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ABC MARTES 15- 8- 2000 OPINIÓN U BREVERÍA Alfredo Goyeneche Objetivo Sidney A falta de un mes para los Juegos Olímpicos de Sidney, los deportistas españoles afrontan la recta final de su preparación con la ilusión de ratificar el éxito alcanzado en Barcelona y después en Atlanta. El deporte español atraviesa una de sus más gloriosas etapas, fruto de la planificación y de una manera globalmente distinta de concebir el deporte desde la más estricta profesionalización. Barcelona marcó el punto de partida de una época dorada que aún perdura y que no es sino la consecuencia última de una política radicalmente diferente de enfrentarse a la más alta competición desde el rigor y el análisis de las posibilidades reales de triunfo. Alrededor de 335 deportistas representarán a España en Australia, una cifra que supone ya un éxito incuestionable teniendo en cuenta que la participación en imos Juegos es cada vez más difícil por la feroz competencia. Salvo en Barcelona, donde la presencia estaba asegurada, nunca antes España participó en una cita olímpica con un número tan elevado de atletas. Las previsiones del COE, que preside Alfredo Goyeneche, se mueven en torno a las diecisiete medallas, un botín simüar al logrado en Atlanta que, de hacerse realidad, coiiíirmarían el excelente nivel del deporte español. En medio de la polémica por la decisión cubana de no permitir que Niurka Montalvo forme parte del equipo nacional, ima medida caprichosa y absiirda, España mira a Sidney con la confianza del trabajo realizado en estos últimos cuatro años. Lejos de entregarnos a un desmesurado optimismo, que suele terminar en decepción, sería más útU calibrar con objetividad y rigor las posibilidades de nuestros deportistas. Las diecisiete medallas que el COI se ha puesto como meta parecen al alcance del equipo español. No son ima utopía ni una quimera y responden a un análisis prudente. A un mes vista, se impone la mesura, aunque la estrategia y planificación realizada estos últimos años invite a soñar con revalidar los éxitos logrados en Barcelona y Atlanta. gLRQ TC) Habas a) K a g E llegan noticias mediterráneas. Calor y mar azul, casi Caribe en las prodigiosas calas baleares. Recuerdos luminosos e inolvidables de Formentor. Mallorca en alza y Marbella abarrotada. Los grandes atascos agrian a los naturales y veraneantes. Pero no sólo los de tierra, asfaltó y carretera. Son peores los de la mar. Me dicen que se nota que España va bien porque todo quisque tiene un barco, y no caben tantos en el sabio y caprichoso Mare Nostrum. Me viene a la memoria ima travesía cumplida entre Lisboa y Puerto Rico. Nueve días de navegación y sólo im barco avistado en la inmensidad del Atlántico. Un mercante ruso que apimtaba con su proa a Cádiz. Antonio Burgos, que me acompañaba en aquellas soledades con olor a habanera, tuvo un arranque de nostalgia. -Qué suerte, pasado mañana en Caí El mar no tiene barcos, se los ponen encima, y de cuando en cuando el océano se venga y, de un golpe, se los traga. Pero en determinados pimtos de las costas ponen demasiados barcos y se arman unos guirigays que son la órdiga. Me dicen que en EspaUmador, la lengua blanca y verde que navega entre Ibiza y Formentera, fondean cada tarde más de mil embarcaciones. Que sus aguas, azules de todos los azules, desde el cobalto hasta el cielo, huelen a alcantarilla. Allí arriban los grandes barcos de los nuevos ricos. En proa, los marineros dispuestos a la maniobra de tirar el ancla. En popa, bajo una inmensa pamela, la generosa propietaria. El capitán eligiendo el mejor socaire y, de repente, la voz de la dueña que suelta la frase menos marinera del mimdo: Capitán, antes de M ALFONSO USSÍA Atasco Desde el Cantábrico, abrazo al Mediterráneo de los atascos. Aquí, el mar o la mar, se siente más libre echar el ancla cerciórese de que no haya buzos en el fondo En el Cuaderno de Bitácora del Giralda a puño y letra de Don Jüán, se resumía otro comentario frontalmente opuesto a la terminología de la mar. Un invitado había sido rociado de agua mientras se afeitaba: Señor, dígales a los empleados que cuando laven la terraza lo hagan con cuidado, porque me han tirado todo el agua por la ventana de mi dormitorio El mar, como la sierra, requiere de la soledad. Cuando El Picoco acudió a su primera y última montería, sintió la soledad de las solanas y las umbrías. Se hirió en ima mano con ima rama, atravesó con el pincho de una pata de su sUla campera la bota de vino. Le entró xm cochino en el puesto y le dio im susto de muerte. Fue entonces cuando alzó los brazos, se plantó en plena sierra y gritó: ¡Taxi! Las sierras para los cazadores y los mares para los marinos. Pero no. Todo el mundo tiene barco y los atascos. en las calas y los puertos deportivos se suceden. ¿Se figuran xm coto de caza con diez mü ignorantes armados de carísimos rifles? En Puerto PortaUs o en Banús atracan los mejores barcos del Mediterráneo. AHÍ, los visitantes veraniegos, los marineros efímeros, hablan con gran desparpajo de la mar y sus misterios, como si fueran asiduos clientes de La Taberna de los Vientos de Vázquez Figueroa. Mañana no podemos navegar porque se me ha fastidiado el torrotito Entonces nace la pregunta del ignorante. ¿Y has llamado ya al urólogo? El Mediterráneo, mar de la sabiduría, de la cultura y del comercio, separa a Europa y África desde el angosto paso del Estrecho de Gibraltar. En aquellos rumbos tan claros como perdidos, se disputan sus aguas los enormes mercantes, los barcos de recreo, las patrulleras de la Armada y la Guardia Civil y las pateras inmundas de los desesperados. Espumas de quillas gozosas y dolorosas. Y no hay noche que pase sin el susto o lá tragedia. Claro, que la mar es de todos y a nadie se le puede prohibir que la use para el trabajo, el gozo o como camino hacia el futuro. Pero a im paso estamos de instalar semáforos. ¿Cuántas embarcaciones se reúnen en el litoral mediterráneo español en cada agosto? Si supiéramos la cifra aproximada quedaríamos paralizados del aisombro. Mar de atascos, de baños, de- navegaciones, de velas izadas, motos de agua, planchas de surf de pesca antigua y nuevas y atiborradas pateras. Mar beUisimo y cambiante, nunca desnudo, jamás a la vista sin barco que lo navegue. Mar, defmitivamente, invadido. Desde el Cantábrico, abrazo al Mediterráneo de los atascos. Aquí, el mar o la mar, se siente más libre.