en este siglo su culminacióni el predominio de la mujer en la vida española es incontrastable. Y siendo incontrastable, ¿qué es lo que acontece en el Quijote No sabemos lo que acontecería en Grecia; sabemos lo que acontece en la Odisea En el Quijote ya lo hemos dicho, la mujer domi- na al hombre; los tipos de mujeres son más vigorosos que los tipos de hombres. Había de trazar Cervantes el retrato de la amada de Don Quijote; había de trazar Homero, o quien fuese, el retrato de Penélope. ¿Cómo, habría de gobernarse Cervantes en este trance? ¿De qué modo habría de pintamos la figura de Dulci nea? Estando establecido el predominio de las mujeres en el Quijote a poco que Cervantes insistiera en su retrato, se produciría un desequüi. brio entre Don Quijote y Dulcinea. En virtud de tal desequilibrio, Dulcinea, por ley natural, obedeciendo a ley na- tural en España, Dvilcinea, y no Don Quijote, sería la heroína de la nóvela. Deliberada o instintivamente, Cervantes ha evitado ese peligro: Dulcinea, lejos de ser ima figura de carne y hueso, como decimos, es simplemente un nombre. No existe Dulcinea: no podía existir Dulcinea. Emilio Castelar, en 1886, en el prólogo, todo lin tomo; a la Galería histórica de mujeres célebres nos dice: Principalmente resaltan las mujeres entre todos los personajes de la Odisea Y a seguida nos da una revista magnífica de las mujeres de la Odisea: la primera, naturalmente, Penélope; luego, Calipso, Circe, Nausicaa, Leucothea... En la Odisea Penélope está con más vigor trazada que Dulcinea en el Quijote casi llega a contrabalancear Penélope a Ulises. No se llega a tanto en el Quijote pero Cervantes ha corrido ese peligro. Y para que veamos el genio de Cervantes: Cervantes, instintivamente o de pensado, ha puesto en el Quijote para mayor seguridad de sí mismo y del lector, dos trasuntos rudos de Dulcinea: uno, el de la labradora del Toboso, y otro, el de la aldeana del camino. De este D Azprín Publicado el 16 1 rl 7 0 4 7 ae JULIO ae ly í modo, siempre que queramos concretar el concepto de Dulcinea nos saldrán al paso estas dos imágenes zafias: se interpondrán estas dos Dulcineas ficticias entre la verdadera, que es sólo un entelequia, y nuestro deseo. Y con todo, siendo tan sólo un ente de razón Dulcinea, nos esforzamos en completar en nuestra mente la epopeya de Dulcinea. Contra el propio Cervantes labora el lector sin cesar; nos re, belamos. a la idea de que esta mujer sea sólo un nombre; nos rebelaríamos a la- idea de que Penélope fuera sólo un nombre; Penélope es más corpórea que Dulcinea. Vemos a Dulcinea, queriendo verla; escribimos, por ejemplo, vma disertación filosoficopoética sobre dicha heroína; formamos un drama con la misma mujer como protagonista; evocamos a Dulcinea, en fin, donde menos podíamos evocarla: en un ensayo sobre la escultura. poaiamos evocaría: en un ensayo soor magnífico ensayo, -el ensayo de Diderot C 5 mü