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ABC DOMINGO 27- 8- 2000 CULTURA 37 Se han reunido más de 350 piezas: pinturas, manuscritos, esculturas, grabados, armaduras, dibujos o elementos de arte decorativo, entre las que destacan los retratos de Tiziano o el friso coloreado de 12 metros que refleja el entierro del Emperador Detalle de la talla de Berruguete El sacrificio de Isaac procedente del IVIuseo Nacional de Escultura de Valladolid Son pintores como Tiziano, anneros como Negroli o tapiceros como ÍPannemaker los encargados de figurar este proceso, el cual se corresponde en España con la introducción, muchas veces de manos de una nobleza, im funcionariado o unos militares al servicio de la política imperial, de las formas de Renacimiento. Éstas se concretan en el interés por el retrato, por la representación de las proporciones perfectas y armónicas del cuerpo htunano. o por la construcción perspectiva del espacio pictórico o escultórico. Todo eUo será posible verlo en Carolus a través de obras de Tiziano, Negroli, Gíulio Romano, además de obras de artistas españoles como Alonso Berruguete, Diego de Süoé o Felipe Vigarny. De todo lo dicho resulta claro que en Carolus la imagen artística y los problemas a eUa conexos constituyen su eje articulador y su argumento visual. Por eso no podía dejar de estar presente y adquirir el necesario protagonismo el conflicto artístico por excelencia del siglo XVr. el que opuso a católicos y protestantes en tomo a la legitimidad y características de la imagen sagrada. Un conflicto en el que el arte español jugó un papel decisivo y que constituye, sin duda, su gran contribución al siglo del Renaci- miento europeo. Una de las crujías del Museo de Santa Cruz se dedica a este conflicto oponiendo las imágenes religiosas protestantes y los retratos de Lutero a una selección de obras de arte y escritos de carácter católico. Los intentos de conciliación entre ambas tendencias fracasaron y el Saco de Roma (1527) en el que Carlos V retuvo prisionero al Papa Clemente Vil- -presente en la exposición a jxavés del magnífico retrato de Sebastiano del Piombó- -fue la mayor demostración de eUo. Por eso, al final de la exposición, jun- La muestra quiere abarcar no sólo el tema fascinante de la construcción de la imagen artística de Carlos V, sino también el de integrar este proceso en el de la invención y desarrollo del Renacimiento español to al conflicto carolino con los luteranos, derrotados en Mühlberg, se muestra la opción española por una imagen religiosa fuerte con magníficas obras de Juan de Juni, Luis de Morales o Juan de Juanes, que replican a las armaduras de la batalla antes mencionada, a los cuadros de Tiziano y Moro que Carlos llevó a Yuste o a la solemnidad de su procesión funeraria. La idea rectora de Carolus no es iconográfica ni meramente seguidora de xm hilo histórico: en la muestra, como decíamos al principio, se han tenido en cuenta las funciones formales y estéticas de la obra de arte, el equilibrio de géneros artísticos (estampas, pinturas, armaduras o tallas escultóricas) que responde lo más fielmente posible al ambiente visual del siglo XVI y uno de los fines esenciales del arte de esta época: el de servir de memoria y perpetuación de una imagen religiosa o de gloria mundana. Por eso la exposición concluye no sólo con el cortejó fúnebre de Carlos V en Bruselas y la imagen tizianesca del heredero Felipe II, sino también con ima selección de espléndidas medallas que en bronce preciosamente acunado conservan la memoria de Carlos V y su época. Fernando CHECA director del Museo del Prado