Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC DOMINGO 27- 8- 2000 67 España, de sol a sol rio, el bar del Francés, su casa en el barrio de Nazaret, Una hilera de ci. preses achaparrados para resistir la furia del viento hace extrañamente amable este camposanto. Una cuadrilla de obreros levanta nuevos nichos. El martilleo trae, sin saber por qué, reminiscencias de patíbulo y la belleza del día, azul de aguamarina, se astilla. Las fosas comunes son muy tristes. ¿Se está quedando pequeño el cementerio? Todos los días cae alguno, en la tierra o en el mar Pero hace meses que los que mueren en el Estrecho no son enterrados en Tarifa por orden de la autoridad sino en Algeciras. Tantas noches he venido al cementerio. A las tres y a las cuatro de la mañana me han Uamado a enterrar a los pobrecitos, a la luz de un farol No tiene miedo de los muertos mucho peores son los vivos pero lo cuenta y el vientoSe enrosca en los cipreses y pinos chaparros, en la hierba rala, en los hierbajos de la fosa común. Co. mo todos los sepultureros, Juan está acostumbrado a las muecas de la muerte, pero parece como si le conmovieran estos cadáveres sin pompa, sin ceremonia, sin adiós. Muertos sin nombre, tumbas sin memoria. Se pone el sol. El crepúsculo adquiere sobre Tarifa carácter dramático. Los rojos y escarlatas se ensañan con las dunas y playas de la cercana Punta Paloma, donde las carcasas de pateras, con las cuadernas al aire como esqueletos de grandes peces descuartizados, cuentan silenciosamente su historia. Cementerio de pateras en la orilla, caligrafía de patinadores a vela sobre el espejo del mar de agosto, tan resplandeciente que daña la vista. En cuanto se apaga el sol, ese mismo mar se torna tenebroso, un océano de ansiedad vigUado por lanchas, radares, patrulleras, guardias civiles cansados de no dormir. Nueve años en la Cruz Roja de Tarifa suman Francisco Serra y Juan José Cote. A pesar de los 18 que comparten ya atesoran espanto en la retina, de cuando salen en plena noche a rescatar náufragos o pescar muertos, cadáveres que al irlos a coger se te rompen en los brazos, porque están podrí: dos Un estremecimiento de horror. Francisco y Juan José no saben a qué se debe esa ley de silencio que reina sobre los cementerios de Cádiz ahora que suman más de 6.000 los inmigrantes interceptados. Si son tantos los vivos, ¿cuántos serán los muertos? El otro día la costera avisó de que venían dos pateras con 40 personas cada uña. De repente, desaparecieron. No hemos vuelto a saber de ellas. Seguramente naufragaron Según sus cálculos, los cadáveres recuperados en los últimos cinco años rondan los dos millares, pero no se atreven a dar una cifra sobre ios que esconden aguas y peces, -aimque la Asociación de. Trabajadores Marroquíes en España cree que no serán menos de 3.000. En la fosa común del mar acaban níuchos sueños. Pero es la misma tumba; porque no tiene nombre, la que rezan los cementerios. Alfonso ARMADA Muertos sin papeles, muertos desconocidos, sin que nadie llame a las puertas del camposanto a preguntar. Arriba, nichos de inmigrantes en el cementerio de Tarifa trazado cruces a lápiz, una roja, otra azul, que la intemperie ha comenzado a borrar. Bajo la roja, apenas se vislumbran tres iniciales, A R R bajo la azul: JGG una diminuta D mayúscula y una T alta, antes de ía fecha fatídica: 29- 11- 99. Nada más. Signos en el agua. El enterrador que lleva la voz cantante atiende por Felipe Resano, nació en Algeciras hace 33 años y repite io mismo que su subalterno: Nada de fotos. Prohibido por orden municipal Para entonces ya hemos hecho caso omiso dé la insólita orde- nanza. Como luego comprobaremos en Tarifa, la muerte de los inmigrantes parece secretó de Estado, nadie los quiere contar, cómo si el fosforó de los cadáveres quemara. Rosano asegura que en tres años han sepultado a irnos 60 inmigrantes, la mayoría de identidad, desconocida. Otras fuentes aseguran que sqn varios centenares los que duermen el sueño eterno en Algeciras. Rosano parece dispuesto a contar los desconoci. dos en el libro donde figura con trabajosa caligrafía el nombre y la fecha de todos los fallecidos que cada jornada ponen de luto a alguien en Algeciras: Cada día mueren tres Pero enseguida se cansa. Admite: Les enterramos sin ninguna ceremonia. Como no sabemos árabe no les podemos decir nada Se imagina que muchos. más habrán muerto y morirán en el Estrecho: Nadie sabrá nunca cuántos mueren cada veranó Ocurrente, el subalterno, José Luis, entra al quite: Al- menos los chanquetes estarán más sabrosos El de Tarifa es un acogedor cementerio con vistas al mar. Pero desde la fosa común, que mide unos diez metros de largo por cuatro de ancho, no se ve el océano ni, de noche, el parpadeo de las luces de Tánger, al otro lado: un alto muro de cal, Patio 2 lo impide. La pared aisla el camposanto de los caballos que pastan fue; ra, cuatro chabolas, un racimo de antenas, lomas de hierba reseca y ama- rillenta que bajan hasta el pueblo y el mar. El Cementerio del Santo Cristo de las Ánimas, fundado en 1916, está menos concurrido que el de Algeciras: menos muertos, menos flores, menos deudos. Entre las lápidas destaca una azul: En memoria de los inmigrantes caídos en aguas del estrecho Juan Gallardo, el enterrador, al que sorprendemos lavándose los pies, es quien ños acompaña hasta la fosa común, acotada por piedras manchadas de cal y una cordada sobré postes azules en torno a la tierra reseca e hinchada, con grietas de sed, arbustos agostados que cre cen a la buena de Dios y margaritas silvestres, las únicas flores que se apiadan de los que yacen allí, sin nadie que les Uore ni les rece, salvo la madre de Elmassouidl. Mohane- Mimoun que clavó la pequeña placa con su nombre en caracteres árabes y latinos, la única en ese huerto estéril. Juan es bajo y rechoncho, con la cara roja y los ojUlos achicados por el sol. No le inquieta que se tomen fotografías. Dice que en la parte de arriba de lá fosa enterró a 14 moros hace años y a otros cinco negros, muy negros, en la de abajo. Eran jóvenes, de entre 18 y 20 años. Salvo la de ése, nadie vino a preguntar por eUos. Sus familias deben estar todavía esperando noticias Nimca llegarán. Parece poca gente para tan espaciosa fosa común. Juan Gallardo tiene 64 años, le queda uno para la jubilación. Él sabe bien lo que son los padecimientos del emigrante, penando lejos de su tierra. Pasó 14 años como albañil en Alemania. Desde hace 14 es el enterrador en Tarifa No tiene muchos amigos. Y sabe que seguirá soltero hasta el final. Su vida ha sido el cemente- Sobre la mejilla de cemento, al fin, un nombre, en mayúsculas: ALLALTOUMI y PR 960 96 muerto el 19- 12- 96, o recuperado de las aguas ese día