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ABC LUNES 14- 8- 2000 CULTURA 41 Moscú reconstruye la catedral que Stalín voló para hacer una piscina El Cristo Salvador renace en medio de la polémica La catedral de Cristo Salvador, volada por orden de Stalin y sustituida por la famosa piscina de Moscú, ha renacido de sus cenizas para volver a ocupar su lugar como uno de los centros de la ortodoxia rusa. Sin embargo, hoy como ayer, la catedral sigue siendo objeto de apasionadas polémicas entre detractores y defensores, con un fondo de acusaciones de corrupción. MOSCÚ. Diego Merry del Val Corresponsal omo colofón a vta proceso de reconstrucción que se ha prolongado durante diez años, la nueva catedral de Cristo Salvador será consagrada solemnemente el próximo sábado, después de que a lo largo de esta semana desempeñe su primer papel importante como sede del sínodo de la iglesia ortodoxa rusa que debe tomar la decisión sobre la eventual canonización del ultimo zar, Nicolás II, asesinado por los bolcheviques en 1918. Desde el mismísimo día de su nacimiento, la catedral fue objeto de polémica. En el terreno que ocupa junto al río Moscova existía anteriormente el convento de San Alexei, funda- do en 1625, que fue volado para la construcción del nuevo templo. A las monjas de San Alexei no les gustó nada lo que hicieron con su convento y lanzaron una maldición sobre el lugar. Corría el año 1812 y se trataba, según el decreto del Zar Alejandro I, de dar las gracias a Dios por haber salvado a Rusia de los ejércitos de Napoleón. La Catedral de Cristo Salvador, realizada según el proyecto del arquitecto Kostantin Ton, tardó casi cuarenta años en ser construida y el restütado fue: im edificio sincrético en qué se expresan multitud de estUos e influencias, desde los tradicionales rusos a los occidentales, con la catedral de San Isaac (en San Petersburgo) como uno de sus modelos de inspiración. La catedral se convirtió en un importante centro de la vida religiosa rusa y, como otros edificios modernos, se fue fusionando paulatinamente con la imagen de la ciudad, hasta que llegó la era de los soviets. En 1931, Stalin acababa de consolidar su poder casi absoluto y decidió acabar con el templo (uno más de los cientos destruidos sólo en Moscú) para construir otro en honor de la nueva religión materialista de la que él se había convertido en sumo sacerdote. El faraónico proyecto del Palacio de los Soviets estaba destinado a la construcción del mayor ediñcio del mundo, rematado por ima estatua de Lenin de casi cien metros de altura. Sin embargo, las complicaciones financieras y posteriormente el estallido de la Segunda Guerra Mundial dieron al traste con el plan. En su lugar, ya acabada la guerra, se construyó la famosa piscina de Moscú, un lugar exclusivo para las C élites de la patria de la igualdad en el que se podía disfrutar de la natación en pleno invierno. Los bañistas entraban por un edificio que cubría vma parte de la piscina de agua caliente y salían nadando al aire libre, con temperaturas de hasta cuarenta grados bajo cero, para contemplar el espectáculo de los copos de nieve que caían entre las nubes de vapor despedidas por la piscina. Ya en los años noventa, las autoridades religiosas y civiles de Rusia se plantearon la reconstrucción de la catedral volada por el poder soviético. La principal fuerza motriz en el proyecto de reconstrucción ha sido el polémico, carismático y testarudo alcalde de Moscú, Yuri Luzhkov, que ha luchado contra viento y niarea para vencer obstáculos y conseguir financiación, según sus críticos con medios no muy lícitos, como la presión a La nueva catedral, sobre estas líneas. Abajo, tras la voladura stalinista los empresarios moscovitas. Se supone que la catedral es un símbolo del renacimiento de Rusia y la recuperación de sus raíces tras su ruptura con el pasado totalitario. Los críticos la ven más bien como una representación de la dura etapa de transición que vive actualmente el país, con los lujos y boatos de la minoría afortunada en contraste con la pobreza general y el proizvol (arbitrariedad) de las autoridades. Con el tiempo tal vez se convierta simplemente en imo más de los templos y monumentos con los que se asocia la imagen de Moscú. Para muchos es una chapuza a catedral de Cristo Salvador provocó controversia ya en la época de su construcción, en el siglo pasado, con su mezcla de estUos e influencias. Los puristas subrayaban que no se correspondía con las tradiciones ni los cánones de los templos ortodoxos rusos. Pero además, los reconstructores del templo tampoco han respetado el modelo original, con el propósito de abaratar costes, lo cual ha dado lugar a nuevas críticas. Así, la decisión de emiflear homi- L gón armado en lugar del ladrillo original ha Uevado a algunos a calificar la obra de chapuza Lo mismo ocurre con los relieves de la fachada, a cargo del famoso y polémico escultor Zmrap Tsereteli. El mármol ordinal ha sido sustituido por materiales sintéticos y por bronce, a pesar de que los metales son algo ajeno a las construcciones de la iglesia ortodoxa. Tsereteli posee un taller de escultura en bronce, desde el cual ha invmdado Moscú.