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ABC MARTES 15- 8- 2000 EDITADO POR PRENSA ESPAÑOLA FUNDADO EN 1903 SOCIEDAD ANÓNIMA POR DON T 0 RCUATO LUCA DE T E N A Bendita Señora N este tiempo jubilar van a cumplirse los cincuenta años de la definición dogmática de la Asunción de la santísima Virgen María en cuerpo y alma al cielo. La Inmaculada Concepción de la siempre Virgen María, completado el tiempo de su vida en la tierra, fue elevada al cielo en cuerpo y alma. Así lo declaraba el papa Pío Xn. Dogma de fe solemnemente definido y alegría inmensa para todo el pueblo cristiano que contempla a la Virgen María como la mujer más santa, la madre amantísimá, la intercesora constante, el modelo permanente a imitar. Los días y las gentes están en la mente y en el corazón de Dios. Y el creyente mira a su Dios y aprende de Él y aprende a saber de los tiempos y de la historia. Sólo Dios permanece, porque Él es la razón y el fundamento de todo cuanto existe. Lo contingente y tornadizo no tiene más consistencia que la que recibe del Señor y Creador de todas las cosas. Pero, en la historia, en el tiempo, ha tenido lugar el acontecimiento más admirable: la encarnación del Verbo de Dios de las entrañas purísimas de María. Y, desde ese momento, la creación vuelve a sentir su vocación de eternidad. Pues todo ha sido creado por Él y para Él, Jesucristo. Junto a Cristo, siempre María. La mujer Uena de fe y la madre que acoge, que cuida y ofrece. Tuvo que ser maestra, siendo la mejor discípula. Nadie como ella creyó nunca en Dios. Aunque lo tenía en sus manos y delante de sus ojos, no fueron los sentidos los que se lo descubrieron, sino el amor. Es que la fe sabe más de amores que de sentidos. La fe, aunque sencilla y humilde, es la gran fuerza que revoluciona al mundo. Se repite, con increíble osadía intelectual, que las religiones, todas las religiones, están en crisis, casi en la recta final de su existencia. Algunos datos, muy reducidos y con un simple valor estadístico acerca de cierto tipo de práctica religiosa, se extrapolan y generalizan. Junto a esa proclamación de crisis de las religiones, se percibe un retorno, a veces espectacular, de expresiones religiosas multitudinarias y de prácticas un tanto obsoletas y arcaicas, pseudorreligiosas, rayando en lo mágico y en la superstición. Se busca lo sagrado, pero no siempre se siguen los más adecuados y certeros caminos. Incluso, se busca a Dios en una religión sin Dios, sin Cristo, sin Iglesia. Un extraño sincretismo con lo religioso al fondo, nadando entre el agnosticismo y la indiferencia, lo que hace sospechar que se camina en busca de una equívoca terapia sustitucionista. Más que rechazar a Dios, se prefiere soslayar su presencia. No encontrase con Él, pues responsabiliza mucho, compromete la conciencia y la vida. Hay no creyentes que se empeñan en ver, todo lo que se refiere a Dios y a la fe, como un reducto fósil del pasado, y que es fácil sustituirlo por un interés ecológico y por una creación sin Creador. La conversación sobre el tema religioso no interesa en medios intelectuales. Cuanto a la fe se refiera, ha de considerarse asunto privado y, desde luego, algo obsoleto y caduco. No deja de sorprender tal actitud en ambientes y entre gentes que se autoproclaman y conceden a sí mismos el E título de progresistas. Se utiliza, en cambio, lo religioso para la presunción y el negocio. Creen que es buena nota de modernidad el denostar, el hacer mofa de cuanto atañe al misterio santo, a la fe, a las creencias. Si algo de lo religioso está vigente, aseguran que es residuo de una cultura a punto de desaparecer y que no tiene más partidarios que. los credulones, los ignorantes y los fácUmente engañados por un clero interesado. Con todos estos ingredientes no es difícü montar la farsa y provocar la risa. La inteligencia y lá ética recomendarían otros argumentos y otros escenarios. Al que no cree, no lo tengas por maestro de la fe. Con palabras sencillas se expresan los misterios más grandes. Así ocurrió en María, la Virgen Madre del Señor