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ABC DOMINGO 27- 8- 2000 EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA FUNDADO EN 1903 POR DON TORCUATO LUCA DE TENA Con todos los respetos ÜIZÁS no haya una palabra más repetida ahora en los discursos públicos que la de respeto como no sea la de democracia y sus derivados; y ello es algo intranquilizador porque desde siglos es sabido que, cuando esto sucede, es que se nomtoa al ausente, lo ausente. Pero es al respeto en sí mismo al que quería referirme, aunque la palabra es invocada curiosamente, casi siempre en relación con lo que se supone ejercicio democrático, y, más en concreto, para pedir respeto por las propias opiniones en una especie de intercambio con el respeto a las opiniones ajenas; lo que mezcla un poco las cosas y revuelve churras con merinas. -El respeto, en efecto, tiene, en este caso, una vertiente radical e intocable, que es la persona humana, y otra vertiente funcional y variable, o según sean las opiniones; porque es más que obvio que todas las opi, niones no son respetables; y las hay incluso que son perfectamente idiotas, y otras perfectamente criminales. Aunque el imbécil y el criminal, en tanto, que personas, tienen que ser respetados; lo que no quiere decir, como es lógico, que en el primer caso editemos sus obras completas, y en el segimdo le pongamos un megáfono o. le hagamos una estatua, en vez de pedirle cuentas. Pero lo que iba a decir era que el respeto es una delicadísima realidad que a la civilización ha costado siglos, y trabajos ímprobos, producir, y que ha estado muchas veces, y sigue estando, en trance de perecer, por la sencUla razón de las laceraciones y golpes recibidos, o a cuenta de la irrisión y la befa con que los bárbaros siempre la han rodeado. Pero también porque es en sí dificü. Pudiéramos insinuar que el respeto es como el estado de admiración que nos produce la presencia del otro, de un ser humano, que irrumpe en nuestra- vida; o ima especie de cuidado y escrúpulo que nos impide rozar siquiera el territorio espiritual del otro, y a él el nuestro, porque somos personas simplemente, y eso es, como digo, lo que nos produce admiración, atención y cuidado; e incluso, actitud de homenaje. En el plano social y público, la cortesía ha sido el gran hallazgo civilizado en que, mediante los signos del vestido, las palabras y los gestos, présérvEunos nuestro yo en su señorío y su fragUidad, y hacemos lo mismo con el otro. Y eUo es ima cuestión de formas, desde luego, pero la civilidad o civilización, como la literatura, son formas. Si éstas se descomponen, aparecemos los hombres inmediatamente en nuestra desnudez neandertalense, incluso si es de modo digamos menor como cuando se nos dice: Voy a hablarle a usted muy claro o A mi no me duelen prendas lo que viene detrás de ordinario es una barbarie pura y simple, o siempre algo que nos hiere. Indudablemente, ha habido tiempos en que las formas de cortesía eran barrocas y pesadas, pero antes de criticarlas, o de sonreírnos por lo que tenían de aparatosas, seguramente debemos pensar en cuánto más, bestias hubieran resultado aquellos tiempos sin esas domas y dulcificaciones eií el trato, y en cuánto envilecimiento se hubiera caído, o se puede caer ahora mismo sin otras civiles maneras. Y el menosprecio o la liquidación de éstas no es precisamente lo mejor que podría ocurrimos. Los tuteos, compadrazgos y descamisamirar a los hombres de tal modo que su sola humanidad nos produzca admiración, como decía. Como, por ejemplo, ha mirado a sus personajes Louis Le Natn, cuando pintó sus cuadros, Lafamilia decampesinos en un interior, pongamos por caso, que es de 1643. Se trata de una instantánea de una familia campesina pobre- no llevan zapatos que en el tiempo eran verdaderamente un artículo de lujo, y su vestido es hirniüde- y se encuentra en un ámbito tranquilo. Acaban de comer y escuchan a uno de los hijos de la familia tocar la flauta. Hoy, que creemos tener las más altas preocupaciones sociales, diríamos que no es un cuadro realista, sencillamente porque no hay en él sucie. dad, pero sobre todo porque estas gentes tienen una profunda dignidad y a nuestra ortodoxia del día le resulta incomprensible que los pobres tengan dignidad, e inadmisible que estos rostros nos revelen un ánima tan llena, compleja y profimda. Jacques Du- pont y Franpois Mattey comentan: Esta comida de campesinos no es otra cosa que la transposición familiar la Cena o de los Peregrinos de Emaús, tan religiosa es la atmósfera y bien puede ser así; pero ¿de dónde sacaron los pintores de estas escenas bíblicas, la dignidad de. sus personajes y su ámbito espiritual, sino de hombres, deVcar- ne y hueso, mirados cóiiió los Hombres deben ser mirados? Los mencionados críticos concluyen diciendo: La realidad está en e l alma, y en ciertas almas simples y milagrosas, esa realidad se llcuna poesía pero debe llamarse respeto la mirada precisa para í; ver así a los hombres. ¿Es el respeto algo propio de los antiguos, como del sentido de la libertad creen gentes tan dispares como j Chateubriknd y Hanna Arendt? T Dietrich Bonhoeffer, el Pastor luterano alemán ahorcado por Hitler, y cuyas cartas desde la cárcel constituyen una herencia espiritualmente importante, escribió en la Navidad de 1942, que nos encontramos en medio de un proceso de aplebeyamiento de. toda las capas sociales, y al mismo tiempo asistimos al momento de una actitud noble que une entre sí a im círculo de personas de todos losestratos sociales anteriores. La nobleza nace y se mantiene mediante sacrificios, mediante el vcdor y tm, cleiro conocimiento de lo que uno se debe a sí mismo y a los demás; mediante la exigencia natural del respeto que corresponde a la persona hvmiana, y la salvaguarda igualmente natural del respeto debido tanto a los superiores, como a los inferiores Para liquidar todo respeto- y sobre todo hacia los inferiores, que es el refinamiento de la ínás alta civüidad, pero también de la mayor estatura de vtn ánima- se inventó Ig, hipocresía del igualitarismo; aunque no en los dineros, ciertamente, y la liquidación dé los respetos. Y quizás, o sin quizás, por aquí andamos. J O S É JIMÉNEZ LOZANO La nobleza nace y se mantiene mediante sacrificios, mediante el valor mientos han hecho no poco para la conversión de los hombres- especialmente los más débUes y desasistidos- primero en puros números, y, luego, en mero ganado útil; exactamente como ninguna lucha política o ideológica ha hecho por la democracia lo que la ducha, el baño, el jabón y los dentífricos hicieron. Acabaron en im santiamén con las despectivas fórmulas de la maloliente plebe y bocas podridas de los tiempos antiguos. Y ni siquiera la señoritü preferencia de hoy por disfrazarse con ropas caras, pero imitando a las pobres ropas o humildes telas de los antiguos desharrapados o miserables, o los atuendos pseudodeportivos, engañan a nadie respecto a las fraternidades revolucionarismos y democratismos o el estado deportivo continuo, que se supone carácter del pueblo así cacareados. Pero lo del respeto implica, por encima y más allá de todas esas externidades, una mirada y ima cierta consideración del hombre, claro está. Es decir, la capacidad de j 4 k ALARMA PISO- NEGOCIO CHALET Ultima Tecnología ISINCABIES Vía Radio SIN OBRAS PTikS. DIA 366 366 Escritor