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76 LUNES 14- 8- 2000 ABC gente de verano Los clásicos de ABC Señor San José, sargento mayor o he oído muchas veces que España es un país de fiebre en la tienda del señor obispo. Ella había armado sorpresas. Y es verdad. Porque el ser español le el Belén con unas figuritas exactamene iguales a las puede a uno deparar situaciones tan sorpresivas españolas, sólo que el Santo Niño tenía la cara aceitunacomo la de haher nacido en la concha rosada, aún da y los ojos oblicuo! como un rotito del puerto. La caliente, del seno volcánico que la engendró, de Virgen tenía trenzas negras, y San José, barbilampiño, Valparaíso, junto al Pacífico, el Ande al fondo con su gastaba poncho de huaso y llevaba espuelas. La nieve nieve y su fuego. Valparaíso con sus siete cerros. Valpaera de ácido bórico y los Reyes Magos cabalgaban en raíso con su aire andaluz, entre de Almería y de Málaguanacos andinas. Niña Doralisa sabía muchas canga, también con sus viñedos y sus uvas y su dulce ciones para el Nacimiento. Por ejemplo, una variante malvasía. Y, eso sí, con sus rancias famüias vascas y criolla de un romance castellano muy conocido: montañesas, familias patricias, én las que por menos de- Señora Santa Ana, nada se tiene un bisabuelo virrey y se tiene un pariente ¿por qué Uora el Niño que es cacique en el Araúco y tiene un sonoro apellido- Por una manzana de las Cuatro Villas de la Costa de Castilla. que se le ha perdido. -Si se la ha perdido Chile está en el fondo de mis recuerdos casi como un yo te daré dos, paisaje submarino, entrevisto, medio en la memoria, Publicado el 23 de medio en el relato, difuso y ptilverizado por una bruma, una para el Niño diciembre de 1950 en la que se mueven precisiones netas: la del obispo en y otra para vos. una noche de terremoto acoY otras muchas canciones giéndonos en su tienda de villanas y sagradas, que hacampaña con bendiciones y bían dejado por los ancones té caliente; la de mi padrino, de la costa, por sus calas proque era presidente de los fundas, abisales, los fuertes bomberos voluntarios (la soldados de Pedro de Valdibomba española) en que fivia, hijos del valor y de la guraban, para los casos caternura, Inocentes y arroUatastróficos, tan corrientes, dores y que hicieron suspilos mejores mozos del patrirar desde su rinconcito a las ciado porteño. Se llamaba abuelas de Niña Doralisa Enrique Campuzano, era de cuando pasaban arrogantes Torrelavega y tenía unos en sus potros andaluces catroncos de caballos que llamino del austro indómito maban la atención entre Modonde esperaba Caupolicán liendo (que por entonces hacon su maza y su rebeldía. Y bía fimdado ya mi tío Fercon su valor que también hanando Cueto en la costa de cía suspirar a las abuelas de Perú) hasta Valdivia, a la Niña Doralisa que se han que ya llamaban, también pasado siglos suspirando por entonces, los rotos por alféreces de Jerez de los Faldifia remedando el Caballeros o por caciques de acento de los alemanes, que Talcahuano. poblaban la gran ciudad del Pero de todo el NacimienSur. Los caballos de don Ento porteño, destruido por un rique eran una especie de orterremoto, aquel San José gullo de la costa. (La costa con traza de terreteniente era entonces, aislada del chiUanejo me impresionó comundo, ima especie de isla mo nada. Nunca más veré de Norte a Sur, larga, de miuna representación más pallares de millas, y estrecha, triarcal, más humana, más de poco más de dos. A Chüe cercana al habitat circunse le nota todavía en mudante que la del joven pachas cosas buenas su naturatriarca, padre legal de Jesús. leza insulcir y a ella debe En otra facha, de simple cael ser la más robusta personalidad de América y la más definida) minante tras un borriquillo, Niña Doralisa y sus hermanos indios También está precisado en mi recuerdo un Belén en pleno verano, no hubieran comprendido jamás que el Niño Rey hubiera podido ser con un calor tan grande, que terminó en aquel horrible seísmo que preservado del odio de un cacique poderoso como Herodes. Ni hubiedestruyó completamente la ciudad y hasta desfigm- ó su paisaje cir- ran comprendido el patrocinio del Santo Patriarca sobre el género cundante. Un aire de humo y cenizas ocultaba un sol bermejo y humano y sobre la Iglesia. dramático, inclemente, bárbaro, que parecía que iba a abrasarnos y AqueUa Navidad fue tremenda. El mar, el gran mar del Sur, se que nos quemaba los bronquios. Se acuerda uno de cosas increíbles. estrellaba contra la cornisa de la costa, derrumbada a pique varios Por ejemplo, de una figurita de barro de San José, a la que Niña mües de brazas y ofreciendo a las olas un frontón gigantesco, parecía Doralisa mi zagala india, le cantaba un vülancico que recuerdo, yo que iba a tragarse los montes. Finalmente, cuando habían ya pasado que no recuerdo de memoria casi nada. Era un vülancico virreinal, los Reyes Magos en sus guanacos, con sus rebozos de vicuña y sus de cuando el capitán general se llamaba el sargento mayor. Decía así, cestos de dones, Valparaíso casi desapareció. El incendió provocado estoy seguro: por la rotura de las cañerías de gas consumió la nieve de ácido bórico de mües de Nacimientos con una Üama violeta. Niña Doralisa que Señor San José, me había enseñado los primeros villancicos, me hizo oír la primera Sargento Mayor, nana, sin separarse de nosotros, con los pies hinchados, enternecida abate bandera ante mi madre aspeada. La nana era muy ingenua. No decía nada. -que pasa el Señor. Nada más que lo que se le está diciendo a los niños desde hace mües El Señor pasó, de años: que no quieren dormir. nadie lo sintió, Pero lo impresionante era aquella idea de San José, Sargento Masola la batndera, yor de los celestes Ejércitos, vestido de cabaUero crioUo a pie, tocado sola se abatió. con el galero de anchas alas y dispuesto a proteger de aquella guisa Niña Doralisa era insignificante y dulce, silenciosa y apasiona- al Niño Dios. Y a Niña Doralisa con su nombre tan cursi y su alma da. La noche del terremoto ella fue a la casa, que habíamos abandona- tan inocente, también. do, y expuso su vida para llevarle un chai a mi madre, que tiritaba de Y Víctor de la Serna -í 2