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ABC SÁBADO 12- 8- 2000 65 vt- gente de verano í s 5 Cuenca 1- 400 l A- 7 N- 320 Cuaderno de estío CASA GUALDA (ALBACETE) Al conejo, cazador cojo y perro viejo Los niños repiten el dicho que les enseñó su padre. Joaquín no es cojo ni Tina una perra vieja, pero ambos se compenetran como si estuvieran hechos el imo para el otro, incluso cuando van, como esta mañana de agosto, a cazar conejos. Tina es ima poiriter de pura raza y tiene tantos hermanos que no los puede ni contar. Aunque no conoce á ninguno. Cuando un perro sale campeón sus dueños convierten al semental en una mina. Tina cumplirá cuatro años en octubre y su especialidad es la plimia, pero Joaquín le ha enseñado a seguir el rastro del conejo. No quiere que se aficione demasiado para que no pierda su don para la pluma, porque para la perdiz ha de levantar el hocico, y cuando se trata de roedores el rastro corre a ras de tierra. A Joaquín le gusta sobre todo cazar solo, con su perro y en invierno. No es un depredador. De hecho dice que caza para su perro, para verle contento. Y hay que ver a Tina esta mañana en que unas nubes piadosas han velado la ferocidad del sol, que en La Mancha no se anda con medias tintas. Cuando va al conejo camina relajado, con la escopeta de dos cañones del doce fabricada por Ugartechea terciada y con el seguro puesto. Como a los cazadores de la estirpe de Miguel Delibés, lo que a Joaquín le tira es salir ál campo, seguir el rastro durante horas, disparar de vez en cuando, pero no ponérselo fácü, no cobrar piezas a toda costa, como esos fusileros de ñn de seriíana que van como pinceles, en comandita y con escopetas caras dispuestos a abatir todo lo que se mueva. Tina mueve el rabo como un resorte y va delante por el monte bajo, entre chaparros, romeros y atochas. Los chaparros serán matacanes con el tiempo, y cuando se hagan adultos y sólo cuando sepan repartir sombra fresca y generosa se llamarán encinas. No ha llovido casi nada este verano y la tierra está reseca. Se planta la perra junto a un chaparro, el rabo tieso, el hocico quieto y una pata- levantada. Ha dejado de jadear. Apunta Joaquín. Sale el conejo por donde creía que había escape, pero el cazador ha estado al quite y hace blanco. Corre Tina a cobrarla y se la lleva ufana, y con la boca blanda, para no dañar la carne, hasta su dueño, que la celebra y acaricia. Tina y- Joaquín comparten vm lenguaje ela- SÍ: Tina entrega lá pieza cobrada a, Joaquín, el cazador Historia de Tina horado como un esperanto íntimo. Cuando el conejo está muy cerca, le: vanta una pata. Si lejos, planta las cuatro extremidades en tierra. Pero ese es el idioma de Tina, otros perros no son tan. elocuentes, y cazadores avezados ya le han dicho a su dueño que nimca tendrá otro perro de caza como este. Cuenta Joaquín que hay cazadores que le ponen a su perro un cascabel para saber por dónde se llegan, y cuando el cascabel deja de cantar saben que la caza está en bandeja. Pero a él no le gusta castigarle el oído al monte y a la perra. Cuenta también que muchos perros se envician con el campo y se pierden para desespero del cazador que se pasa la jornada buscando a su escudero. No es el caso de Tina, que está siempre al alcance del ojo, siempre al tanto de lo que su dueño busca y quiere. Ha aprendido, porque así se lo ha enseñado Joaquín con paciencia de manchego, que sola no caza, y que solos no son nada. Los ingleses entrenaron a los poínter a señalar y a los labradores a cobrar. Tina lo hace todo, señala, cobra y además no se lanza como loca tras la pieza. Huele a romero, las sombras se acortan porque el sol ha comenzado a subirse al cielo y la perra se ha quedado quieta como una estatua de sal. Sale el conejo y el cazador tira a tenazón No ha habido suerte. El roedor corre que se las pela, no en vano le va la vida en eUo. Sale Tina escopeteada y aullando, como si le hubieran dado a ella, pero se queja porque su amo ha fallado por tercera vez. Enseguida vuelve, tras una carrerita breve. Sabe que no alcanzcu á al conejo, porque en la fuga, como al correcaminos, no hay quien le dé alcance. No sé cómo me aguanta, porque hay días que me hace im montón de muestras y no cazo nada Joaquín tuvo un braco que servía para todo, y tenía irnos vientos finísimos, de hasta 25 metros Pero no tenía la mandíbula blanda, como Tina. Le entregaba la pieza a duras per ñas y medio destrozada. Aunque peor era un labrador mezclado, que no sólo se llevaba la pieza lejos, sino que hacía un agujero bajo una encina y allí la enterraba. Como Tina, perra lista y cariñosa, no hay ninguna. Alfonso ARMADA n Tina y Joaquín comparten un lenguaje elaborado como un esperanto íntimo. Pero ese es el idioma de Tina, otros perros no son tan, eloQueotes