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ABC MARTES 15- 8- 2000 INTERNACIONAL 23 Clinton se despide, se justifica y se ensalza ante un Partido Demócrata más moderado que nunca Con un emocional tono a lo Ronald Reagan, enumera los logros de su mandato El cónclave del Partido Demócrata en Los Ángeles mira hacia Washington con el anhelo de controlar la Casa Blanca cuatro años más. Pero Bill Clinton, pese a que le quedan aún cinco meses de mandato, se ha despedido de sus seguidores al estilo de un antecesor archi- republicano que en el colmo de las ironías le ha servido de inspiración desde antes de llegar al Despacho Oval: Ronald Reagan. El otro viaje hacia el centro político LOS ANGELES. P R LOS ANGELES. Pedro Rodríguez, enviado especial una hora en coche desde el estadio de los Lakers transformado en teatro político- -acelerando por el masivo laberinto de autopistas que cubren el sur de California- -se llega a la localidad de Simi Valley. En lo alto de una montaña con espectaculares vistas que tanto recuerdan al sur de España, se encuentra la biblioteca- -museo en honor del gran comunicador En los últimos meses, la leyenda de Simi VaUey ha sido una referencia obligada para los demócratas pese a representar su más poderosa antítesis ideológica. Según confirman los bibliotecarios de este templo seglar dedicado a la memoria de Reagan, los asesores de Gore y Clinton han buceado por estos archivos en busca de inspiración para la difícil transición interna que tiene por delante el Partido Demócrata. Como la figura sagrada del conservadiirismo norteamericano, hoy víctima del alzheimer, Clinton es un presidente con dos mandatos, altos índices de aprobación popular y ganas de consolidar su legado con la elección de un segundo poco apreciado por la opinión publica. Dentro de este descarado préstamo de eslóganes, escenarios, maneras, actos teatrales y hasta estrategia electoral, Büí Clinton ha utilizado ayer un emocional tono reaganiano para enimierar los logros de su mandato. Obviando que es el único presidente electo sometido a ün proceso de impeachment en toda la historia de Estados Unidos y que su frase más recordada es: Ño he tenido relaciones sexuales con esa mujer, la señorita Lewinsky Exactamente igual a lo que Ronald Reagan argumentaba en 1980 para deshancar a Jimmy Cárter, Clinton ha venido a plantear ante el electorado norteamericano la pregunta del mUlón de votos: ¿Están ustedes mejor o peor que hace ocho años? Planteamiento obligado ante una economía que acumula una prosperidad A Los Clinton, en plena escenificación en vísperas de la nominación demócrata sin precedentes, pleno empleo virtual, inflación controlada, productividad multiplicada, expansión tecnológica y, por supuesto, tma formidable creación de multimillonarios. Con sus incuestionables dotes de orador y carisma electoral, Clinton ha utUizado su discurso para desmontar el alegato de tanta oportunidad desperdiciada principal reproche de ccunpaña lanzado por los republicanos desde su convención en Filadelfla. El presidente ha utilizado sus triimfales estadísticas macroeconómicas para borrar la amnesia conservadora sobre la dura situación económica que sufría EE. UU. cuando los demócratas llegaron a la Casa Blanca en 1992. Para üustrar este mensaje de prosperidad para todos, los organizadores del show demócrata han salpicado el primer día con el testimonio de gente real que ha dado un giro a su vida gracias a la prosperidad asociada con el clintonismo un tetrapléjico que puede vivir con dignidad con prestaciones públicas o una pobre señora de Füadelfia que de una subvención federal ha podido lanzar una empresa de limpiezas que ahora ofrece empleo a 25 personas. Clinton ha tenido también que hacer sitio en su esperada y emocional despedida ante los 5.500 delegados demócratas reimidos en Los Ángeles para ensalzar la problemática candidatura de Al Gore. Ha sido im fascinante ejercicio de equilibrismo político ya que en la misma hora utilizada para ponerse por las nubes, el presidente ha reconocido la decisiva ayuda que le ha prestado su segimdo durante los últimos ocho años. Según ha proclamado el orgulloso Clinton, Al Gore le puede suceder en la Casa Blanca si la maquinaria demócrata trabaja todos los días sin descanso hasta la cita electoral del 7 de noviembre. Y tampoco estaría mal que como posdata de su Presidencia, HUlary Clinton consiguiera su deseado escaño en el Senado. EL PAPEL DE HILLARY Asegurando que la saga Clinton en la política de EE. UU. no acabará en enero, la primera dama también ha intervenido a hora de máxima audiencia para defender su candidatura e, inexplicablemente, declararse muy orgiülosa de su esposo a pesar de todas las humillaciones públicas. Además de justificar sus propias aspiraciones políticas, Hillary Clinton ha defendido visiblemente la candidatura de Al Gore pese a las especulaciones en tomo al malestar del vicepresidente porque la primera dama le estaría restando parte de la atención y el dinero que desesperadamente necesita para ser el número imo. El centro es sin duda el territorio más codiciado en las grandes ligas de la política norteamericana. Tras la declaración aperturista y moderada realizada por los republicanos en Filadelfia, los demócratas no quieren perder esta batalla en Los Ángeles. Las 20.000 palabras de su proyecto de plataforma gira en tomo a las tres P Prosperidad, Progreso y Paz. Y asume perfectamente el nuevo ideario demócrata impulsado por Clinton que supo limar a su partido de tentaciones más izquierdistas y una ilimitada fe en el sector público al estilo del New Deal El énfasis en prosperidad de los demócratas significa una mezcla de disciplina fiscal y protección del gasto social. En términos de progreso, el partido ofrece ima mínima reducción de impuestos pero a cambio promete más inversiones sanitarias, más protección ecológica y más dinero para mantener la criminalidad a raya. En términos de paz internacional, la plataforma insiste en una amplia reforma del Pentágono con más dinero y im sistema limitado de defensa antimisiles que noprovoque otra carrera de armas. En este esfuerzo por alcanzar votantes en el medio pero sin entrar en el tradicional laissez- faire de los republicanos, el programa de gobierno que los demócratas adoptarán hoy exige más calidad al sistema de educación publica pero con más dinero del Gobierno federal. También postula estrictos controles en las fronteras, sí al aborto y la pena de muerte, más libre comercio y nada de experimentos privados con las pensiones de la Segiu- idad Social. Como reconocía ayer Al From, presidente del Consejo de Liderazgo Demócrata, no podemos permitir que George W. Bush se apodere del centro y nos robe las ideas. Hemos hecho un progreso ideológico increíble pero nada dura para siempre. Y si no seguimos siendo un partido dinámico, progresista, que mira hacia el futuro y se basa en ideas, estaremos cediendo el centro vital a nuestros contrincantes, como eUos lo perdieron en 1992