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r 70 t VIERNES 25- 8- 2000 ABC gente de verano Instantáneas Danza sobre el agua a próxima celebración de los Juegos Olímpicos de 2000 han convertido a Sidney en ima ciudad plena de actividad. Aprovechando el tirón que supone ser elegida sede de los juegos, estos días se celebra en el Teatro de Su Majestad de la capital australiana un Festival de Arte en el que compañías de todo el mundo exhiben lo mejor y más innovador de su repertorio. Ayer, el coreógrafo chino Lin Hwaii- min y su. compañía, la Cloud Gate presentaron im espectáculo de gran belleza y originalidad que conjugaba las tradiciones, los mitos y el folclore asiáticos con el tai- chi, la ópera china y el baile moderno. Tres mil litros de agua fueron esparcidos por el gigantesco escenario para crear un sorprendente efecto en el que los movimientos lentos y pausados de doce bailarines quedaban reflejados en im particular espejo mientras, al fondo, la música de Bach marcaba el ritmo L Un menú olímpico con camello y cocodrilo Los preparativos para la gran cita olímpica siguen a pasos agigantados. Mientras artistas aborígenes como el de la imagen continúan dando el toque exótico a los restaurantes e instalaciones con sus pinturas, los cocineros que prepararán los menús para deportistas y periodistas parecen dispuestos a dar a conocer las delicias más autóctonas. Los españoles que acudan a la cita olímpica tendrán que sustituir el sabor del jamón y la tortUla por guisos de camello, cocodrilo, emú, búfalo y canguro. Seguro qué a más de imo se le quita el hambre 1 j Récord de vértigo Hay personas que parecen no sentir ningún reparo a la hora de poner en riesgo su vida, y ese puede ser el caso de Jay Cochrane, quien no duda en desafiar a las alturas en favor del espectáculo. El denominado príncipe del aire es un experto en el arte de desplazarse de un edificio a otro por un trapecio situado a cientos de pies de altura. Ayer trató de batir el record mvindial de la especialidad en Tampa (Florida) que él mismo posee, ante la atenta de mirada de muchos curiosos que no quisieron perderse su proeza