Volver

Resultados de la búsqueda

Resultados para
ABC SÁBADO 12- 8- 2000 TRIBUNA 37 ÉRITO grande el del escritor cubano, Emilio Martínez Paula, al sintetizar, en ciento cincuenta páginas, la historia de la conquista de México por los españoles. Sigue al pie de la letra los historiadores de India, en especial a Bemal Díaz del CastUlo al ser éste parte y testigo de esa conquista, pero está al tanto de lo escrito por otros cronistas y de los historiadores mexicanos hasta el presente. Se ha quedado Martínez Paula con las esencias y la médula de tan singular historia y, al mismo tiempo, ha novelado la realidad con cierto encanto. Quizá uno de los méritos mayores esté en la imparcialidad al concretar y juzgar los hechos. Si por una parte es hijo- resultado de otra conquista y colonización (Cuba) es, también, hombre de la cultura hispánica resultante en uno de los pueblos del Nuevo Mimdo, trampolín que fue para implantar esa cultura. De la misma forma que, recién salida del Neolítico, poco antes, lo fue Canarias para la de Cuba y resto de las Antillas. Es un libro singular: ameno por la franqueza en la exposición; abierto y libre porque, a la hora de interpretar la historia, manda su criterio en justicia; libro de síntesis porque al estudiar los hechos se queda con la esencia; triste por el dolor al hálito de poesía. Antes de aparecer el libro fue publicada esta historia en artículos en el periódico La Información de Houston, en Tejas, quiere esto decir en una parte que fue de la Nueva España en su expansión hacia lo que hoy son los estados del suroeste de la nación estadounidense. Aztecas como conquistadores triunfantes ante otros pueblos de la zona; forma de vida de ese pueblo; religión que determina su hacer y vida; ritos inculcados y defendidos por el pueblo; sacrificios hiunanos para pedir o aplacar a sus dioses; magia como forma importante en la dirección de ese pueblo; leyenda viva en la espera de llegada de dioses blancos y barbudos que vendrán a devolver a su trono al dios Serpiente Emplumada. Sin esta leyenda sería imposible entender la conquista de un pueblo grande en toda su pujanza y en todo su poderío. Esta circunstancia representa la mitad de la fuerza que hace posible esa conquista. La otra mitad está en el hombre clave que la logra: Hernán Cortés. En este hombre, esencia y conclusión de su tiempo, se aunan talento, astucia, crueldad, decisión y coraje. Es el hombre capaz de entender, a cabalidad, el momento histórico que se le presenta y lo aprove- cha y define. Sumen a todo esto su formación universitaria que le ayudaría, enormemente, en lo que a tacto y a diplomacia se refieren. Martínez Paula en su contar va desgranando los pueblo azteca en sus templos y edificios; sus creencias y forma de vivir (me acuerdo de Alfonso Reyes al reseñar ese vivir mmca igualado) las castas que conducían el imperio; los pueblos sometidos por los aztecas, entre ellos el bravo Tlaxcala, al que nunca pudieron someter del todo; los odios a los sometedores de esos pueblos; el encuentro de Moctezuma con Cortés; el engaño de su apresamiento; la reacción del pueblo azteca ante el engaño; la lucha a muerte de dos pueblos bravos que pelean: uno, defendiendo su forma de ser y de vivir; otro, Vemos pasar ante nuestra vista la grandeza como pueblo guerrero al fin, para domincir. Recuerden que los españoles en 1522 sólo hacía treinta del pueblo azteca en sus templos y edificios; años que habían terminado la Reconquista, ocho veces centenaria, contra los árabes. sus creencias y forma de vivir Emilio Martínez Paula, en el arrastre de hechos y en el recuento del acontecer de esos dos pueblos que se encuentran, nos hace ver, se ve, se aprecia- -mejor que aprecia, se palpa- -la confusión de Moctezimia ante lo nuevo pero esperado, sobre todo en lo referente a la leyenda del hombre blanco esperado. Belleza de la tierra en novedad: volcanes, montañas, valles, Tenochtitlán (México) en el centro del lago; las tres calzadas para su salida; Tlatelolco, plaza del imperio, y Teocali, templo de los sacrificios; palacios de Moctezuma; las riquezas de oro. Arrastre de voces, del náhuatl, lengua de los aztecas y cuando vencen los españoles, el mestizaje, pueblo nuevo con las dos sangres, raza cósmica como la definió un mexicano cabal, José Vasconcelos. Más que a Cuauhtémoc, sobrino de Moctezuma, que se alza con el imperio al no entender las razohechos y las fuerzas que juegan en el choque: Moc- nes religiosas de Moctezuma ante el sometimiento tezuma, hombre de talento y justo pensar sometido, a los españoles teules Martínez Paula defiende por su religión y mitos, a la espera hecha realidad y elogia al bravo e inteligente capitán de Tlaxcala, de esos dioses blancos que vendrán a reinar en su Xicoténcal. A Cuauhtémoc lo ve como vencido, vapueblo. En el otro. Cortés, que suma y suma los liente, sí, pero al mismo tiempo ambicioso