La religión no es cosa propia de simples e iletrados. Es para todos, aunque se exige buena dosis de sencillez y de honestidad intelectual para poder comprender ima sabiduría que tiene sus fuentes peculiares de conocimiento. Hay que dejarse llevar para poder aUí gustar de una luz nueva y distinta. Que de todo necesita una inteligencia abierta a la verdad. Y si de cosas y misterios de fe hablamos, difícil será el comprender, si no se aceptan las reglas de un conocimiento que va mucho más aUá de lo que se vislumbra en el horizonte de lo meramente tangible. Desde su fundación, la Iglesia sabe mucho de las vicisitudes de la historia y, aunque vive en ella, conoce muy bien que su carta de navegación es el evangelio y la fuerza que Uena sus velas es la gracia del Espíritu. No se mueve por reacciones sino por convencimientos, aunque tenga que es- tar atenta a las cuestiones que plantea el mundo y los hombres para dar la respuesta desde la fe. Ante las dificultades, no se refugia en sí misma, sino que toma nuevo impulso su verdadera e imprescindible vocación: evangelizar, que es poner el misterio de Cristo en las realidades humanas. Con palabras sencillas se expresan los misterios más grandes. Así ocurrió en María, la Virgen Madre del Señor. Terminados sus días en la tierra. Dios se la llevó al cielo. Y nos parece tan lógico y adecuado que así fuera. Se trataba de su Madre. ¿Qué no hubiera hecho por EUa? Era su Pastor y su Hijo, era su Dios. Es la Virgen María la mujer santa que asume su vocación y dignidad de elegida por Dios. Madre siempre unida a su hijo Jesucristo en la tierra y consumada esa unión es llevada al cielo en cuerpo y alma. María por su fe será siempre modelo para la Iglesia y, particularmente, para la mujer, que desempeña un papel único en la sociedad. Necesitamos de la entrega y generosidad de la mujer para que con su maternidad sea el mejor ejemplo de un amor incondicionalmente sacrificado. Se requiere del trabajo de la mujer, dentro y fuera de su casa, para que sus propias cualidades sean enriquecimiento y complementariedad para una familia y para una sociedad unida y distinta y en la que cada cual aporte el valor de su propia, identidad. Es imprescindible la presencia de la mujer en la vida social, política y cultural, para que con su peculiar genio femenino ayude a un mejor entendimiento en la construcción diaria de una sociedad con irresistibles deseos de bienestar, de paz. Precisamos de la sensibilidad de la mujer para saber descubrir las necesidades y acciones de ayuda á los más desfavorecidos, a los excluidos, a los indigentes y necesitados. Reconocemos agradecidos la vocación religiosa de la mujer en la vida claustral cpntemplativa, en la enseñanza, entre los enfermos y ancianos, en las misiones, en los barrios y suburbios más olvidados, en toda la vida y ministerio de la Iglesia. Necesitamos de. la presencia de la mujer por ella misma, sin que para tener un puesto en la sociedad tenga que renunciar a nada de su propia personalidad femenina. En la Vú- gen María tendrá siempre la mujer la figura ejemplar y el modelo a seguir, sabiendo muy bien que el ser mujer no supone privilegio algxmo, como tampoco lo es ser hombre, sino unas obligaciones muy grandes. Si la Virgen María recibió tantas bendiciones de Dios, no lo fue por ser mujer, sino por haber sabido corresponder fielmente y con toda generosidad a la gracia y bondad que de Dios recibía. Bendita Señora, la Virgen María. La Mujer que Uena de esperanza el camino de cuantos creen y confían. Se acusa a la Iglesia de hablar mucho de eUá misma y poco de Dios, El horizonte quedó limitado y la fe expuesta y reducida a una mera acción humanitaria y social. María santísima nos habla de Dios y en un lenguaje profundo y transparente. La hondura viene de la propia fe que hace asentimiento en la misma revelación divina. Lo diáfano es riqueza y patrimonio de lo senciUo, de lo humilde. CARLOS AMIGO VALLEJO ALARMA píi PISO NEGOCIO CHALET Ultima Tecnología SIN CABLES Vía Radío SIM OBRAS PTAS. DIA I 366 366 Arzobispo de Sevilla