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ABC VIERNES 2 5- 8- 2 0 0 0 69 gente de verano i Cuaderno de estío ÍM í. á; í t. T Sintonizando El Ojo Crítico en Radio Nacional NACIONAL 3 4 0 (ENTRE TARIFA Y VEJER DE LA FRONTERA) Fotos; Corina Arranz OS recuerdos brotan como anillos de un planeta sin nombre, encadenándose como las olas. Buscamos una emisora en la noche de este verano del año 2000 y la memoria da un salto mortal. Llovía contra la montaña oscura y la carretera que serpenteaba camino de Lugo. Er coche no era más que ima tienda de campaña contra la intemperie. Una casa móvil con su salpicadero ütmiinado, su pequeño fuego virtual para calentar las manos del que viaja a través de la oscuridad. De noche, los automóviles parecen barcos: en vez del verde babor, rojo estribor, su código de señales reza: blanco a proa, rojo a popa. Hileras de penitentes en las noches de verano, almas en pena en las de invierno. Acababan de concederle el premio Nobel de Literatura a una perfecta desconocida, una poeta polaca Uamada Wyslawa Szymborska, y como siempre entre las diez y las once de ía noche la emisora del coche sintonizaba Radio Nacional de España. Modesta Cruz, con su voz de sentarse a comer castañas y leer xm. cuento en voz alta a orillas del Miño, conducía El Ojo Crítico a través de la penvunbra. Hasta las montañas de Lugo batidas por la lluvia Uegó un poema recitado, tal vez por Juan Carlos Soriano, que la Szymborska había dedicado a un niño Uamado Adolfo Hitler. Y los tres que atravesábamos en ese coche la noche de Galicia, incluida una niña pequeña, nos estremecimos. La escritora había logrado que sintiéramos el peligro, la sombra de una futura amenaza, después de cruzar todos los bosques, carreteras, tendidos eléctricos, ríos y lagos entre Polonia y L I N- IV E Puerto de Santa Mai; ía O Jerez de códiz Vejer de Q f Urontera Océano Atlántico V Mediterráneo í geeiras j Ceuta I Sibraltar Tarifa España, entre dos idiomas tan distantes. Wyslawa Szymborska, que tal vez se asome al mimdo desde la cocina de su casa, había entrado en nuestra memoria para siempre gracias a una estación de radio, a un programa que lleva años desmintiendo que no haya nada que hacer, que esté todo perdido. A Ryszard Kapuscinski, otro polaco, no le gusta alardear de nada, pero si hay una luz encendida en el periodismo de nuestro tiempo, esta era de degradación de las palabras, que han dejado de decir lo que decían, es la de la mesa del autor de El emperador El Sha e Imperio Kapuscinski, que hace años que trabaja por libre, lejos de los circuitos principales de los medios de comimicación de masas, buscando palabras entre la gente que sufre el peso de la historia y nimca tiene la oportimidad de contarlo, lo acaba de decir: Los medios han difundido la consigna: la lucha no da resultados. Los pobres mueren sin ni siquiera saber lo que es la lucha. Des- de niños ya aprenden a adaptarse: es el único medio para sobrevivir Parece como si muchos canallas se hubieran puesto de acuerdo para propagar la misma especie. Canallas es una palabra muy fuerte, una de esas palabras que escritas con tinta negra sobre papel blanco parecen quemar como quema VOÍ hierro el lomo de una res. Y alguien puede resultar lastimado si se da por aludido. Sobre todo ahora que las audiencias, los públicos, los seres se vuelcan ante el espectáculo de su propia consumación y los periodistas hemos perdido agallas, norte, siu pimtos cardinales, sangre con la que hacer morder el polvo a la derrota. La derrota parece dulce e inevitable, mientras entretenemos la espera de la muerte con grandes dosis de fútbol, miserias propias y ajenas, variedades, asuntos de corazones que no alumbran nada. En medio de tanta oscuridad, El Ojo Crítico xma isla en medio de la infinidad de programas y emisoras que saturan de ruido el espacio sonoro. sufre cada semana el desplazamiento obligado por otros acontecimien- jj tos casi siempre entroncados con el fútbol. La implacable dictadm- a de la audiencia. ¿Es ésta la consigna, entonces: Abandona toda esperanza, la lucha no da resultados? A plena luz, desde la Nacional 340 que copia la costa de Cádiz, entre Tarifa y Vejér de la Frontera, la silueta de África se despliega mientras corremos con rumbo Oeste, rumbo perdido. Desde la costa de Cádiz, im catalejo busca luces de Tánger, luces de África bailando en la oscuridad. En plena noche, cuEtndo la luna se esconde, en estas playas desembarcan olea- das de inmigrantes que vienen desar- mados, sin fusiles de asalto, sin pertrechos, a veces con recién nacidos o a punto de nacer y que se juegan la vida en pateras de fortuna para ganar esta lengua sur de Europa. Acaba El Ojo Crítico llegan las noticias, el Kiursk no sale a flote, ETA inata sin cesar, arde im bosque. Rvmibo Oeste, rumbo perdido, Tom Waits y Manu Chao cantan en la oscuridad. Alfonso ARMADA e