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El Gobernador del Banco de Japón, Maseru Hayami, tras la rueda de prensa en la que anunció la subida de un cuarto de punto del precio del dinero, decisión que ha sentado mal en el Gobierno nipón El Banco de Japón no obedeció presionado cuanto ha al su banco central, hace dos para E ldeGobiernounjaponés haindependientededesdetipospodidoaños, consejo que aplazara mes la modificación los de interés. Aplazar significa no subir unos tipos situados prácticcimente en cero desde hace año y medio. Tras una sesión de sol a sol, más de nueve horas, el consejo del Banco de Japón (BOJ) decidió no obedecer y subió el precio del dinero un cuarto de punto, hasta el 0,25 por ciento. El Banco se justifica porque ve fortaleza suficiente en la economía del país para soportar un precio para el dinero que debe conducir a im mejor desempeño de la economía. El Gobierno, por su parte, prefería seguir bombeando ánimos por la vía del dinero fácü, que se ha demostrado insuficiente para reanimar la potente economía japonesa. Desde la óptica occidental, europea y norteamericana, son tipos de interés irrelevantes aunque para los deudores japoneses, la subida es apreciable, ya que duplica la que había. Las autoridades monetarias japonesas han practicado una política de dinero barato desde hace diez años, cuando la fortaleza de la economía japonesa se vino abajo y empezó el estancamiento e incluso la recesión. El milagro japonés basado en el ahorro interno y las exportaciones sin cuento, saltó hecho añicos por factores que van desde la sobrevaloración de los activos locales a la ineficiencia del sistema financiero, pasando por la rigidez del mercado interno. La economía japonesa, más del 10 por ciento del PIB del mundo para una población que no Uega al dos por ciento, presenta características peculiares que la distinguen y la aislan del resto de las economías de la OCDE. Los consumidores japoneses, genuinos y peculiares, no responden a cuantas sugestiones les ha hecho el Gobierno para que consuman y aumenten la demanda. Prefieren ahorrar y temer al futuro, consimilr japonés, desconfiar de lo que viene de fuera y resignarse a añorar el pasado y aceptar el presente con fatalismo sintoísta. Fernando GONZÁLEZ URBANEJA Economía página 43 i u m