en sus errores del imperio azteca que sojuzga, de forma fines. Ve a Cortés como el creador dé la nacionaliextremada, a los pueblos que tiene sometidos. Los dad mexicana piensa que la conquista y la colonicaballos y las armas de fuego de los españoles, la zación (mexicana) emanan características étnicas Malinche de talentos; no era azteca y en sí la traduc- y culturales que hoy forman la patria del eminente tora fiel de Cortés y persona clave de la conquista; Benito Juárez y que la conquista ha sido el aconCortés, capitán de la expedición que hace, y cuenta tecimiento más trascendental de la historia de por ese hacer, confielescapitanes si se exceptúa a México Piensa el autor- -y esa es la tesis clave de Olid, en Las Hibueras (Honduras) disciplina fé- su libro- -que El México grande está en su misma rrea en su gente; astucia y decisión al recoger, ga- gente, si se desmonta la trampa afectiva que le han nar y sumar los soldados enviados por el goberna- tendido los sectores antimexicímos, antihispanos y dor de Cuba, Diego de Velázquez, y vencer, con antilatinoamericanos Y nada más si no es felicitar al historiador- periotalento y bríos, al confiado Panfilo Narváez, jefe de la expedición mandada por Velázquez para casti- dista- académico autor del libro por su frontal valentía al exponer lo que cree y siente de un pueblo gar al insubordinado Cortés. Vemos pasar ante nuestra vista la grandeza del noble que va, seguro, camino de su propio destino. DE LA ACADEMIA NORTEAMERICANA DE LA LENGUA ESPAÑOLA ODÓN BETANZOS La historia de México contada por M. Paula BRAZÁNDOSE convulsivamente al caballo, que un brutal cochero azotaba en las calles de Turín, Nietzsche suscribe la ruptura definitiva con la razón. Colapsada su mente ante la estupidez furiosa del auriga, elfilósofoalemán se sume para siempre en la noche de las oscuridades absolutas, hasta la parálisis cerebral completa, que se le produjo aquel agosto de 1900. Al parecer, la caída de un caballo había agravado en el joven, orgxüloso artillero (1867- 1868) las terribles cefaleas cuyas crisis venía sufriendo Nietzsche desde 1865, tal vez por culpa de ima infección sifilítica. No guardaría rencor contra el noble bruto y el implacable profeta del superhombre quiso evitarle los azotes al hermoso animal interponiendo su misma endeble figura entre el látigo y las sudorosas ancas. Cien años después, la obra de Nietztsche se ha convertido en im referente imprescindible de la cultura europea, la que tanto malestar produce, adelantándose al propio Freud, al joven helenista. España, que siquiera en relación con el Zaratustra alemán no fue el tópico país de frutos tardíos, conoce igualmente estos últimos decenios un interés creciente por los escritos nietzscheahos y los de sus intérpretes más notables. Sin duda, las publicaciones en tomo al hombre que presume de ser A MANUEL PECELLÍN LANCHARRO ESCRITOR El último agosto de Nietzsche dinamita yfilosofarcon im martillo, van multiplicándose ante el centenario de su fallecimiento. Por fortima, hoy se le puede leer en hermosas y justas versiones castellanas, como las de Andrés Sánchez Pascual, corregida al fin la manipulación que Elisabeth Nietzsche, editora sin escrúpulos, castigase los textos del genial hermano. Espléndida, deslumbrante, cruzada de tropos (la metáfora explica más que las definiciones, según él) la prosa poética del antiguo wagneriano- no se olviden los versos que también compusoencierra multitud de atisbos geniales y, sin duda, incitantes ambivalencias, cuando no provocativas contradicciones. La cochina lógica (Unamuno) puede valer para los subditos de Apolo, pero nunca a los del exuberante Dionisos. Que de Nietzsche vayan a reclamarse los más paradójicos discípulos, si cabe emplear tal término para un maitre penseur desde ácratas libertarios hasta nazis impasibles, puede deberse a tres razones básicas: el gasto confeso por el oxímoron, que aquél nunca ocultó; las dificultades para entender unívocamente m lenguaje como el suyo, siempre esquivo a la lectura literal, denotativa, canónica, y el espíritu lúdico de un escritor empeñado en jugar con las palabras burlándose de todo lo establecido. La vieja zorra engañadora que era para él la gramática (El crepúsculo de los ídolos) escasa ayuda puede disponer a los amantes de la univocidad. Es el riesgo de quienes optan, según él lo hizo, por la razón poética con desprecio del discurso platónico. Lo había intuido bien el maestro y protector que proporcionase la cátedra de Basilea a Nietzsche, cuando éste publica (1872) su juvenil tratado sobre El nacimiento de la tragedia desde el espíritu de la música. Una borrachera con ocurrencias la calificó. En los calores estivales, tal vez no resulté consideración inoportuna recorrer alegremente páginas como las de El gay saber, aun a riesgo de posibles intoxicaciones etílicas. Si entraña incomodidad, vale la pena.