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ABC SABADO 12- 8- 2000 OPINIÓN U BREVERÍA de lóíé wrtÁtrada afewa Javier Balza Vergonzante impunidad La imagen se repite cada día: grupos de proetarras, a plena luz, detienen por la fuerza xm autobús en una calle cualquiera de Bilbao o San Sebastián y obligan violentamente al conductor y a los viajeros a descender del vehículo. Luego, con total impunidad, proceden a prenderle fuego. Sólo desde el martes, han ardido quince autobuses y nimierosos cajeros automáticos, causando pérdidas millonarias. El consejero de Interior del Gobierno vasco, Javier Balza, se limita a constatar que ETA está más fuerte que nimca y exhibe, casi groseramente, su manifiesta incapacidad para garantizar la seguridad en el País Vasco. Siete mil quinientos ertzainas no pueden contra un grupo de jóvenes energúmenos que se pasean a sus anchas provistos de gasolina para practicar su deporte favorito: rociar autobuses de líquido inflamable, incendiar cajeros y destrozar mobiliario urbano, sin necesidad de ampararse ya en el silencio de la noche. Balza constata que ETA y su mundo están fuertes, acaso porque su ineficaz gestión está otorgando al terrorismo dosis de vigor añadido. La violencia del entorno etarra, es perfectamente predecible: estalla con puntualidad a la hora prevista y en el lugar previsto, pero la Policía autónoma suele, por regla general, llegar tarde, mal o nunca, de manera que, salvo contadas excepciones, los proetarras logran, casi siempre, su objetivo. La más absoluta impunidad ha encontrado acomodo en las calles del País Vasco, sin que Balza parezca dispuesto a constatar otra cosa que no sea que ETA dispone de ima infraestructura completa Tan absolutamente ineficaz para combatir a la banda terrorista y su entorno se muestra el consejero del Interior del Gobierno vasco que su continuidad en el cargo sólo puede beneficiar, objetivamente, a quienes, a plena luz del día, se dedican a incendiar autobuses. Cuando habla Balza, la desinoralización se adueña aún más de la población vasca. Cada vez que abre la boca para constatar la fortaleza de ETA, le presta alas á los violentos. J gre judía, Hladüí, escritor de sanes aprehendido por la Gestapo y, tras im interrogatorio suAROMIR mario, condenado a serflisilado. Fuera de algunas amistades y de muchas costumbres, el problemático ejercicio de la literatura constituía su vida nos refiere Borges, en una frase que, desde niño, pensé que iba secretamente dirigida a mí. Hladík impetra a Dios que le permita concluir el drama que está escribiendo: Para llevar a término ese drama, que puede justificarme y justificarte, requiero un año más. Otórgame esos días. Tú de Quien son los siglos y el tiempo A la mañana siguiente, Hladík es conducido ante el piquete. Entonces el universo fisico se detiene; la omnipotencia divina ha concedido a Hladík ese año solicitado. Sin otro sostén que la memoria, Hladík va agregando mentalmente los hexámetros que componen su drama; cuando el último epíteto es dirimido, suena la descarga que le borra la vida. El milagro secreto se titula el cuento de prosa cincelada y exacta que tan torpemente acabó de resumir. Me he acordado (le Jaromir Hladík después de leer las reacciones sarcásticas, burlonas o meramente ofensivas que han suscitado las declaraciones de Rouco, en las que animaba a los católicos a que emprendiesen ima campaña de oración solicitando a Dios la abdicación del plomo y de la sangre. Enseguida han surgido folicularios de medio pelo que se descojonaban de Rouco y le ordenaban con chulería o matonismo que se dedicara a sus pejigueras diocesanas y dejase los asimtos serios a personas tramos irrisorio el coloquio con Dios, en el que el hombre emplea todas sus potencias intelectuales (la inmaginación y la memoria, la inteligencia y la voluntad) a las que suma el fervoroso deseo, ¿no deberíamos también carcajeamos de cualquier otra reacción pacífica? Dirá un incrédulo que la oración es inútil, porque no hay un destina Pitorrearse tan obscenamente de tarioque la escuche. Entonces lo mejor sería no ofrecer ningún tipo de la fuerza de la oración me parece resistencia a la barbarie, porque, si existe algún destinatario sordo, es el una injuria contra la palabra terrorista que empuña la pistola, a quien nuestras quejas e imprecaciones se la sudan. ¿Por qué ese regodeo serias como ellos, que solucionan el en negar y pisotear la posibilidad del mimdo cada mañana, ensartando ru- misterio? Un rezo no va a imponer tinarias condenas en sus artículos o nuestros anhelos a la realidad, perepitiendo las mismas banalidades ro puede que, al conjuro de esas pacada vez que les arriman im micrófo- labras, nuestra pobre naturaleza no a los belfos. Ciertamente, no pode- humana, desvalida y apabullada, asmos esperar que la oración detenga cienda sobre el barro de sus debiliel itinerario de las balas y suspenda dades y halle una luz no usada que el universo físico durante el tiempo, le infunda fortaleza y convicciones. necesario para acabar con el drama Esas palabras que pujan por encondel terrorismo; los milagros, secre- trar im interlocutor sobrenatural no tos o escandalosos, ya sólo acaecen son ridiculas, ni estériles, ni pazguaen los cuentos de Borges. Pero pito- tas; son la expresión de hombres que rrearse tan obscenamente de la fuer- se resisten a desfallecer y claman jusza de la oración me parece una in- ticia y enarbolan la voz, como im injuria contra la palabra, que curiosa- cienso votivo, para contrarrestar el mente es el mismo reciu- so que em- olor de la pólvora. ¿Qué hay de chisplean- tan devaluadamente, pobre- toso en esta hermosa decisión? Cocitos- -esos plumillas que han arre- menzaba recordando a Borges y conmetido contra Rouco. ¿Qué consuelo cluyo citando a Lucas, que a mí no le queda a la víctima inerme, sino la se me caen los anillos revelando mis palabra que conforta y ayuda a exor- lecturas: ¿Y Dios no hará justicia a cizar el temor? ¿Acaso son más efica- sus elegidos, que claman a Él día y ces las manifestaciones de protesta noche, aim cuando los haga esperar? o las expresiones archisabidas de Os digo que hará justicia prontamencondena? Si nos burlamos de la pala- te. Pero, cuando venga el Hijo del bra musitada en soledad, si encon- hombre, ¿encontrará fe en la tierra? JUAN MANUEL PE PRAPA La fuerza de la oración