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ABC VIERNES 25- 8- 2000 EDITADO P O R PRENSA ESPAÑOLA SOCIEDAD ANÓNIMA FUNDADO EN 1903 POR DON TORCUATO LuCA DE T E N A Los pueblos ESDE finales del primer cuarto de este siglo, se va produciendo una triste de: cadencia de los pueblos de España, que contemplan, poco a poco, una emigración hacia zonas industrializadas, donde las posibilidades de una vida más próspera y fácil parecen esperar a los campesinos que habitan en los pueblos, caseríos y cortijos. Esto no se produce de golpe pero va sucediendo poco a poco. Es el sino desventurado de los pueblos. Empero, los pueblos han sido también im lugar de süencio y meditación donde vivían gentes Uetradas pero Uenas de ima sabiduría popular inefable y profunda. Gentes como aquel Miguel León VaUeciUo, huertano de Lebrija, que nos describe Joaquín Romero Murube. Miguel León no sabe leer ni escribir. Es un hombre menudo, paticojo a consecuencia de una caída de caballo que le aconteció cuando servía al Rey en la última guerra de Cuba. Tiene los pómulos hundidos por falta de huesos en las encías y como no se afeita más que los sábados, y es muy recio de barba, ima sombra oscura renegrida encuadra su cara con cierta dureza, aimque esto sólo en apariencia, porque él es de ánimo apacible muy dado a cavilaciones cuasi metafísicas. Sabe mucho de la vida, según propia confesión. -Yo sé mucho de la vida- suele decir- y no se mete en más explicaciones. Con estas consideraciones intento reflejar la fisonomía humana de aquellos pueblos que si bien han perdido o van perdiendo mucho, en el aspecto material, de su caserío y de su paisaje; han perdido, yo creo que del todo, su fisonomía humana. Pero ahora vamos con el aspecto físico de los pueblos con su caserío y paisaje como elementos cardinales de lo que ahora Uamamos ecología humana. Muchos aspecr tos de la cultiura de estas vUlas o pueblos españoles tenían im sentido tradicional, mantenido bajo un orden moral y transmitido por una tradición oral. Un aspecto de esta cultura no despreciable, antes bien muy destacado, fue el de la arquitectura que como lenguaje expresivo de un pueblo es tan importante como el romancero, el baile y la música populares. Toda esta arquitectxu- a se produce desde la misma entraña que otros aspectos del alma popular. Son, como dice Manuel Bartolomé Cossío, los últimos y más hondos elementos, aquellos datos primitivos del alma dé la multütud, que por esto se Uaman naturales Toda esta arquitectura típica regional no era producto de una cultura erudita y menos libresca; era, por el contrario, consecuencia de una actividad empírica basada en la razón natural. Como ha dicho Torres Balbás: El pueblo construye todo empíricamente trabajando directamente el material, sin corrección posible, sin plano, sin premeditación de concepto D La razón natural hace que esta arquitectura quede profundamente unida al clima y al paisaje como un verdadero precipitado geográfico. Leoncio Urabayen, que estudió la arquitectura popular navarra, la considera resultado de una transformación en la que el suelo proporciona la primera materia, el hombre la actividad transformadora, y la necesidad el motor que pone en contacto ambos elementos. Suelo, costumbres y necesidad significaban la dependencia inmediata del medio, Pero hay regiones, y nos da pena decirlo, como Castilla, que han caído en un marasmo cultural verdaderamente penoso que era monarca absoluto antes de que la incidencia de la sociedad urbana, con su cultura abstracta y libresca, incidiera avasalladoramente en el medio rural, desarticulándolo totalmente. Esto es lo que ha movido a un grupo de personas profundamente preocupadas por el deterioro que sufren los pueblos de España en casi todas las regiones, a tomar el acuerdo de constituir una Liga para la defensa de los pueblos españoles. La razón es que estos pueblos suponen un patrimonio de los más importantes de los que definen la historia, el espíritu, el carácter y la personalidad de nuestro país. Estos pueblos están amenazados por el bajo nivel cultural en el que se han movido en los últimos años. También por la falta o l p 4 i Vio Radio ALARMA PISO- NEGOCIO- CHALET Uhima Tecnología iSÍÑCMÑÍS SIN OBRAS PTAS. DIA i de leyes que coordinen su desarrollo y crecimiento, dejados a las luchas de intereses y a una planificación municipal muy escasa y no bien dirigida. Todo hace que vayan cayendo, poco a poco, en un caos verdaderamente detestable. En años relativamente próximos se declararon algunos pueblos, o conjuntos moniunentales dentro de ellos, como Conjuntos Histórico- Artísticos, defendidos por unas disposiciones concretas, pero esto era poca cosa, pues la clasificación de los conjvmtos urbanos defendidos alcanzaba sólo a poco más de un centenar, y la inmensa suma de pueblos españoles interesantes es infinitamente mayor. En general, tanto a las instituciones gubernamentales centrales o a las autonómicas, y por supuesto a las municipales, no interesa este problema, e incluso consideran que todo aquello que coarte la libertad de desarrollo es perjudicial para el prograso de los pueblos, cuando en realidad la cultura y nivel de los mismos puede medirse por el más armónico desenvolvimiento que puedan alcanzar. Se habla mucho en nuestros días de la calidad de vida, y se repara muy poco en que esa calidad depende naturalmente de la belleza, carácter, personalidad y desarrollo armónico de aquellos pueblos, por modestos que sean, que nos legaron nuestros mayores y que no hemos sabido hacerlos prosperar dentro de la armonía y conservación de sus valores. El vivir en un pueblo o en una pequeña viUa destartalada, de una arquitectura sin raíces propias, viendo cómo decaen sus monumentos y viejas casonas, como se alteran los volúmenes edificados y cómo se olvida la integración en el paisaje, es de por sí algo que atenta fundamentalmente a la calidad de vida. Vivir en cambio en un pueblo ordenado, armónico, conservador de sus tradiciones y formas arquitectónicas, supone el gozar de una calidad de vida verdaderamente importante y que por desgracia vamos perdiendo poco a poco. La prueba de lo que decimos es que en las diversas regiones españolas la situación de sus pueblos no es la misma ni paralela y que en regiones de un nivel cultural más elevado estos daños son indudablemente menores. Pero hay regiones, y nos da pena decirlo, como Castilla, que han caído en un marasmo cultural verdaderamente penoso, como lo revelan pueblos que fueron antes, por su iniportancia y belleza, dignos de la más alta condición entre los pueblos españoles y que hoy son triste recuerdo de lo que fueron. ¿Logrará con su entusiasmo la Liga conseguir sus propósitos? Dependerá de la acogida que obtenga de la sociedad española y de los apoyos que ésta le preste. FERNANDO CHUECA GOITIA 366 366 de la Real Academia de la Historia